Me río porque te ríes, bostezo porque bostezas y otros fenómenos de las neuronas espejo
Me declaro enemigo público número uno de las risas enlatadas de las comedias de televisión. Para que comprobéis mi grado de manía, reconozco que nunca disfruté como es debido de El príncipe de Bel-Air (Fresh Prince) porque en una secuencia de risas enlatadas que se repetía sin cesar, una de las personas que se reía hacía un ruido final insoportable (una especie de quejido ocluido).
Cada vez que llegaba esa secuencia de risas, me fijaba en el sonido insoportable, mi mandíbula se tensaba, mis nudillos se ponían blancos… y mi atención sobre Will Smith o Caracartón se desvanecía. Sí, soy lo peor, lo sé.
La cuestión es que las risas enlatadas funcionan, y por eso se han usado durante tanto tiempo (aunque van de capa caída, afortunadamente: ahí tenemos un éxito como Modern Family).
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