La lluvia de Dracónidas de 2026 tiene lugar en octubre. Qué es y en qué se diferencia del resto de meteoros

  • El cometa 21P/Giacobini-Zinner deja el rastro de restos que la Tierra cruza cada octubre

  • Una Luna casi nueva abre en 2026 una ventana oscura para verlas a simple vista

La lluvia de Dracónidas de 2026 tiene lugar en octubre. Qué es y en qué se diferencia del resto de meteoros
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Redacción Xataka Ciencia

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La lluvia de Dracónidas alcanzaba su máximo la noche del 8 al 9 de octubre de 2026. El flujo permanecía activo del 6 al 10 de octubre, y el pico de 2026 coincide con una Luna casi nueva que se pone poco después del atardecer: el cielo queda oscuro desde el primer momento, algo poco habitual en las grandes lluvias de estrellas, que suelen pedir madrugada.

Las Dracónidas aparecen cuando la Tierra atraviesa el rastro de restos dejado por el cometa 21P/Giacobini-Zinner, un cuerpo helado de unos dos kilómetros de diámetro que orbita el Sol cada 6,5 años. Las partículas, al chocar contra la atmósfera, se queman y dejan el rastro luminoso que se ve desde el suelo. La lluvia toma su nombre del Dragón, la constelación desde la que parecen brotar los meteoros.

El cometa fue descubierto el 20 de diciembre de 1900 por el astrónomo francés Michel Giacobini en el Observatorio de Niza, y recuperado en 1913 por el alemán Ernst Zinner, cuyo apellido se sumó al nombre. De ahí que la lluvia se conozca también como Giacobínidas. La constelación Draco, por su parte, es la octava en tamaño del cielo, pero no brilla especialmente: su nombre viene del latín "draco", dragón, y serpentea por el norte entre la Osa Mayor y la Osa Menor.

La particularidad de las Dracónidas no es la cantidad, sino el horario. A diferencia de las Perseidas o las Oriónidas, que conviene ver antes del amanecer, las Dracónidas se ven mejor a primera hora de la noche, justo después de anochecer, porque el radiante está alto en el cielo del hemisferio norte en ese momento y baja hacia la medianoche. Para verlas no hacen falta telescopios ni prismáticos, solo un cielo lo más oscuro posible y unos 30 minutos para que los ojos se adapten a la oscuridad.

En condiciones ideales, las Dracónidas producen entre cinco y diez meteoros por hora. En 2026 no vemos ninguna actividad intensa: lo habitual, tal y como vaticinaban los pronósticos, es una lluvia modesta.

Y, sin embargo, las Dracónidas son célebres por sus tormentas. En 1933, los observadores europeos contaron hasta 6.000 meteoros por hora; en 1946, una tormenta similar recorrió Estados Unidos, con tasas también de varios miles por hora. En 2011 se esperaban hasta 750 meteoros por hora en Europa. El año siguiente, 2012, un radar canadiense detectó una tormenta inesperada, con una tasa equivalente a 9.000 meteoros por hora, provocada por polvo que el cometa había liberado en 1966.

La azarosa naturaleza de las Dracónidas

La explicación de esa imprevisibilidad está en la inestabilidad del cometa padre. 21P/Giacobini-Zinner es un cometa de la familia de Júpiter, una clase de cuerpos helados con órbitas controladas por la gravedad del planeta gigante, que tira de los filamentos de polvo y los desplaza. Un rastro que un año pasa alejado de la Tierra puede, tras un tirón de Júpiter, cruzar justo nuestro camino años después. Por eso las tormentas son difíciles de predecir y, a veces, ocurren sin aviso.

El cometa pasó por su perihelio, el punto más cercano al Sol, el 25 de marzo de 2025. Su paso deja material fresco cerca de la órbita terrestre, pero eso no basta para desencadenar una tormenta: hace falta que la Tierra cruce el filamento justo. Para 2026, los modelos dicen que no ocurrirá. La siguiente ventana en la que los astrónomos vigilarán de cerca las Dracónidas llegará tras el próximo perihelio del cometa, previsto para agosto de 2031.

La sonda que abrió la exploración de cometas, la International Cometary Explorer, sobrevoló precisamente 21P/Giacobini-Zinner el 11 de septiembre de 1985, antes de unirse a la flota internacional que estudió el cometa Halley al año siguiente. Fue el primer sobrevuelo de un cometa en la historia. Cuatro décadas después, el cometa sigue marcando el calendario de octubre, y los modelos de tormenta siguen sin dar con su ritmo.

Foto | Ricardo Cristian vía Pexels

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