A través de Rinze y de El País, me entero de que las mujeres tendrán que volver a dar una justificación para abortar, según ha confirmado el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, reformándose así la actual ley de plazos (que permite abortar libremente hasta la semana 14 de gestación) y se retrotrae al sistema de supuestos similar a la regulación de 1985.
Gallardón, sin embargo, no aclaró cuáles serán esos supuestos en los que estará permitido abortar. Tampoco cuál será el tiempo para ello.
No voy a pronunciarme sobre las razones políticas de esta decisión (para los curiosos, aclararé que soy de difícil definición: en determinados temas soy de izquierdas, pero en otros coincido con las derechas, sobre todo las derechas no españolas). Este no es blog apropiado para ello. Tampoco sé si la reforma es un retroceso o un avance. De lo que sí tengo certeza es que la gente, finalmente, no deja de estar lastrada por sus sesgos ideológicos e incluso religiosos (o no religiosos).

La cuestiones morales de cualquier índole son tan peliagudas que permiten que dos personas inteligentes puedan pasarse la noche discutiendo sin llegar aparentemente a ninguna conclusión. Sin embargo, a poco que revises unos cuantos mamotretos sobre bioética te das cuenta de una verdad fundamental:
Si los traficantes de drogas parecen tener tanto dinero, ¿cómo es posible que sigan viviendo con sus madres? ¿Qué es más peligroso: un arma o una piscina? ¿Por qué los padres negros ponen a sus hijos nombres que pueden perjudicar su futuro laboral? ¿El sumo es un deporte netamente corrupto? ¿Y el trabajo de profesor de escuela? ¿El aborto podría ser la causa principal del inaudito descenso de criminalidad de Estados Unidos?
Es evidente que no sabemos (absolutamente nadie) cuándo adquirimos nuestra humanidad. Y trazar una línea clara es totalmente arbitrario. Pero todo el que insista dogmáticamente que ese rasgo coincide en el momento de la concepción no contribuye en absoluto en el debate.
Según la biología moderna, lo que llamamos “persona” emerge poco a poco de un cerebro que se desarrolla gradualmente. El cerebro empieza a funcionar en el feto, pero sigue conectándose hasta bien entrada la infancia e incluso la adolescencia. Las fronteras, pues, cada vez son más difusas. Y este problema también se produce en los instantes finales de la vida de una persona, pues la muerte no es otra cosa que un fallo gradual e irregular de diversas partes del cerebro y el cuerpo.
3) ¿Qué tiene de especial el momento de la concepción? Para la doctrina moral que encontramos en algunas confesiones cristianas constituye el instante en el que el alma entra en el cuerpo, catalogándose así de asesinato el aborto, la eutanasia y la obtención de células troncales de los blastocitos. Pero desde la neurociencia, el alma (o el Yo) es algo inherente a la actividad neuronal que se desarrolla gradualmente en el cerebro del embrión.
La ciencia trasciende nuestra mirada bizca y nos muestra un poco mejor qué se esconde detrás de los espejismos de la realidad. Como un telescopio. Como un microscopio. Como unas lentes bien graduadas. Como unos rayos X que no se quedan en la superficie de las cosas.
A rebufo de la tramitación de la nueva ley del aborto en España, que permitiría a las adolescentes de 16 años interrumpir su embarazo sin ni siquiera comunicárselo a sus padres, el debate sobre la legitimidad de la mujer para abortar vuelve a estar de moda.
Conocer el sexo del bebé puede ser posible en sólo seis semanas de embarazo gracias a un nuevo test comercializado en el Reino Unido. El test, conocido como “Rosa o Azul”, es comercializado por la empresa británica