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Aunque parezca un oxímoron, al estilo de “Inteligencia militar”, el spam puede llegar a ser inteligente y benévolo. En un mundo donde se está discutiendo acaloradamente si debemos preservar el copyright a fin de proteger a los artistas o eliminarlo por revelarse como un sistema de compensación económica obsoleto, vale la pena plantearse que el spam inteligente podría constituir una alternativa interesante.
Muchas películas y series ya se financian con la colocación y presencia de productos comerciales que en nada alteran el argumento (sólo es atrezzo) pero que tienen un impacto publicitario en el consumidor. Es lo que se llama “product placement”. Por eso vemos a determinado personaje beber Coca Cola o teclear en un MacBook.
Este método, cada vez más socorrido en un mundo en el que fácilmente podemos pasar por alto los cortes publicitarios (haciendo zapping, visionando los contenidos online, empleando dispositivos como TiVo, podría desencadenar una carrera armamentística de marketing entre publicistas llenando de logos corporativos el traje de Batman y expertos en programas de edición borrándolos para mantener inmaculada su esencia.
La solución, pues, pasa por construir publicidad que no sea percibida como publicidad sino como información altamente relevante para nosotros. Tan relevante que podría inducirnos a volcarnos en ella en exclusiva, con tanto interés como le profesamos a un capítulo de Urgencias.
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