¿A qué huelen las nubes?, que decían en un psicotrópico y ñoño, casi dadaísta, anuncio de compresas de la tele. Me hubiese gustado ser capaz de salir volando como Peter Pan para comprobarlo. Sin embargo, tampoco es imprescindible volar para caminar sobre las nubes. Existe un lugar en la superficie de la tierra en la que podréis pisar nubes. Bueno, estoy mintiendo. No son exactamente nubes sino un esponjoso algodón que se parece mucho a una nube. Un terreno conformado de lo que parece espuma petrificada.
Se llama Pamukkale, también conocido como el castillo de algodón, y está ubicado en la provincia de Denizli, Turquía, en un valle formado por el río Menderes. Aunque parece un paisaje celestial, en realidad se trata de una fabulosa formación calcárea de 200 metros de altura y 2,5 kilómetros de longitud. La materia prima de esta suerte de porexpán natural está flotando en el agua que mana de las fuentes termales del lugar, rica en creta, calcios y bicarbonatos (de cada 250 litros, se sedimentan 500 gramos de mineral de creta que van incrementando el tamaño, día a día, de este escenario que parece haber sido teletransportado desde el Polo Norte).


El lugar maldito por antonomasia es el Infierno. Aunque hay muchos tipos de infierno. Por ejemplo, si he de quemarme en uno, prefiero un infierno precristiano, como el hinduista, que no es eterno. En el infierno hinduista cada día equivale a 6.400 años humanos. Es mucho, sí. Y más lo es si te mandan al infierno por haber dado muerte a un sacerdote: entonces la condena asciende a 149.504 millones de años. Pero aún así es preferible esa larga temporada a la eternidad. 
Existe un infierno en Indonesia (uno de tantos que puebla el mundo, matizará alguno). Está a 2.400 metros de altitud, en la cumbre del volcán Ijen, en la isla de Java. Se trata de una de las últimas minas de azufre a cielo abierto que sobreviven en el planeeta. Así que imaginaos el paisaje: la tierra es de color amarillo y una nube tóxica está permanentemente suspendida en el ambiente; si hay mucha humedad, entonces parece que cae una fina lluvia ácida.
En Kerala, la India, hace poco se dio una de las lluvias rojas más intensas y controvertidas de las que se tiene constancia. Entre los meses de julio y septiembre de 2001 fue cuando acaeció el fenómeno y todavía los científicos no han conseguido averiguar cuál ha sido el origen. Durante esos dos meses, del cielo se precipito de forma intermitente una lluvia roja y espesa, como la sangre.
-Bastan 85 gramos de vitamina A para tenernos en marcha durante toda la vida (y 28 gramos de vitamina B). Necesitando tan pocas vitaminas de esta clase, resulta curioso que no podamos producirlas nosotros mismos, siendo como somos tan dependientes de ellas. Por ejemplo, la patata es capaz de producir vitamina C, ¿por qué no nosotros?
Antes dependíamos mucho de la caca de pájaro. Sí, soy perfectamente consciente de que una afirmación así ahora nos produzca una mueca, sobre todo cuando recordamos la última vez que dejamos el coche en la calle y amaneció cubierto de excrementos. Pero es verdad. El mundo pareció colapsarse cuando ya no quedaban cacas que recolectar en las islas donde apenas llueve. Y entonces un par de personas consiguieron que ya no dependiéramos de ellas. Y el mundo siguió adelante, como siempre lo ha hecho.
Sí, amigos, seguimos nuestra tradición de hablar de comidas repugnantes iniciada con la
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