No os asustéis, el título no es tan endogámico como parece: los comentaristas agresivos no son exclusividad de Genciencia sino de cualquier otro blog con un tráfico considerable de visitantes (Según el ranking de blogs de Alianzo (actualizado semanalmente con datos de Technorati, Alexa, Google, Yahoo, Menéame y Bloglines) Genciencia está en el puesto 51 del mundo, el 36 de España… y el 4 en la categoría Ciencia. Esto sólo significa que Genciencia tiene mucho tráfico, nada más: hay blogs de mayor calidad que no tienen tanto tráfico. O dicho de otra manera: ser un bestseller no significa tener un bestbook).
Basta que visitéis los videos más vistos de Youtube: la mitad de los comentarios serán injurias, calumnias o directamente palabras soeces, una detrás de otra. Meteos en un Chat y no tardaréis en recibir alguna palabra gruesa o alguna clase de trato vejatorio.
Pero ¿realmente hay tantas personas maleducadas, faltonas, agresivas y odiosas en el mundo? La respuesta es que sí: porque todos podemos ser así según el contexto. Y el contexto digital es un caldo de cultivo perfecto para ello.

A menudo pensamos que las fuerzas del orden se exceden en sus funciones y abusan de su autoridad. Idea que se refuerza cada vez que sale a la luz algún caso de violencia gratuita por parte de un agente de la ley hacia un civil: la paliza recibida por Rodney King por parte de la Policía de los Ángeles, por ejemplo.
Lo hemos visto en infinidad de ocasiones: una pareja se pelea en broma, ella le lanza un pequeño puñetazo en el hombro, él se lo devuelve más fuerte, ella espeta “oye, te has pasado” y le devuelve el golpe, y él, enojado, exclama “la que te has pasado eres tú”. Escalada de violencia, morros y unos minutos sin dirigirse la palabra.
El miedo y la agresividad son rasgos que se manifiestan en último lugar durante el desarrollo posterior del sistema límbico en la base del cerebro. Así que la manera más probable de que la evolución produzca un animal afable o manso es detener prematuramente el desarrollo del cerebro, que tiene como consecuencia un cerebro más pequeño y, sobre todo, un “área 13” más pequeña.
La frase “dime con quién andas y te diré quién eres” adquiere un significado más profundo a la luz de diversas investigaciones sobre el contagio social. Ya no es que una persona se suela rodear de gente parecida a ella, sino que la gente que le rodea puede moldear más de lo que creemos cómo será finalmente esa persona.
La opinión de Dubner y Levitt es que el terrorismo no es violencia gratuita sino más bien un activismo político radical, una pasión cívica con esteroides. Es decir, que el tipo de persona con más probabilidades de convertirse en terrorista es parecido al tipo de persona con más probabilidades de ejercer su voto en las urnas.
La intuición nos dice que si vemos mucha violencia en los medios de comunicación, al final quedaremos insensibilizados ante la violencia o, peor, acabaremos imitándola en el mundo real.
Os explicaba que, a tenor de las simples estadísticas, la exposición a la televisión provocaba que los niños, al ser adultos, presentaran tasas más altas de delincuencia, independientemente del tipo de programas que consumieran.
¿La televisión nos vuelve más violentos? ¿La televisión crea asesinos, violadores, psicópatas y demás ralea? ¿Debe existir una franja horaria protegida para los menores? La mayoría de la gente está convencida de que así es; por ello películas como Saw VI fue clasificada como cine X y condenadas al ostracismo. En otra película de terror, Scream, uno de los personajes se pronuncia a este respecto: “las películas de terror no crean asesinos, sólo hacen que sean más creativos.”
Ha quedado cristalizado en el acervo popular que los seres humanos son mezquinos, egoístas y crueles y que los animales, por el contrario, son algo así como discípulos de Gandhi.