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Los niños ya no juegan casi en la calle y eso es malo para ellos

Los niños ya no juegan casi en la calle y eso es malo para ellos
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A pesar de que los niños cada vez realizan más actividades extraescolares, llevan a cabo menos juegos libres, tal y como los define el investigador del juego Peter Gray: "una actividad que es elegida y dirigida libremente por sus participantes, y llevada a cabo como fin en sí misma y no con el objetivo consciente de alcanzar otros fines distintos a la propia actividad".

El juego libre también es exterior, con otros niños, es físico, vigoroso, donde a veces se interpretan roles... y también es el juego que suelen preferir los niños. Es un juego a menudo más peligroso, no exento de riesgos, porque puede implicar trepar por muros o árboles, o patinar por las escaleras. Realizar menos juegos libres es más seguro, sin embargo se pierde otra cosa importante para el niño.

Dosis de miedo

Tal y como explican Jonathan Haidt y Greg Lukianoff en su reciente libro La transformación de la mente moderna, a propósito de las virtudes del juego libre:

Los niños que practican el juego libre parecen autoadministrarse unas dosis moderadas de miedo, como si estuviesen aprendiendo deliberadamente a afrontar los desafíos físicos y emocionales de las condiciones moderamente peligrosas que generan. (...) Si se induce demasiado poco miedo, la actividad es aburrida; si se induce demasiado, ya no es juego, sino terror. Nadie, salvo el niño o la niña, sabe cuál es la dosis correcta.

Sin embargo, esta clase de juego se practica cada vez menos, como demostró un estudio realizado en 1981 por un grupo de sociólogos de la Universidad de Michigan, y que fue repetido en 1997: en total, este tipo de juego se había reducido un 16 % en menores de trece años. Este tiempo se sustituía por juegos de orndeador y sin ningún otro niño. También ha aumentado el tiempo que se pasa en el colegio un 18 % desde 1981 y 1997, y que el tiempo a hacer deberes creció un 145 %.

Básicamente, los niños de hoy interactúan más con los padres y mucho más con las pantallas, pero menos con amigos. Al menos de forma directa (no online) y en el ámbito del juego libre. Es decir, que son niños que, en vez de disfrutar de una saludable cantidad de riesgo, son más propensos a evitarlo.

Pero ¿por qué es negativo evitar el riesgo a toda costa? ¿Por qué es importante enfrentarse a desafíos que produzca cierta dosis de miedo? Porque todo ello contribuye a la construcción de la fortaleza física y la resiliencia o la competencia social. Al verse privados del riesgo, son más adversos a él, lo que propicia que bajen el listón de lo que consideran desmoralizante o amenazante.

Considerarán que más tareas de la vida cotidiana superan su capacidad para manejarlas por su cuenta sin la ayuda de un adulto. No debería sorprendernos que las tasas de ansiedad y depresión crecieran rápidamente en los campos en cuanto llegó la iGen.

Irónicamente, la principal razón por la que los niños pasan menos tiempo practicando el juego libre es el temor poco realista, intensificado por los medios de comunicación, a los secuestros, y en general a la proliferación de padres helicóptero, lo que ha convertido a los niños en la generación más sobreprotegida de la historia.

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