Astrónomos detectan un posible planeta nacido de las cenizas de una estrella muerta

  • Orbita la enana blanca HS 0209+0832, a unos 270 años luz, y lo delata un exceso de niobio nunca visto en una estrella de su tipo

  • El Hubble y el Chandra volverán a observarlo, y el equipo ha pedido tiempo al James Webb

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redaccion

Redacción Xataka Ciencia

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Casi todos los planetas que conocemos tienen el mismo certificado de nacimiento: una estrella joven, un disco de gas y polvo a su alrededor y mucha paciencia para que esas sobras se apelmacen, pero lo que nadie había visto era una estrella como el Sol con descendencia después de muerta. Y es que un equipo de astrónomos habría detectado un posible planeta gigante que se habría formado con los restos de su propia estrella, cuando esta ya se había apagado, algo así como un ave fénix, pero en versión planetaria.

El protagonista gira alrededor de HS 0209+0832, una enana blanca situada a unos 270 años luz de la Tierra, y el hallazgo se publicó el 5 de octubre de 2026 en la revista Nature Astronomy, firmado por un equipo encabezado por Jamie Williams, doctorando en Física de la Universidad de Warwick, en Reino Unido. La tesis es el descubrimiento de un candidato a planeta de segunda generación cuyo material está cayendo, poco a poco, sobre la estrella.

Si es tan raro, es porque las estrellas como el Sol no mueren con delicadeza. Primero se hinchan hasta convertirse en gigantes rojas y luego se desprenden de sus capas externas, hasta que solo queda el núcleo, para acabar convertidas en una enana blanca: De acuerdo a la divulgación de la NASA, estariamos hablando de tanta masa como el Sol embutida en un tamaño apenas mayor que el de la Tierra. Algunos planetas de la primera hornada sobreviven al trance si están lo bastante lejos, y se conoce un puñado de supervivientes así, pero lo que nunca se había cazado era un planeta nacido después.

La pista es química, pues en la superficie de las enanas blancas los elementos pesados se hunden muy rápido hacia el interior, de modo que, si se ven, es porque algo los está aportando desde fuera ahora mismo. Williams explicaba a la CNN que “este material planetario es muy rico en un elemento llamado niobio”, y que no se había detectado antes en ninguna enana blanca. La nota de la Universidad de Warwick cifra su abundancia en más de 1.000 veces la del Sol, y de acuerdo al equipo de la investigación, la intensa radiación ultravioleta de la estrella arranca la atmósfera de un planeta muy cercano, y ese material acaba lloviendo sobre ella.

Lo único que faltaba por encontrar era el planeta. Ahí entra el satélite TESS de la NASA (siglas en inglés de Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito), que vigiló la estrella cuatro meses y registró una débil variación de brillo que se repite cada 4,4 días, compatible con un gigante gaseoso. Según la nota de la Agencia Espacial Europea (ESA) sobre el Hubble, sería un mundo de un tamaño parecido al de Júpiter que pierde atmósfera a toda velocidad, y que gira a unos seis millones de kilómetros de la enana blanca, mucho más cerca de lo que Mercurio está del Sol. Eso sí, nadie lo ha visto directamente, y lo recalca el propio Williams señalando que “no es un planeta confirmado […] solo un candidato”.

¿Cómo se fabrica un planeta con los escombros de una estrella? En el caso de una enana blanca normal, no queda disco del que hacerlo, porque la estrella lo expulsó todo siendo gigante roja. Williams apunta a otra vía, la de un choque: otro objeto, quizá una estrella de alrededor del 20% de la masa del Sol o una enana marrón (algo a medio camino entre estrella y planeta), habría caído hacia el núcleo de la gigante roja y el material resultante habría formado un disco giratorio. El profesor de física en Warwick, Boris Gänsicke, apostilla que “este sistema ha dado a luz un nuevo mundo usando los cimientos del antiguo”.

Fuera del equipo, el entusiasmo es evidente, aunque prudente. Sarah Casewell, profesora de la Universidad de Leicester, ha recordado que “conocemos un gran número de enanas blancas contaminadas por material planetario”, pero esta vez la composición se parece a los átomos que crean las estrellas al morir. Por otro lado, Amy Bonsor, de la Universidad de Cambridge, habla de un “cambio de paradigma” que permitiría estudiar si esos sistemas pueden ser habitables, mientras que Susan Mullally, del Space Telescope Science Institute que opera el Hubble, abunda en que “la vida posterior de los exoplanetas podría entrañar más aspectos de lo que se pensaba”. Williams añade que, como las enanas blancas se enfrían despacio, su zona habitable es muy estable: un planeta así podría ser habitable durante decenas de miles de millones de años.

Un caso archivado desde 1999

Lo curioso es que la estrella llevaba un cuarto de siglo dando pistas, puesto que el Hubble la observó en 1999 y, como explica la ESA, sus datos contenían alrededor de 100 rasgos químicos que nadie sabía identificar. Williams volvió a ese archivo con una base de datos química actualizada, y descubrió que el niobio encajaba con muchos de ellos; después lo confirmó con datos de FUSE (Far Ultraviolet Spectroscopic Explorer), un observatorio ultravioleta de la NASA ya retirado, para reconocer como se refleja en un artículo de la revista Science News que “nunca hemos observado nada en el universo tan rico en niobio.

Lo que tiene de especial el niobio es que no es un ingrediente típico de las rocas. Entre una cuarta parte y la mitad de las enanas blancas están “contaminadas” con restos rocosos, cuenta Science News, y lo habitual es encontrar silicio y hierro. El niobio pertenece a los elementos del proceso s, los que se forjan en las entrañas de las estrellas viejas. Nicholas Stone, astrofísico teórico de la Universidad de Wisconsin-Madison señala que la presencia de niobio “es una señal de esos estertores de muerte”. Dicho de otro modo, el planeta estaría hecho de la ceniza de la estrella, y no de lo que sobró cuando nació.

Una idea con más de quince años (y un precedente en los púlsares)

Los planetas de segunda generación no son un invento reciente, y podemos retrotraernos a enero de 2010, cuando el astrofísico Hagai B. Perets ya propuso en su artículo ‘Second generation planets’ que las estrellas dobles viejas podían ofrecer una segunda vía: el gas que pierde una estrella al envejecer forma un disco alrededor de su compañera, y ahí nacen mundos nuevos. Hasta ahora, reconoce a Science News Zifan Lin, de la Universidad Washington en San Luis y ajeno al estudio, aquello era casi especulación, pero insiste en que es la primera vez que se han visto pruebas de ese proceso.

¿Hay precedentes? Sí y no, ya que los primeros exoplanetas confirmados de la historia los anunciaron Alex Wolszczan y Dale Frail en enero de 1992, y orbitaban el púlsar PSR B1257+12, como recuerda Scientific American (un artículo de 2017), describiéndolo como un cadáver estelar que gira a toda velocidad. David J. Wilson, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Colorado en Boulder, explicó a la CNN que esos planetas, probablemente, son de segunda generación, porque los púlsares nacen en supernovas. Lo nuevo es el candidato alrededor de una enana blanca, algo muchísimo más corriente. De hecho, más del 95% de las estrellas acabarán siéndolo.

Otro caso reciente ayuda a medir el hallazgo, cuando en julio de 2026, el James Webb estudió WD 1856 b, un gigante que da una vuelta a su enana blanca cada 34 horas. Para la ESA, lo más probable es que naciera lejos, sobreviviera a la muerte de su estrella y migrara hacia dentro mucho después. Es como un superviviente con mudanza. Y el de HS 0209+0832 habría llegado al mundo después del funeral, como ya contaron en Xataka el 9 de octubre de 2026 al explicar esta ave fénix cósmica.

¿Y en el caso de nuestro Sol?

La pregunta queda botando, porque nuestra estrella seguirá exactamente ese camino en su ciclo vital. Con unos 4.570 millones de años, el Sol está en plena madurez y, según los cálculos de la misión Gaia de la ESA, se convertirá en gigante roja cuando ronde los 10.000 u 11.000 millones de años de edad, antes de acabar como una enana blanca tenue. Mientras que Wilson desliza que “también estamos contemplando el futuro del sistema solar”, Williams opta por ser más; para él, es posible que ocurra, pero todavía no saben lo suficiente para afirmarlo.

En cualquier caso el siguiente paso es confirmar el planeta. El Hubble y el observatorio de rayos X Chandra volverán a observar el sistema durante el año siguiente al anuncio, y el equipo ha pedido tiempo para ayudarse del James Webb. Si se confirma, inauguraría una nueva clase de planetas y abriría la pregunta que ya plantea Gänsicke: cuántos más habrá ahí fuera. Para Williams, la fase de enana blanca no sería “una especie de epílogo de la historia de una estrella y sus planetas”, pues la investigación apunta a que los sistemas que conocemos son solo “el primer capítulo de una historia potencialmente mucho más larga”.

Foto | Xataka


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