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Las mujeres tendrán que volver a dar una justificación para abortar... y qué puede aportar la ciencia al tema del aborto

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ovulo.jpgA través de Rinze y de El País, me entero de que las mujeres tendrán que volver a dar una justificación para abortar, según ha confirmado el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, reformándose así la actual ley de plazos (que permite abortar libremente hasta la semana 14 de gestación) y se retrotrae al sistema de supuestos similar a la regulación de 1985.

Gallardón, sin embargo, no aclaró cuáles serán esos supuestos en los que estará permitido abortar. Tampoco cuál será el tiempo para ello.

No voy a pronunciarme sobre las razones políticas de esta decisión (para los curiosos, aclararé que soy de difícil definición: en determinados temas soy de izquierdas, pero en otros coincido con las derechas, sobre todo las derechas no españolas). Este no es blog apropiado para ello. Tampoco sé si la reforma es un retroceso o un avance. De lo que sí tengo certeza es que la gente, finalmente, no deja de estar lastrada por sus sesgos ideológicos e incluso religiosos (o no religiosos).

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¿Un adolescente debería ir a la cárcel si comete un crimen?

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estudiante-pelea-3-111601.jpgLa cuestiones morales de cualquier índole son tan peliagudas que permiten que dos personas inteligentes puedan pasarse la noche discutiendo sin llegar aparentemente a ninguna conclusión. Sin embargo, a poco que revises unos cuantos mamotretos sobre bioética te das cuenta de una verdad fundamental:

La mayoría de cuestiones éticas se fundan en resolver dónde debemos trazar la línea. Es decir, si todos somos animales, ¿dónde trazamos la línea que nos diferencie entre unos y otros? ¿En los homínidos? ¿Sólo en las criaturas que nazcan de un vagina humana? ¿Sólo en las criaturas que alcancen determinado Cociente Intelectual?

Lo mismo sucede con el aborto: ¿qué diferencia sustancial hay entre eliminar un óvulo, un espermatozoide, un óvulo fecundado, un feto de seis semanas, un feto de seis meses y un bebé de dos años? Todo es cuestión de grados, de líneas, de convenciones (sobre el tema del aborto ya traté más extensamente en Una visión científica sobre el aborto (I), (II), (III) y (y IV)).

Sin embargo, hay dos modos de trazar una línea o de llegar a un acuerdo (sea éste definitivo o sólo temporal): hacerlo arbitrariamente, por hacerlo de alguna manera. O hacerlo con el máximo de información objetiva sobre el asunto.

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[Libros que nos inspiran] ‘Freakonomics’ de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner

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freakonomics.jpgSi los traficantes de drogas parecen tener tanto dinero, ¿cómo es posible que sigan viviendo con sus madres? ¿Qué es más peligroso: un arma o una piscina? ¿Por qué los padres negros ponen a sus hijos nombres que pueden perjudicar su futuro laboral? ¿El sumo es un deporte netamente corrupto? ¿Y el trabajo de profesor de escuela? ¿El aborto podría ser la causa principal del inaudito descenso de criminalidad de Estados Unidos?

Ésta es la clase de preguntas que se intentan responder en Freakonomics, de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner. Ya os imagináis, tela marinera. Freakonomics tuvo recientemente una segunda parte, Superfreakonomiscs, todavía más potente, controvertida y, sobre todo, divertida. Pero de esta segunda parte os hablaré otro día.

El principal atractivo de este libro políticamente incorrecto reside no tanto en la solidez de sus postulados como en su capacidad de formular preguntas y en la audacia de sus respuestas. Freakonomics es una visión oblicua, eminentemente económica y pragmática, que explora el lado oculto de muchas de las cosas que nos afectan.

El mayor escollo que debe afrontar Freakonomics es que intenta abordar asuntos muy complejos, en los que intervienen múltiples factores, en muy poco espacio. Los argumentos son sólidos y documentados, pero sucintos, lo cual deja al lector mínimamente inquieto con más preguntas sin responder y con la mosca detrás de la oreja.

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La píldora que redujo la explosión demográfica cumple 50 años

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El 9 de mayo de 1960, la FDA (Food and Drug Administration) daba luz verde a la primera píldora para controlar la natalidad y ofrecer mayores garantías en la planificación familiar: la píldora anovulatoria. Se estima que 100 millones de mujeres la ingieren diaria y sistemáticamente.

Irónicamente, el 9 de mayo, el cincuenta aniversario, fue el Día de la Madre.

A lo largo de la historia, el ser humano ha usado toda clase de estrategias para controlar la natalidad debido a que es la única especie animal que está permanentemente en periodo fértil.

Se usaron desde simples amuletos (de dudosa eficacia) hasta duchas vaginales, pasando por barreras mecánicas u otros métodos aún más grotescos, como condones de seda o de intestinos de animales. En el año 2000 a. C., los egipcios ya descubrieron el primer anticonceptivo de mundo: un pequeño cono hecho de semillas de granada y cera, que debían prevenir la ovulación mediante los estrógenos naturales que contenía esta mezcla.

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Células madre y fe religiosa (y II)

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Es evidente que no sabemos (absolutamente nadie) cuándo adquirimos nuestra humanidad. Y trazar una línea clara es totalmente arbitrario. Pero todo el que insista dogmáticamente que ese rasgo coincide en el momento de la concepción no contribuye en absoluto en el debate.

Los que se oponen a la investigación terapéutica de las células madre por motivos religiosos constituyen el equivalente biológico y ético de la sociedad que cree que la Tierra es plana, y nuestro discurso sobre este tema debería reflejarlo así.

Mientras sigamos permitiendo que el magisterio religioso tenga incidencia en la política, en vez de la ciencia y la continua búsqueda de razones y evidencias, entonces seguirán ocurriendo cosas horribles como las que evidencia Nicholas Kristof: “el sexo mata, pero esta especie de sonrojante mojigatería también”

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Una visión científica sobre el aborto (y IV)

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Según la biología moderna, lo que llamamos “persona” emerge poco a poco de un cerebro que se desarrolla gradualmente. El cerebro empieza a funcionar en el feto, pero sigue conectándose hasta bien entrada la infancia e incluso la adolescencia. Las fronteras, pues, cada vez son más difusas. Y este problema también se produce en los instantes finales de la vida de una persona, pues la muerte no es otra cosa que un fallo gradual e irregular de diversas partes del cerebro y el cuerpo.

Entre la vida y la muerte hay muchos grados y tipos de existencia, algo que se agudizará a medida que avance la tecnología médica.

De nuevo Steven Pinker:

Esto no significa que no existe ninguna política defendible y que haya que dejarlo todo en manos del gusto personal, el poder político o el dogma religioso. Como señala el bioético Ronald Green, significa sencillamente que tenemos que reconceptualizar el problema: de encontrar una línea divisoria en la naturaleza a decidir una línea divisoria que mejor equilibre lo bueno y lo malo de cada dilema político. En cada caso debemos tomar decisiones que se puedan llevar a la práctica, que consigan el máximo grado posible de felicidad y que reduzcan al mínimo el sufrimiento actual y futuro. Muchas de nuestras políticas actuales ya son compromisos de este tipo: se permite la investigación con animales, aunque se regula; a un feto muy desarrollado no se le reconoce un estatus legal completo como persona, pero no se puede abortar a menos que sea necesario para proteger la vida o la salud de la madre. Green observa que el cambio de buscar a decidir esas líneas divisorias constituye una revolución conceptual de dimensiones copernicanas.

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Una visión científica sobre el aborto (III)

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3) ¿Qué tiene de especial el momento de la concepción? Para la doctrina moral que encontramos en algunas confesiones cristianas constituye el instante en el que el alma entra en el cuerpo, catalogándose así de asesinato el aborto, la eutanasia y la obtención de células troncales de los blastocitos. Pero desde la neurociencia, el alma (o el Yo) es algo inherente a la actividad neuronal que se desarrolla gradualmente en el cerebro del embrión.

De nuevo habla Steven Pinker:

Vista la dificultad que plantean estas decisiones, resulta tentador acudir a la biología para buscar o ratificar unas fronteras como la de “cuándo empieza la vida”. Pero esto no hace sino subrayar el conflicto entre dos formas irreconciliables de concebir la vida y la mente. El concepto intuitivo y moralmente útil de un espíritu inmaterial simplemente no se puede compaginar con el concepto científico de la ontogenia y la filogenia de una actividad cerebral que surge gradualmente. Dondequiera que tracemos la línea entre la vida y la no vida, o entre la mente y la no mente, aparecerán casos ambiguos que cuestionarán nuestras intuiciones morales.

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Una visión científica sobre el aborto (II)

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La ciencia trasciende nuestra mirada bizca y nos muestra un poco mejor qué se esconde detrás de los espejismos de la realidad. Como un telescopio. Como un microscopio. Como unas lentes bien graduadas. Como unos rayos X que no se quedan en la superficie de las cosas.

Por esa razón es inconcebible que una persona sostenga una opinión cualquiera sobre el aborto sin previamente haberse armado esta opinión bajo un riguroso prisma científico. Dejando atrás lo que creía saber.

Y entonces, una vez tengamos a mano todo lo que sabemos científicamente sobre el aborto, deberíamos abordar realmente el asunto de las fronteras. ¿16 semanas? ¿El instante de la concepción? ¿Una vez nacido? ¿Después de unos meses de haber nacido pero antes de que el sistema nervioso se haya acabado de formar?

La frontera, desde un punto de vista científico, es imposible de establecer. Pero sí se pueden descartar algunas ideas preconcebidas, o al menos se pueden discutir más fluidamente.

Lo expresa así Daniel Dennett en su libro La peligrosa idea de Darwin:

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Una visión científica sobre el aborto (I)

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A rebufo de la tramitación de la nueva ley del aborto en España, que permitiría a las adolescentes de 16 años interrumpir su embarazo sin ni siquiera comunicárselo a sus padres, el debate sobre la legitimidad de la mujer para abortar vuelve a estar de moda.

No voy a discutir específicamente sobre el límite de los 16 años de edad. Es una frontera como otra cualquiera, tan arbitraria como la que establece los 14 años como la edad mínima para llevar un ciclomotor, hacer un testamento o usar armas de aire comprimido con permiso paterno; que a los 13 años se puede mantener relaciones sexuales consentidas (incluso con un adulto); o que a los 16 años uno puede ponerse un piercing, someterse a cirugía estética o trabajar (con permiso paterno).

Las fronteras son así. Difusas. Cambiantes según la sociedad (cada país tiene fronteras diferentes; cada época, también). Y sobre eso trata el tema del aborto, de fronteras. De fronteras biológicas, antropológicas y sociológicas. Pero también de fronteras sobre nuestros conocimientos y nuestra manera de percibir el mundo.

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Conocer el sexo del bebé en sólo 6 semanas de embarazo

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BebeConocer el sexo del bebé puede ser posible en sólo seis semanas de embarazo gracias a un nuevo test comercializado en el Reino Unido. El test, conocido como “Rosa o Azul”, es comercializado por la empresa británica DNA Worldwide y puede comprarse a través de internet al precio de 277 euros si los futuros padres esperan seis días para conocer los resultados, aunque si pagan 350 euros pueden saberlo en sólo cuatro días.

La compañía, con sede en Surrey, en el sur de Londres, asegura que la prueba, que analiza el ADN del feto que pasa al flujo sanguíneo de la madre, tiene un 99 por ciento de precisión y promete devolver el dinero si los resultados resultan incorrectos.

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