A pesar de la visión de muchas religiones y algunas ideologías en las que subyace la religión, el sexo no es sólo procreación. Tampoco es convencionalismo. Ni mucho menos debería ser “esto es lo normal o lo natural”.
Sin ir más lejos, el ejemplo que más me gusta es el de la nariz: la nariz no fue diseñada naturalmente para sostener nuestras gafas. Sin embargo, nadie se rasga las vestiduras si alguien se pone gafas. Usando el mismo razonamiento, buscar placer sexual con el sexo anal u oral porque “eso no fue diseñado naturalmente para esos fines” no es una razón de peso.
Del mismo modo, el hambre es la manera que tiene nuestro cuerpo de obligarnos a comer para sobrevivir. Pero igualmente hemos desarrollado la gastronomía o las cenas de empresa. Con el sexo ocurre algo parecido: los seres humanos, además de placer o reproducción, pueden tener otros muchos motivos para tener sexo, tan lícitos como los primeros o los que vienen de fábrica.
En el estudio más amplio jamás realizado al respecto, presentado recientemente en Archives of Sexual Behavior, se ha enumerado un total de 237 razones para tener relaciones sexuales.

¿Entonces, la parte genética de la homosexualidad a qué gen en concreto se debe? El comportamiento humano complejo no puede atribuirse a un único gen sino a muchos genes sino a un factor poligénico: la variación en múltiples genes es la responsable del componente heredable del rasgo. Esto también ocurre con la orientación sexual.
Existe una fuerte reticencia, sobre todo entre creyentes de orientación conservadora y algunos otros en el extremo de la derecha política, hacia cualquier investigación que sugiera que la orientación sexual tiene un componente biológico, sea éste de orden genético o epigenético, o guiado por señales biológicas que no están determinadas genéticamente como, por ejemplo, los niveles de hormonas en el feto. Para ellos, la orientación sexual surge de la educación o de las influencias externas.
Una persona nace hombre o mujer dependiendo de si sus cromosomas sexuales son XY o XX. Los órganos sexuales también ayudan a identificar a los machos de las hembras. Pero la identidad sexual es un proceso un poco más complejo, donde también intervienen procesos socioculturales.
En muchos sectores políticos, e incluso científicos, se postula que la manera idónea de criar a un niño es la familia clásica, compuesta por un padre y una madre heterosexuales. Sin embargo, ¿hasta qué punto el desarrollo de un niño se verá resentido si no crece en el seno de una familia aparentemente ideal?
Mucho se ha escrito de la existencia de la homosexualidad, la masturbación o el adulterio desde el punto de visto psicológico, biológico y hasta sociológico.
Si hemos de defender nuestras convenciones, nuestros sistemas éticos y nuestras leyes, pues, no es buena idea hacerlo en base a cómo afrontan los demás animales los dilemas que les salen al paso. Porque los animales no son buenos y los humanos son malos. Ni tampoco los animales son malos y los humanos son buenos.
Como todo el mundo sabe, o debería saber a estas alturas, el logotipo de Apple Inc.
Lo venden como el mayor estudio encaminado a encontrar la causa genética de la homosexualidad y lo realizan varias universidades de Chicago. Para realizarlo necesitan 1000 parejas de hermanos gays entre los que comparar su genoma.