Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
Hay lugares que parecen reconfigurados por las fuerzas tectónicas del dinero, el poder y la influencia política, que son fuerzas más poderosas que las que levantan las cordilleras o abren los cañones. O crean esos extraños oasis para ricos llamados «campos de golf de 18 hoyos», que son capaces de consumir diariamente tantos lirtros de agua como una población de 9.000 habitantes.
El dinero, muchas veces, resulta más determinante para la orografía de un país o una ciudad que las características geográficas del propio país o ciudad. Es el caso de pueblo alemán de Herzogenaurach. Es un pueblo situado al sur de Alemania, en Baviera, de apenas 24.000 habitantes.
En él todo parece estar clonado, como si una suerte de muro de Berlín pasara por en medio. Sin embargo, aquí el muro no separa dos realidades diametralmente opuestas sino perfectamente iguales, como si medio pueblo estuviera reflejado en un gran espejo: esos espejos de pared que situamos en las habitaciones de escasos metros cuadrados para crear el efecto óptico de que son más grandes.
Cada lado de Herzogenaurach tiene sus propias pastelerías, carnicerías y hasta escuelas. Cada lado, también, se tiene odio mutuo, al estilo de dos pueblos vecinos enfrentados, pero todo en un mismo pueblo. En un lado del río está la sede de la marca Adidas y en el otro, a apenas 500 metros de distancia, la sede de la marca Puma. Porque todo esto va de Adidas y Puma, las dos compañías que iniciaron el nacimiento de la industria moderna de ropa deportiva.
Leer más