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En un rancho del estado de Oregón, en Estados Unidos, un tal Bhagwan Shree Rajneesh, maestro espiritual hindú, fundó una comuna en la se vivía con arreglo a sus propias leyes. Bhagwan Shree Rajnees (que más tarde se haría llamar Osho, para facilitar las cosas) era una suerte de gurú que en la década de 1980 alcanzó bastante popularidad en Estados Unidos, incluso entre las clases más pudientes.
Tanto es así que acumuló una pequeña fortuna que le permitió dar rienda suelta a sus disparates. Sus enseñanzas promulgaran la pobreza material como forma de elevación espiritual, pero él se hacía fotografiar con toda clase de riquezas y conducía coches Rolls Royce (llegó a tener 94 y tenía planeado llegar a los 365, uno para cada día del año). Según él, esta ostentación no era para beneficio propio sino para lanzar provocaciones al materialismo de la sociedad americana. Algo así como organizar un genocidio para reivindicar que se suprima la pena de muerte.
Lo sorprendente es que sus seguidores se lo creían. Como también se tragaban todas sus extravagantes enseñanzas sobre el sexo abierto y sin complejos, que convirtieron la comuna en una especie de Sodoma y Gomorra a ojos de las localidades vecinas, que cada vez se mostraban más recelosas de la secta.
Lo que había comenzado siendo una humilde comuna de agricultura orgánica, pues, pasó a convertirse en algo mucho más serio. En tres años de existencia, la comuna ya era de pleno derecho una ciudad, aunque inicialmente el terreno era calificado de rural. Y es que esta pseudociudad tenía 7.000 habitantes, disponía de su propia policía (la Fuerza de Paz de Rajneeshpuram) y cuerpo de bomberos, restaurantes, centros comerciales, transporte público, depuradora de agua, embalse y hasta su propio aeropuerto, que contaba con una pista de aterrizaje de un kilómetro.
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