Tengo un amigo que es el epítome de la distracción. Es tan distraído que me ha dejado plantado en más de una ocasión. Cuando vamos por la calle, yo le oriento siempre a él, y se limita a seguirme, depositando siempre toda la responsabilidad en mí (hemos probado de hacerlo al revés, pero no funciona). Y es que mi amigo sería capaz de extraviarse en su propio barrio. De hecho, juraría que una vez lo hizo. Cuando le hablo y noto una mirada su mirada penetrante (tan penetrante que parece que mira a través de mi cara), entonces sé que no se está enterando de nada de lo que le digo.
Con todo, este amigo estará contento al conocer los resultados de un estudio publicado por Journal of Neuroscience que relaciona la distracción con el tamaña de la materia gris del cerebro, concretamente del lóbulo parietal superior.
Sí, los distraídos tienen más neuronas en el lóbulo parietal superior del hemisferio izquierdo de un sujeto, en vez de tener menos.

Laurent Itti, de la Escuela de Ingeniería Viterbi, y Pierre Baldi, del Instituto de Genómica y Bioinformática, ambos en el sur de California, han creado una teoría matemática de la sorpresa y la atención humanas. Su unidad de medida, el Oh (wow, en inglés). Así pues, algo que es muy sorprendente, tiene un alto contenido oh o de wow.