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[Libros que nos inspiran] 'La invención del color' de Philip Ball: la historia del arte contada desde la ciencia

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El arte puede verse revolucionado por los avances tecnológicos hasta puntos insospechados, desde el análisis de obras literarias (mediante software) hasta el escrutinio de obras pictóricas o escultóricas, como ya os explicaba en el artículo Se usa tecnología médica para estudiar obras de arte.

La historia del arte también puede contarse desde la perspectiva de la ciencia, concretamente de la química y, por tanto, de cómo el descubrimiento de nuevos colores influyó en el arte. Y eso es la ambiciosa empresa que ha abordado Philip Ball (célebre escritor de temas científicos que colabora regularmente en Nature) en La invención del color. Y, por tanto, nos ha inspirado para escribir artículos como El mortal color verde.

Resulta innegable, a tenor de las continuas zambullidas que realiza Ball en la historia del arte, que la invención y la disponibilidad de nuevos pigmentos químicos fueron en realidad los verdaderos influyentes y coadyuvantes de la evolución de arte, por encima de políticas o modas. Tendemos a pensar que el arte se ha pergeñado como se ha pergeñado en base a las habilidades creativas de los artistas, pero no que el artista, en el fondo, ve limitado por las herramientas de las que dispone. Se habla más de aspectos estilísticos o formales y se descuida el aspecto quizá más importante: el oficio.

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Chand Baori: el templo de los mil escalones

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Versiones reales de los cuadros concebidos por M. C. Escher, el artista holandés conocido por sus grabados, xilografías y litografías que tratan sobre figuras imposibles, teselaciones y mundos imaginarios que desafían los modos habituales de representación. Seguro que todos recordáis aquel cuadro suyo lleno de escaleras infinitas que se conectan unas con otras. Una versión cinematográfica de este efecto fractal lo podéis ver en la secuencia final de la película Dentro del Laberinto, cuando Jennifer Connelly se enfrenta a David Bowie, el Príncipe de los Duendes.

El lugar existe, se puede ver y tocar, y según la leyenda se dice que fue construido en solo una noche. También se dice que tiene tantos pasos para resulte imposible que alguien recupere una moneda caída en el fondo.

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¿Eureka? No existe 'el inventor' sino los inventores

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domenicofettiarchimedes1620.jpgA veces me sorprende el encono con el que la gente debate quién fue el inventor de tal o cual cachivache. Por ejemplo, ¿los primeros en volar fueron los hermanos Wright o Santos Dumont? ¿El inventor del teléfono fue Bell o Meucci?

Desde mi punto de vista, son debates un tanto improductivos. Y además parten de una premisa falaz: que las cosas las inventa una única persona, como si hubiese sido tocada por una inspiración divina, cuando la historia nos demuestra que es al contrario: los inventos individuales no existen, y generalmente se están a punto de descubrir en otros puntos del mundo justo cuando se descubren en algún lugar.

Porque los inventos no son más que ideas materializadas. Y las ideas vuelan de cabeza en cabeza como virus. Y las ideas no tienen dueño: las ideas son reformulaciones de otras ideas que tomamos prestadas. Al igual que el sentido de los derechos de autor cada vez tiene menos validez en un mundo en el que copiar información es muy barato (y en el que para abrir canales de creatividad es necesario que se pueda copiar fácilmente), los inventores y sus inventos sólo son engranajes de una larga cadena de causas y efectos. Pero claro, la gente siempre tiende a buscar héroes individuales, la gente quiere un Eureka, un Edison, una Madonna a quien rendir pleitesía.

Para reflexionar entre todos sobre estos procelosos temas sobre originalidad e invención, desplacémonos a un lugar donde el arte adquiere otra dimensión: Dafen, el pueblo donde se falsifican el 70 % de todas las pinturas del mundo. Sentémonos en una cafetería, rodeados de réplicas de Van Gogh, Rubens y Rothko, y empecemos.

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Si piensas demasiado… el arte no tiene sentido

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Las ejecuciones artísticas más sublimes suelen realizarse con el piloto automático puesto, en modo zombi, sin darle demasiado al coco, dejándose llevar por el instinto y la trepidación. De igual manera, si uno le da demasiado al coco sobre el arte, sobre lo que es más o menos bello, mejor o peor, exacto o inexacto, entonces todo puede perder su sentido. Hasta el punto de que acabemos prefiriendo una foto de unos graciosos gatitos a un cuadro de Van Gogh (como os demostraré más adelante en un curioso experimento).

En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura o pintura, ¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa? La respuesta es que sí, aunque eso no les gusta a nada a los expertos en arte porque, entonces, todo vale, y si todo vale, ¿qué enseñamos como cierto o incierto? ¿El arte es sólo gimnasia mental para entrenar el sentido estético?

Muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra son el resultado del contagio arbitrario: una persona lee una reseña de un libro o una cuadro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, se reducen a dos o tres críticas originarias. ¿Y el hecho de que haya libros que se vendan mucho más que otros? La llamada recursividad consiste en la retroalimentación de un fenómeno mediante un número creciente de bucles; sucesos son la causa de más sucesos iguales pero de mayor entidad. Compramos un libro, básicamente, porque otros lo compran, originándose lo que en marketing se denomina “bola de nieve”.

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Los artistas reinterpretan los 50 años de la carrera espacial

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Una exposición recoge cuadros, ropa y hasta una pieza musical con la que decenas de artistas han rendido tributo a la exploración espacial en su 50 aniversario

NASA Art:50 Years of Exploration, que estará abierta hasta el 9 de octubre en el Museo Nacional del Aire y del Espacio de Washington, recoge trabajos de artistas tan diferentes como la fotógrafa Annie Leibovitz, el ilustrado Norman Rockwell, el artista pop Andy Warhol, o el diseñador de moda Stephen Sprouse.

En los más de 70 trabajos expuestos, el visitante puede hacer un recorrido por las misiones más relevantes del programa espacial.

Vía | EFE

La mayor diferencia entre ciencia y arte

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arte.jpgEn ciencia, a los investigadores del pasado se reverencian por sus contribuciones, pero raramente se usan como argumentos de autoridad: la ciencia progresa desmontando los supuestos de los científicos.

En el arte funciona más bien al contrario: no sólo se da a menudo la falacia de autoridad sino lo que lo llamo falacia de antigüedad: cuanto más polvo tenga el autor, más importancia se le concederá a lo que dijo o hizo.

Pero la mayor diferencia que existe entre arte y ciencia la estableció el filósofo Sydney Hook: “La Madonna de Rafael sin Rafael, las sonatas y sinfonías de Beethoven sin Beethoven, resultan inconcebibles. En la ciencia, por otra parte, la mayoría de los hallazgos de un científico podría haberlos hallado perfectamente otro científico de su mismo campo.”

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¿Por qué existe el arte? (y IV)

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Para finalizar, y volviendo a la analogía gastronómica, debemos asumir que un estudio más profundo del arte podría revolucionar el mismo concepto de arte, catapultándolo a un estadio mucho más maduro.

Ésta es la razón por la que obligamos a los niños a comer frutas o verduras, porque hay abundancia, tanto de recursos alimentarios como de conocimientos sobre los mismos. Una revolución pareja debería producirse en el ámbito del arte, una revolución impulsada por la acumulación sistemática de conocimientos que fundamenten las bases biológicas del arte a fin de responder con mayor claridad a preguntas apremiantes del tipo:

¿Qué es arte y qué no lo es? ¿Por qué hay obras que triunfan y otras no? ¿Tiene sentido el ejercicio de la crítica tal y como la conocemos actualmente?

Unas preguntas que precisan de respuestas maduras que impliquen diversas ramas de la ciencia, como la neurobiología, la genética o la psicología evolutiva. Respuestas, en suma, que desenreden el puñado de mitos y opiniones subjetivas o mercantilistas que han marcado el significado del arte en todas las culturas del mundo.

Y sólo entonces el arte adquirirá una entidad universal, tal y como sucedido en otro rango con la física, por ejemplo.

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¿Por qué existe el arte? (III)

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El arte es la demostración de que se dispone de recursos adaptativos: habilidad, creatividad, inteligencia, tiempo suficiente para despilfarrarlo en creaciones inútiles para la supervivencia. Y también la exhibición de estímulos supernormales, la exageración de las cualidades.

Volviendo a la ornitología, la gaviota adulta hembra tiene una mancha anaranjada en su pico que los polluelos se dedican a picar instintivamente para estimular a la madre a regurgitar y así alimentarles. Niko Tinbergen demostró que los polluelos picaban con más intensidad un modelo exagerado de la mancha anaranjada de la gaviota, aunque esa exageración fuera imposible en la naturaleza.

Las manifestaciones artísticas serían los estímulos supernormales mejor explotados por los seres humanos: la música, por ejemplo, es una experiencia auditiva intensificada y purificada que sobrestimula la corteza cerebral, tal y como ha señalado Pascal Boyer. Los colores saturados de las pinturas hacen lo propio.

Y también los memes de un libro, que no dejan de ser semillas que anhelan ponerse en circulación. Semillas generadas por cerebros que desean germinar en otros cerebros, como genes culturales.

Según el estado actual de las ciencias del comportamiento, el ser humano es la única especie que practica la verdadera imitación. Y precisamente la imitación es nuestra gran conquista evolutiva: la imitación nos sirve para asumir inmediatamente, sin perder el tiempo en tanteos, aquellas soluciones a problemas complejos que otros hallaron antes que nosotros.

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¿Por qué existe el arte? (II)

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Actualmente se conoce con bastante precisión cómo funciona el proceso de la digestión, e incluso por qué preferimos asimilar grasas antes que otras sustancias, pero ello no ha hecho desaparecer nuestra afición por la gastronomía, por elaborar recetas o por acudir a restaurantes.

Nos deleitamos con un plato bien cocinado sin cuestionarnos si nuestras papilas gustativas sólo encuentran sabroso lo que es rentable a nivel metabólico. Incluso los conocimientos obtenidos sobre el tema han permitido elaborar dietas hipocalóricas en un contexto donde los alimentos muy calóricos ya no escasean como antaño; es decir, han hecho que la gente sea más responsable para con su alimentación y que no se deje llevar por el simple capricho, como por ejemplo postulaba De la Mettrie, médico y autor del ensayo El hombre máquina (1748):

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¿Por qué existe el arte? (I)

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Existe un pájaro de Australia y Nueva Guinea al que podríamos llamar pájaro Número 9, aunque su verdadero nombre sea tilonorrinco. Lo podríamos llamar Número 9 porque hace unos años, un inversor mexicano batió el récord mundial de una subasta de pintura al pagar más de 109 millones de euros por Número 9, de Jackson Pollock.

Así pues, podemos considerar Número 9 como el epítome del arte y de todos sus efectos y consecuencias en el ser humano. El tilonorrinco representa lo mismo en el mundo de la ornitología, pues los machos de esta ave construyen complicados nidos que decoran exagerada y fútilmente con diversos objetos, como orquídeas, conchas de caracoles, bayas y cortezas de árbol. Algunos de ellos incluso pintan literalmente esas enramadas con residuos de frutas que regurgitan, empleando hojas o cortezas a modo de pincel.

Hasta aquí, los paralelismos entre el arte humano y el arte ornitológico son sorprendentes, pero también lo son en sus implicaciones psicológicas y sociales: las hembras de tilonorrinco valoran los nidos y se emparejan con los autores de las creaciones más simétricas y más profusamente ornamentadas. De igual modo, los pintores, escritores o músicos humanos, por el hecho de serlo, tienen más éxito social y sexual.

Tanto el acto creativo, como las derivaciones de éste (éxito social o sexual, placer estético, competencia artística, etc.), parecen regirse entonces por los parámetros de la selección natural. El arte, básicamente, funcionaría de la misma manera que lo hace la cola de un pavo real: como reclamo que demuestra que existe una buena dotación de genes.

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