¿Cómo funcionan las boyas oceánicas? Para enviar kilómetros de cable al fondo, los científicos recurren a estos trucos

  • Las boyas de aguas profundas no flotan a la deriva, sino que forman parte de sistemas de fondeo complejos

  • El mecanismo requiere equilibrar fuerzas extremas para mantener los equipos de medición en posiciones exactas

¿Cómo funcionan las boyas oceánicas? Para enviar kilómetros de cable al fondo, los científicos recurren a estos trucos
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
redaccion

Redacción Xataka Ciencia

Editor
redaccion

Redacción Xataka Ciencia

Editor

A simple vista, una boya oceánica parece un objeto flotante sencillo que simplemente está atado con una cuerda para que la corriente no se lo lleve. Sin embargo, detrás de estos dispositivos opera una ingeniería compleja capaz de soportar las fuerzas más extremas del océano. La misión principal no consiste únicamente en mantener el dispositivo sobre la superficie, sino en fijar instrumentos científicos a profundidades muy precisas durante largos periodos. La tensión constante de las olas, el empuje lateral de las corrientes y la presión del agua exigen soluciones muy específicas para que la línea no ceda, según recoge SlashGear en un análisis de estos sistemas.

Ruedas de tren como lastre. El primer elemento crítico del sistema de fondeo reside en el fondo marino, a miles de metros de la superficie. Los ingenieros no clavan una estructura en el lecho oceánico, sino que emplean un anclaje basado en el peso muerto. Para lograr esta flotabilidad negativa masiva, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) utiliza a menudo viejas ruedas de tren de acero. Este material reciclado resulta extremadamente denso, barato y resistente. Un anclaje típico para una boya de alerta de tsunamis (sistema DART) supera los 3.000 kilogramos de peso, una masa indispensable para traccionar todo el cableado hacia las profundidades y evitar que el sistema derive con el oleaje.

Esferas de cristal al vacío. Mantener la línea tensa plantea un problema mecánico: si el cable queda suelto, los sensores varían su profundidad y los datos recabados pierden su validez. Para resolverlo, los equipos instalan elementos de flotabilidad positiva a lo largo del recorrido. Consisten en esferas de vidrio hueco protegidas por carcasas de plástico duro que tiran del cable hacia arriba. Estas esferas soportan presiones enormes en aguas profundas y aseguran que la línea mantenga la tensión exacta frente al peso del anclaje. De esta manera, los sensores térmicos o de salinidad permanecen estables en las cotas requeridas.

La transición de materiales. Unir un anclaje situado a más de 3.000 metros de profundidad con una boya en la superficie requiere líneas de amarre especializadas. Los ingenieros combinan diferentes materiales según la profundidad y la tensión esperada. En la sección superior, sometida al ataque directo de los peces y a los movimientos bruscos del oleaje, se utiliza cable de acero o líneas de Kevlar, que apenas se estiran. Sin embargo, el coste de fabricar un cable de Kevlar de varios kilómetros hace inviable usarlo en todo el recorrido. Por ello, las secciones inferiores suelen estar compuestas por polímeros sintéticos como el nailon, que absorbe los tirones y reduce el coste estructural de la operación.

Rastreo de los océanos. La fiabilidad de estos fondeos permite estudiar dinámicas complejas a largo plazo. El rastreo de las corrientes marinas depende de redes de sensores continuos y boyas de seguimiento que transmiten datos por satélite. La precisión de los modelos climáticos actuales, que calculan cómo se acumula el calor en el mar, parte directamente de las mediciones constantes que aportan estas columnas de instrumentos fondeados en alta mar.

El despliegue y mantenimiento de una boya oceánica profunda requiere, por tanto, buques especializados y tripulaciones capaces de maniobrar cargas de toneladas en alta mar. El diseño no busca crear una estructura rígida, sino un mecanismo elástico que respire con el océano, durante largos años antes de necesitar recambios o reparaciones.

Foto | Steve Potten, Getty Images

Inicio