
Seguro que conocéis la sensación de fuego en la boca que se produce al tomar un alimento demasiado picante. Yo debo reconocer que me gusta el picante, hasta cierto punto. Sobre todo al comer en restaurantes exóticos, que parece que los europeos seamos los más cobardes al condimentar nuestros manjares.
Imaginaos por un segundo que sois animales salvajes, herbívoros, y por mala suerte en el menú de vuestro desayuno entra un pimiento picante. Lo más probable que en toda vuestra vida no olvidéis lo sucedido, y nunca más intentéis devorar una planta como aquella. Pues precisamente por eso la siempre sabia madre naturaleza (alias selección natural) desarrolló la capsaicina, la molécula del picante.
Su nombre completo es 8-metil-N-vanillil-6-nonenamida, y más abajo podéis ver su estructura química. Es muy irritante para los mamíferos, ya que estimula los receptores del dolor y del calor (por eso la característica sensación de ardor). De esta forma, las plantas del género Capsicum evitan que los herbívoros se alimenten con sus frutos, que según la zona llamamos ajíes, chiles, guindillas, morrones o pimientos.

Aunque lo neguemos, la comida entra por los ojos. Antes cogeremos un tomate que sea rojo y brillante (aunque menos sabroso) que un tomate picado o de color menos lustroso (aunque sea más sabroso). Esto lo saben muy bien los gerentes de supermercado y los expertos en marketing.
Acerca de la Coca Cola hay muchos mitos. El más difundido es, sin duda, el secretismo que envuelve su composición química exacta. Incluso se dice que sólo dos personas conocen esa fórmula secreta y que las dos no pueden volar en un mismo avión, por si el avión se estrellara y el secreto muriera con ellos.
Esta anécdota es verídica. Tengo un amigo que con apenas 16 años le formuló una peliaguda pregunta a una profesora de ciencias. En clase habían estudiado ya numerosas leyes que parecían regir el universo, los cuerpos físicos, incluso los átomos. Su pregunta fue: Si todo obedece a leyes fijas e inamovibles e, incluso, éstas se pueden predecir, ¿entonces el ser humano no tiene voluntad propia y simplemente cumple un programa fijo?
A raíz de mi anterior artículo,
La mayoría de los alimentos picantes que tomamos los humanos lo son por la presencia de capsaicina, una sustancia característica del género Capsicum (pimientos, chiles, ajíes). Esta sustancia estimula los receptores térmicos de la piel (solamente de los mamíferos), sobre todo en las mucosas. Un alimento resulta más o menos picante según tenga más o menos capsaicina, y para ello se utiliza la escala de Scoville, cuyas unidades son las SHU (Scoville heat units). Pero, ¿cómo se determina cuántas SHU tiene un alimento? Hay dos métodos, principalmente.
A través, primero de la televisión y luego de la revista The New England Journal of Medicine, hemos conocido la historia de Oscar, un gato que vive en un hospital geriátrico de Nueva York que parece capaz de detectar la inminente muerte de los pacientes que viven en el centro. Oscar ya ha sido capaz de predecir la muerte de 25 pacientes de la planta donde se encuentran los que sufren diversas enfermedades en fase terminal.
Un grupo de ingenieros electrónicos han diseñado un dispositivo de microplasma que es capaz de analizar sustancias químicas. La idea del sistema es que sea portatil y cómodo de llevar. Sería como una especie de laboratorio ambulante que podría detectar posibles agentes víricos, ataques terroristas, escenarios de un crimen, etc…
Un profesor experto en química ha desarrollado un nuevo filtro ideal para poder filtrar el arsénico que se encuentra presente en las aguas subterráneas. El filtro ha convencido a los expertos de tal modo, que ha servido a su autor, Abul Hussam, ser recompensado con el galardón Grainger 2007 al Reto por la Sostenibilidad ofrecido por la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos y dotado con nada menos que un millón de dólares.