
Hoy en día es fácil encontrar por doquier aquellos materiales capaces de emitir luz visible tras ser expuestos a la luz solar. Por ejemplo en pegatinas, señales de emergencia, etc. Sin embargo, hasta ahora los científicos habían tenido poco éxito en la creación de materiales que emitan luz en el rango del infrarrojo cercano, una porción del espectro radioeléctrico que sólo puede ser visto con la ayuda de dispositivos de visión nocturna.
Un grupo de científicos crea el primer material capaz de emitir luz infrarroja
Paralaje, o gol fantasma

Si sois aficionados al fútbol seguro que habréis visto la típica jugada en que un defensa despeja in extremis un balón que entraba a la portería. Acto seguido, como suele pasar en este mundillo, explota la polémica: unos creen que la sacó a tiempo, otros que se debería señalar gol.
Y las repeticiones de televisión no ayudan, nadie se pone de acuerdo. Los hinchas del equipo defensor se apoyan en la imagen tomada por una cámara situada tras la portería, donde parece bastante claro que la pelota estaba fuera en el momento de ser despejada. Mientras que los seguidores del equipo atacante hacen notan exactamente lo contrario en la imagen de una cámara situada en la grada lateral del estadio, por delante de la portería.
Esto, que los locutores acostumbran a denominar «gol fantasma» se debe a un fenómeno conocido como paralaje. Y aunque se suela decir que es un efecto óptico, en realidad tiene más que ver con la forma en que funciona el cerebro humano que con la óptica.
¿Cómo funciona el cine 3d? (I)

Vivimos en un mundo en constante evolución, donde la tecnología evoluciona a pasos agigantados. Es el caso del cine y de las populares películas en 3D. Un ingenio, no tan reciente como veremos en este artículo, que está forzosamente destinado a dominar el mercado en los próximos años.
Sin embargo, ¿cómo funciona esta tecnología?, ¿por qué hay televisiones donde no necesitamos utilizar gafas?, ¿qué las diferencia de las primitivas gafas de color rojo y azul? En esta entrada ahondaremos en estas cuestiones.
El efecto centro de escenario: si sales en mitad de la foto eres más importante
Un curioso estudio llevado a cabo por los psicólogos Priya Raghubir y Ana Valenzuela, y publicado en Organisational Behaviour and Human Decision Processes, sugiere que el estar en el centro de un escenario causa mejor impresión a los demás que estar en un lado. Y eso también ocurre, pues, en las fotografías.
Para llegar a cabo el estudio, se analizaron varias entregas del programa de televisión The Weakest Link (El rival más débil). En este programa, los concursantes se sitúan formando un semicírculo y, en cada ronda, eliminan a uno de sus compañeros.
El botiquín de nuestra casa (XI): las lentillas de contacto
A pesar de que las lentillas de contacto nos pueda parecer un invento muy reciente, lo cierto es que la primera persona que propuso un sistema de lentillas de contacto fue Leonardo da Vinci en su obra Código ocular, escrita en el siglo XVI.
Allí describe un método óptico para corregir la visión defectuosa situando el ojo junto a un tubo corto y lleno de agua, cerrado en un extremo por una lente plana. El agua entraba en contacto con el globo ocular y refractaba los rayos luminosos tal y como lo hace una lente curva.
El problema es que el ojo es demasiado sensible para entrar en contacto con una sustancia extraña. Aunque se pulieran extremadamente, las lentes de contacto de cristal seguían siendo demasiado ásperas.
Alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe (y II)
Después de que suceda todo lo que describí en la anterior entrega de esta serie de artículos sobre cómo percibimos los colores, en cuestión de milisegundos, la información visual, ahora codificada en función de los colores, se extiende a diferentes partes del cerebro.
La manera en que nuestro cerebro responda a esta información depende de la entrada de otros tipos de información y de las memorias que levante.
Sigue Edward O. Wilson:
Alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe (I)
Por mucho que filósofos y pensadores de todas las épocas de la historia hayan elucubrado sobre cuánto hay de verdad en lo que vemos y cuánto hay de construcción mental, lo cierto es que empezamos a desentrañar esas cuestiones cuando la ciencia empírica aplicó su microscopio escudriñador.
Basta de filosofías, el color no existe en la naturaleza. O, al menos, no existe en la naturaleza tal y como pensamos que existe. La luz visible está constituida por una longitud de onda que varía continuamente, sin ningún color intrínseco en ella.
La visión del color es impuesta sobre esta longitud de onda por los conos, las células fotosensibles de la retina, y las neuronas que los conectan al cerebro.
Si os apetece, podéis iniciar este viaje a través de un audio, el capítulo 6 de la novela podcast Las gafas de Platón, que yo mismo intento leer, y que contiene un fragmento dedicado a este descubrimiento:
Lo que vemos cuando no vemos
Según los neurólogos, la visión humana es el ejemplo perfecto para explicar la modularidad de nuestro cerebro: es decir, que cada parte de nuestro cerebro tiene funciones exclusivas.
Gracias a la tomografía de emisión de positrones, que permite desentrañar los secretos del cerebro en tiempo real, mostrando los cambios de metabolismo que acompañan a la actividad del cerebro, se sabe que en el acto de ver están implicados diversos centros o módulos cerebrales, cada uno de ellos encargado de un aspecto.
Así pues, mirar algo no es copiarlo tal cual en el cerebro, si no que los distintos mensajes visuales se distribuyen en diferentes áreas cerebrales para su elaboración. De esta manera, se conocen las siguientes áreas del cerebro implicadas en la visión:
V1, que es el área primaria, de la cual parte la información que se distribuye a las áreas:
V2, facilitador general del flujo de información visual.
Los ojos son una ventana

En nuestro día a día, solemos hacer suposiciones sobre nuestra propia naturaleza, y una de ellas es la extendida idea de que vemos con los ojos.
Aunque pueda parecer algo totalmente lógico, este concepto no es cierto. Está claro que sin los ojos, el proceso de la visión sería imposible de realizar, pero si realmente logramos reconocer lo que vemos (lo percibimos), es gracias al procesado que se realiza de esta información. Y esto se hace en el cerebro.
Si observamos la fisiología del globo ocular, veremos que simplemente es un conjunto de células fotorreceptoras (entre otras partes, por supuesto), que en función de la cantidad de luz recibida, enviará unos impulsos eléctricos u otros.
