Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
No vamos a irnos muy lejos, ni geográfica ni cronológicamente. Así que activemos el condensador de fluzo y transportémonos a Inglaterra, en plena época victoriana, para empezar a comparar nuestra dieta alimenticia con la de ellos.
Lo primero que advertimos es que en aquella época disponían de una increíble variedad de alimentos. Sólo de manzanas, por ejemplo, había más de 2.000 variedades (Worcester aperada, reinata naranja de Cox, belleza de Bath, etc.). A principios del siglo XIX, Thomas Jeferson cultivó 23 tipos distintos de guisantes., y más de 250 tipos de verduras y frutas diferentes. Jefferson también fue la primera persona a la que se le ocurrió cortar patatas a lo largo y freírlas.
Esta situación es sin duda chocante porque muchos de los alimentos que ahora son exquisiteces, antes eran bastante comunes. Por ejemplo: había tantas langostas en las costas británicas que se servían como alimento a presos y huérfanos; y también se usaban trituradas como abono. Incluso los criados acordaban por escrito que no comerían langosta más de 2 veces por semana. Ahora acercaos a un restaurante a pedir un plato de langosta y alucinad con los guarismos de la cuenta.
En Nueva York pasaba lo mismo con las ostras y el caviar. Por ejemplo, el caviar se servía como tentempié en lo bares, como ahora se sirven los frutos secos: como era salado, pretendían que así la gente bebiera más cerveza. En un recetario norteamericano publicado en 1853, el popular “Home Coockery”, se menciona casi de pasada que, para mejorar la sopa de quigombó habría que incorporar 100 ostras a la olla. Olé.
Pero regresemos a Inglaterra. Bill Bryson señala el consumo medio de diferentes alimentos parangonado con el consumo actual para que nos hagamos una idea de cómo comíamos hace un siglo y poco:
Leer más