Actualmente, en una de esas ironías de la historia, hay otra pirámide china cuya existencia solo era una especulación y que súbitamente ha surgido de las nieblas de la conjetura. Una pirámide contemporánea y con aire futurista. La pirámide fantasma está situada en Corea del Norte y apenas tiene unos años de existencia. En realidad de pirámide solo tiene la forma y el dinero invertido en ella, pues se trata de un hotel.
El hotel Ryugyong tiene 330 metros de altura y se levanta sobre el paisaje urbano de Pyongyang como una de esas pirámides futuristas que aparecen en la película Blade Runner. Un edificio suntuoso que desentona con la pobreza y la hambruna de un país aislado del resto del mundo a causa del celo excesivo de sus dirigentes.
Las obras de esta estructura megalítica se iniciaron en 1987 bajo la batuta del dictador Kim Il-sung, padre de reciente dictador Kim Jong-il. Después de 5 años, las obras se detuvieron por razones poco claras: quizá sospechaban que había un fallo en el diseño de la estructura que tarde o temprano la derrumbaría, quizá se quedó sin financiación al perder, tras su desintegración, el gran aliado que era la URSS.

La primera vez que un occidental vislumbró una pirámide china fue a finales de la Segunda Guerra Mundial. James Gaussman, piloto de la US Air Force, estaba cumpliendo una misión de abastecimiento de víveres y provisiones para las fuerzas del ejército chino. Su avión tuvo un problema mecánico y se vio obligado a regresar a su base en Assam, en el norte de la India.
Oriente es un lugar poco conocido en general, y no solo porque en occidente solemos creer que lo más grande, lo más original y lo más bello está exclusivamente en nuestro lado del mundo, sino porque a nivel arqueológico aún es una zona poco explorada. Por esa razón, las pirámides chinas podrían ser más fabulosas que la Gran Pirámide de Giza.
Reversible Destiny lofts es un barrio de apartamentos de Tokio que parece haber sido diseñado por un arquitecto que ha tomado demasiado ácido lisérgico: Shusaku Arakawa y su socia Madeleine Gins.
Nada más entrar en Sedlec, nos toparemos con dos cálices y una cruz hechos de huesos, para empezar a acostumbrarnos a la decoración ósea del lugar. También existen escaparates donde se exponen los cráneos de los guerreros caídos durante las batallas husitas, todos con huellas visibles de sus heridas de guerra. En cada rincón, se alzan pirámides de calaveras decoradas con coronas de gloria hechas de huesos que esperan el momento de la Resurrección.
La osamenta del cuerpo humano está compuesta por 208 piezas. 26 huesos en la columna vertebral, 8 huesos en el cráneo, 14 huesos en la cara, 8 huesos en el oído, 1 hueso en la laringe, 25 huesos en el tórax, 64 huesos en las extremidades superiores y 62 huesos en las extremidades inferiores. El fémur es el más grande (50 centímetros de longitud) y el estribo, el más diminuto (1,8 milímetros). Todo este rompecabezas compone nuestro esqueleto (palabra que deriva de skeletos, desecado, ya que los griegos creían que los huesos humanos eran materia muerta), pero también son los ornamentos que se usaron en Sedlec.
Para contemplar un templo maldito como los que suele frecuentar Indiana Jones o para situarse delante de un clavicordio confeccionado con huesos humanos como el que aparece en Los Goonies no es imprescindible acudir a una sala de cine. Existe otra alternativa. Podéis tomar un vuelo hacia Praga con una de tantas líneas aéreas que realizan vuelos directos desde diferentes puntos de la península. Una vez en la capital checa, coged un tren a Kutná Hora, a 70 kilómetros de distancia. 
Menos macabra que la