Hace unos días os hablaba largo y tendido de cómo una actividad como la lectura era capaz de modificar nuestro cerebro mucho más de lo que sospechábamos, hasta el punto de que había diferencias sustanciales entre personas lectoras y no lectoras. De hecho, a ojo cubero, ese artículo os interesó tanto que creo que fue uno de los artículos máss twitteado y facebookeado de todo Xataka Ciencia: más de 1.700 tweets y más de 6.000 Me gusta en Facebook.
Por ello hoy vamos a hablar cómo la adicción a otra actividad, en este caso el uso de Internet, puede estar asociada con una estructura anormal de la sustancia blanca del cerebro (el conjutno de fibras que ocupa casi la mitad de nuestro cerebro).

Como muchos ya sabéis, en Estados Unidos se está impulsando una ley llamada SOPA (Stop Online Privacy Act, por sus siglas en inglés), a través de la cual se pretende defender los derechos de autor, regulando sitios que puedan publicar contenido sin los derechos de autor correspondientes. La ley le cedería al Departamento de Justicia de Estados Unidos las herramientas para criminalizar a los sitios web que alojen contenidos ilegales, que no cuenten con los permisos de autor.
Creeréis que una chimenea de píxeles que aparezca en el monitor de vuestro ordenador no contamina el medio ambiente tal y como lo hace la chimenea real de una factoría real funcionando a todo trapo. O que leer un libro en un dispositivo electrónico no puede generar contaminación tal y como lo hace un libro físico que huele a moho. Pero no es del todo cierto. Los bits también enrarecen la atmósfera, a su modo.
Una de las grandes ventajas de los 
Seguimos en agosto, el mes vacacional por antonomasia. Así que si estáis pensando en viajar a alguna isla paradisíaca para desconectar del mundanal ruido (pero sois incapaces de desprenderos de vuestras aficiones geeks), tal vez os gustaría saber qué isla dispone del mejor mejor acceso WiFi del mundo.