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La Oxitocina, la hormona que regula la respuesta del miedo

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Hasta ahora se sabía que la oxitocina, una hormona que surge del hipotálamo, tiene un efecto inhibidor del miedo en la amígdala, que es la estructura cerebral donde se origina (el miedo).

Pero investigadores de la Universidad de Lausanne (Suiza) han descubierto que dicha hormona solo bloquea algunas de las respuestas generadas por este sentimiento.

La oxitocina inhibe las respuestas que se proyectan de la amígdala al tronco del encéfalo (que comunica el cerebro anterior, la médula espinal y los nervios periféricos) y que causan la parálisis del individuo

Explica Ron Stoop, uno de los autores del estudio e investigador del Centro de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad de Lusanne.

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El cigarrillo explosivo o cómo percibimos el riesgo

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cigarrillo.jpgEl ser humano es una criatura muy contradictoria. Por un lado se muere de miedo al subir a un avión pero no se monta tan tranquilo en un coche. Es capaz de recorrer media ciudad para ahorrar unos euros en la compra en una televisión, gastándose casi todo lo ahorrado en gasolina, tiempo y demás.

Al parecido ocurre con los riesgos que tardan en manifestarse. El matemático Sam Saunders, en ese sentido, nos comparaba con batracio.

Tome una rana y colóquela en agua caliente. Intentará huir instantáneamente. Pero si la pone en el agua a temperatura ambiente, se quedará en el líquido… que entonces puede calentar sin ninguna reacción por parte del batracio. Poco a poco, puede aumentar mucho (pero lentamente) la temperatura del agua y la rana seguirá tranquila ¡hasta que esté cocida!

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Uy, uy, que el 10 % me hace daño

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contaminacion_de_los_rios_mortandad_de_peces_por_contaminacion.jpgTodos sentimos cierta predilección por los números redondos, en particular los múltiplos de diez. Por ello no es difícil oír que sólo usamos el 10 % de nuestro cerebro; o que el 10 % de la población estadounidense es homosexual.

Si nuestro sistema métrico no fuera decimal sino de base 12, tal vez las estadísticas más populares serían otras.

Así pues, un 10 % de algo puede ser un porcentaje significativo según el contexto, pero puede no serlo en absoluto a pesar del atractivo psicológico subyacente.

Este mecanismos es más evidente en asuntos que tienen que ver con nuestra salud, y así acabamos malinterpretando los riesgos reales o cogiéndonosla con papel de fumar con asuntos banales. Por ejemplo, las drogas causan una gran alarma social (qué madre no está preocupada por ello), genera debates, miles de estadísticas, informes toxicológicos, cifras de muertos, etcétera.

Pero las drogas en las que se concentra todo este armamento psicológicamente sensible son, sobre todo, la cocaína y la heroína, cuando el alcohol mata diez veces más, y el tabaco casi cien veces más.

Como ha dicho el físico H. W. Lewis, las centrales nucleares despiertan el temor de la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos, pero el prosaico problema del plomo en la pintura vieja y la cañerías antiguas ha causado mucho más daño.

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El miedo ¿nace o se hace?

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La mayoría de la gente tiene miedo a las arañas y las serpientes. Pero, ¿por qué nos resultan tan amenazantes?

Investigadores creen que el miedo se aprende. Según un estudio publicado en la revista Current Directions in Psychological Science, los niños no nacen con ese tipo de temores, pero son capaces de adquirirlos con gran rapidez.

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La muerte de 200 personas en un desastre resulta inapreciable en las estadísticas de mortalidad

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Solemos llevarnos las manos a la cabeza cuando nos enteramos de la muerte de 10 personas, o de 100 personas. Ya no digamos de 200. Incluso exigimos que se inviertan enormes recursos para paliar estas cifras de mortalidad, exigimos cambiar leyes, buscamos venganza.

Sin embargo, como ya hemos explicado en otras ocasiones (por ejemplo, en Avalanchas de rarezas: posibilidades matemáticas de morir), si nuestros cerebros estuviera bien calibrados no nos escandalizarían tanto esas cifras y repartiríamos mejor los esfuerzos en luchar contra otras injusticias más perentorias pero menos publicitadas.

Imaginemos que sucede alguna catástrofe en Gran Bretaña que siega la vida de 200 almas. Todas en un solo mes, par que sea más impactante. Alguna clase de desastre que sea muy mediático y que obligue a los políticos a minimizar su repetición en el futuro invirtiendo medios descomunales para ello.

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No dejamos de herirnos y de morirnos: la aritmética de fallecer demasiado pronto (I)

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En el Centro Médico de Stanford se llevan a cabo unas reuniones periódicas del tipo Alcohólicos Anónimos, pero de ribetes mucho más macabros. Algunos van en sillas de ruedas, otros se ayudan de apoyos protésicos o aparatos ortopédicos, los hay que llevan cascos de protección. Por encima de todo, entre la música y los canapés, los abrazos y las charlas, este grupo de unas 200 personas está allí para recordarse a sí mismos que todavía siguen vivos.

Se llama la Reunión de Supervivientes de Traumas. Y todos son integrantes han sobrevivido a accidentes de tráfico, electrocuciones, explosiones, disparos y puñaladas.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la suerte de los integrantes de este distinguido club de supervivientes. La mayoría de nosotros no dejamos de herirnos, y de morirnos. Sobre todo porque somos muchos millones de personas. Sólo en EEUU, más de 115 millones de personas visitan las salas de urgencia cada año. 13.125 personas por hora.

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El efecto Baskerville: cuando tener miedo puede matarte

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Hay personas que mueren sin que exista una agresión física o un derramamiento de sangre, sin que haya venenos de por medio. Son personas que han sido víctimas del efecto Baskerville: cuando el miedo es tan intenso que sencillamente te mueres.

El nombre del fenómeno procede, como habréis imaginado, del relato que escribió Arthur Conan Doyle, El sabueso de los Baskerville. En él, un personaje sufre un ataque al corazón y fallece tras la visión de un perro demoníaco.

El efecto Baskerville fue bautizado así por el doctor David Phillips, un sociólogo de la Universidad de California, en San Diego. El efecto lo descubrió tras examinar más de 47 millones de certificados de defunción, encontrando en ellos un patrón muy llamativo: el cuarto día de cada mes moría mucha más gente.

Sin embargo, este pico de mortalidad del día 4 del calendario sólo se producía entre los estadounidenses que tenían antepasados japoneses y chinos. ¿Por qué sólo entre ellos? Porque el número 4 tiene connotaciones funestas en esta cultura. En mandarín, en cantonés y en japonés, las palabras que se usan para decir “cuatro” y “muerte” son casi idénticas, lo cual exacerba la superstición.

Tras realizar un sondeo en Estados Unidos, Phillips descubrió un 13 % más de fallecimientos relacionados con enfermedades cardiacas entre los estadounidenses de origen asiático en el cuarto día de lo que esperaba. En California, donde estas poblaciones están concentradas, descubrió un 27 % más de fallecimientos (…) De hecho, en los hospitales y en los hoteles del Extremo Oriente se evita utilizar el número 4, de igual manera que no se emplea el número 13 en algunas partes del mundo occidental.

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Lo que pasa cuando nos perdemos en el bosque

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Cada año, cientos de personas se pierden en los bosques de todo el mundo: precisamente porque perderse en el bosque es más fácil de lo que parece. Pero ¿por qué nos perdemos tan fácilmente? ¿Qué sucede cuando andamos sin norte? ¿Qué deberíamos hacer para que nos encontraran más fácilmente?

Los rastreadores expertos indican que una persona normal deja tras de sí 2.000 pistas por cada kilómetro que avanza. Huellas, una rama rota, un pedazo de barro, una brizna de hierba retorcida. Un equipo de rastreadores, separados tres metros entre sí, generalmente puede detectar el 95 % de las pistas útiles. Si se separaran quince metros, entonces descubrirían el 75 % de los indicios.

La conducta de una persona perdida fue ampliamente estudiada en la obra de William Syrotuck, un pionero en este campo que recopiló datos sobre cientos de personas extraviadas en diversos lugares de Estados Unidos. Incluso determinó qué clase de personas nos encontraremos perdidas en unos y otros lugares.

Así pues, lo más relevante a la hora de buscar a una persona perdida son dos datos: su edad y su actividad al aire libre.

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El olor del miedo: cómo cambia nuestro olor corporal al ver Indiana Jones o Ace Ventura

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Después de ver la película Indiana Jones y el templo maldito, las personas desprenden un olor corporal. Cuando hemos visto la comedia de Jim Carrey Ace Ventura, además de tener ganas de estrangular a Jim Carrey, desprendemos un olor corporal distinto.

Es lo que se ha encargado de comprobar la doctora Denise Chen, profesora asistente de psicología en la Universidad de Rice, en Houston, a fin de averiguar si el miedo puede olerse, es decir, si las personas que tienen miedo desprenden un aroma diferente.

Para ello, hizo ver a sus sujetos experimentales 13 minutos de la película de Harrison Ford y también 13 minutos de la película de Jim Carrey. Antes, bajo los brazos, les colocó paños de gamuza. En la primera película aparecen insectos, serpientes y cocodrilos, que a la mayoría de gente producen temor. En la segunda, aparecen sólo animales amables o presentados desde un punto de vista cómico.

Luego, Chen introdujo los paños en jarras de cristal y los congeló a -44 Cº.

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El miedo infundado al terrorismo, los accidentes de tráfico, la violencia de género y otros hechos matemáticamente improbables (VII)

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Como sospecho que los dos temas más controvertidos de esta serie de artículos son los del terrorismo y la violencia de género (no sólo porque sean temas importantes sino, sobre todo, porque son temas por los cuales hay una sensibilidad artificialmente aumentada y un sesgo políticamente correcto muy fuerte), me he tomado la libertad de añadir aquí las réplicas de una lectora que tuvo la oportunidad de leer fragmentos de estos artículos antes de que se publicasen.

Sus objeciones son muy lúcidas y creo que serán las objeciones mayoritarias, así que las expongo a continuación para, más tarde, poder contrarreplicarlas como es debido. (Con todo, la última palabra, por supuesto, la tenéis vosotros en los comentarios).

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