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Hay una ley que nos permitiría saber cuánto tiempo tardaríamos en teletransportarnos a Marte. Fue establecida por el ingeniero y matemático Claude Shannon y por Ralph Hartley, y en consecuencia se llamó la Ley de Shannon-Hartley.
Lo que afirma en realidad esta ley es que, dado un esquema inicial de codificación, la tasa absolutamente máxima a la que se puede transmitir información mediante un mensaje está limitada por la intensidad de la señal en relación con el ruido de fondo.
Si pudiéramos teletransportarnos con un artefacto como el que aparece en Star Trek, en teoría debería escanearse la información de todo nuestro cuerpo y ser enviada a otro punto del universo. Esta información viajaría a través del espacio vacío a la velocidad de la luz, que es la velocidad a la que viajan las ondas de radio. Sin embargo, la información que transmitamos se verá limitada por el ruido de fondo, tal y como postula la Ley de Shannon-Hartley.
Imaginemos que queremos irnos de vacaciones a Marte. Nos dirigimos al Centro de Teletransportación que quizá existirá en el año 2195, y analizarán minuciosamente la estructura molecular de nuestro cuerpo, incluyendo hasta la estructura exacta del ADN de cada una de las células, así como la composición de nuestro cuerpo en el momento mismo de su deconstrucción. Toda esta información será enviada al Centro de Teletransportación de Marte para que nos reconstruyan, para lo cual usarán proteínas y otros elementos constructivos básicos.
Para saber cuánta información es necesaria para describir nuestro cuerpo hasta el último detalle (ninguno de nosotros quiere que, al llegar a Marte, nos hayan eliminado las orejas o algo mucho peor), Graham Tattersall propone lo siguiente:
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