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[Libros que nos inspiran] ‘Inteligencia social’ de Daniel Goleman

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En 1983, Howard Gardner, en su Teoría de las inteligencias múltiples Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences introdujo la idea de incluir tanto la inteligencia interpersonal (la capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas) y la inteligencia intrapersonal (la capacidad para comprenderse uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios).

Para Gardner, sin embargo, los indicadores de inteligencia, como el CI, no explican plenamente la capacidad cognitiva.

Pero no fue hasta la publicación del célebre libro de Daniel Goleman: Inteligencia Emocional: ¿Por qué puede importar más que el concepto de cociente intelectual? (1995), que esta idea se popularizó. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.

Así que podríamos considerar el libro que nos ocupa, Inteligencia social, como una segunda parte de Inteligencia emocional, centrada exclusivamente en la gestión de las relaciones con los demás. Por ello, Inteligencia social nos ha inspirado para escribir artículos como Las innumerables formas que tenemos de reírnos, Todos somos telépatas a partir de los 4 años de edad o Cómo tu lugar en la familia condiciona tu Cociente Intelectual.

La soledad es la muerte, digan lo que digan los anacoretas o los misántropos. En el fondo, somos más la gente que hemos conocido y cómo dejamos que ésta nos influya que nosotros mismos. Incluso una relación conflictiva con otra persona puede llegar a debilitar nuestro sistema inmunológico. Pues ningún hombre es una isla, somos animales sociales, aunque en el horizonte se vislumbre el hobbesiano el hombre es un lobo para el hombre.

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El fin de la Religión

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iglesiaLos ciudadanos de nueve países abandonarán por completo las creencias religiosas en unos años.

Ésta es la principal conclusión de un modelo matemático desarrollado por físicos de la Universidad de Arizona y la Corporación Científica para el Avance de la Ciencia (EE.UU.), que relaciona el número de personas creyentes y las motivaciones sociales para mantener la fe.

Según la polémica investigación, en las sociedades modernas seculares (en las que, para los individuos, es más útil no creer que hacerlo) la religión terminará por extinguirse. Para llegar a esta conclusión, los científicos han tomado los datos de países con censos que se remontan hasta un siglo y en los que se consulta la filiación religiosa.

Son Australia, Austria, Canadá, República Checa, Finlandia, Irlanda (llama la atención al ser de gran tradición católica), Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza.

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Tomemos un break

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bombilla

Una nueva “Hora del Planeta“ se avecina y nada menos que con su quinta edición.

WWF (World Wide Fund for Nature) impulsa, nuevamente, esta iniciativa en estrecha coordinación con autoridades, empresas y medios de comunicación para que hogares, negocios y ciudades enteras apaguen las luces y artefactos eléctricos, demostrando el compromiso de todos con el cuidado de nuestro planeta y contra el calentamiento global.

Pero, ¿qué pasa cuando acaba la “Hora del Planeta”? ¿no se gastará más?

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Sólo entendemos a los grupos de 150 personas (I)

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A pesar de que ahora vivimos en grandes ciudades y casi todos estamos comunicados por inmensas redes sociales, esta condición es bastante reciente en nuestra historia evolutiva. Todos nosotros descendemos de individuos que convivían en grupos especialmente reducidos de personas.

Hoy en día se mantiene de una manera más o menos unánime la teoría de que el cerebro humano aumentó su volumen espectacularmente para enfrentarse a entornos sociales densos. Un individuo que perteneciera a un grupo de 5 personas, por ejemplo, se enfrenta a 10 relaciones diferentes: las que tiene con los otros 4 miembros del grupo, más las 6 relaciones que tienen lugar entre todos los pares posibles.

Conocer en profundidad a todos los miembros de un grupo implica comprender las dinámicas personales, el adaptar la propia personalidad a las de los otros, hacer que todos se sientan felices, organizarse para dedicar tiempo a los demás y la atención que nos piden, etcétera.

Pero ahora imaginemos a una persona introducida en un grupo de 20 personas. Entonces se debe enfrentar a 190 relaciones entre pares: 10 entre él y los otros miembros, y 171 con las restantes parejas posibles. Es decir, aunque el tamaño del grupo se ha quintuplicado, la cantidad de información necesaria para conocer en profundidad a los miembros del grupo se ha multiplicado por 20.

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Dimensiones de Hofstade: cómo el país donde naces determina cómo eres (I)

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geert_hofstede.jpgLa extrema susceptibilidad de lo políticamente correcto podría catalogar la siguiente afirmación de racista: la gente es como es según el país donde ha nacido.

Pero esto no es racismo. El racismo es discriminar o minusvalorar una etnia respecto a otra. De lo que vamos a hablar aquí no es de etnias sino de pueblos, de países y de culturas. Tampoco vamos a enfocar el tema de una manera discriminatoria: sólo vamos a definir rasgos. Por ejemplo, que un negro es más oscuro de piel por término medio que un blanco no es una afirmación racista sino una distinción de raza.

Habiendo realizado estas puntualizaciones, voy a explicaros por qué no es lo mismo relacionarse con un suizo que con un mexicano o un español. Y cómo las diferencias culturales de cada país determinan hasta niveles muy profundos cómo las personas afrontan los problemas del mundo.

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Somos como somos dependiendo de donde estamos (I)

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Existe un mito muy arraigado en el acervo popular: que somos así o asá y eso nos define, que somos buenos o malos, que somos amables o ariscos, que somos altruistas o egoístas. O eres una cosa o eres la otra. Y, además, lo eres para casi siempre.

Diversos experimentos psicológicos empiezan a demostrar que esto no es así. Que los múltiples rasgos de nuestra personalidad se manifiestan de manera caprichosa y hasta contradictoria. Y que generalmente lo que más influye en estos cambios repentinos en nosotros mismos no es otra cosa que nuestro entorno.

Hasta el punto de que alguien puede ser una cosa o justo lo contrario de un día para el otro.

Parece que esta afirmación vaya en contra de nuestras intuiciones más profundas. Y también frases como: “Juan es muy amable y honrado conmigo, pero es muy retorcido con sus compañeros de trabajo”. Porque, al pensar en una personalidad, tendemos a imaginarla en términos absolutos. Pero la conducta humana funciona de otra forma muy distinta a cómo la intuimos.

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