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El 13 de septiembre de este año, un profesor de literatura en un instituto de Tárrega (Urgell) estaba analizando la trayectoria de un cometa cuando, de pronto, el cuerpo se esfumó del visor. Después de investigar las imágenes en el ordenador, descubrió una señal distinta.
Al principio le pareció una estrella que se movía, pero enseguida advirtió de que se trataba de un asteroide, un cuerpo rocoso que gira alrededor del Sol en una órbita diferente a la de la Tierra.
La sorpresa le llegó cuando se descubrió que el asteroide era peligroso, de más de un kilómetro de largo, y que era el objeto que pasaba más cerca de la Tierra desde 1937: 645.000 kilómetros de distancia (la Luna está a 300.000).
Pudiera parece que no hay peligro si hablamos de tanta distancia, pero a nivel astronómico es una distancia pequeña. “Estaba tan cerca que el JPL de la NASA llegó a considerar que había caído sobre el océano Pacífico”, dice Bosch al referirse a su hallazgo.
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