El ser humano, en su intento de descender bajo la tierra, no ha llegado demasiado lejos. Por supuesto, debo omitir Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne. Desciende por el cráter del Snaefellsjökull cuando la sombra de Scartaris lo acaricie, antes de las calendas de julio, viajero audaz, y llegarás al centro de la Tierra, dice Verne. Lo cierto es que si os asomáis al Snaefellsjökull, no distinguiréis más que el fondo del volcán, poco más.
Sin embargo, bajo nuestros pies hay más vida que sobre la superficie del mundo. Algunos científicos estiman que podrían existir hasta 100 billones de toneladas de bacterias viviendo bajo nosotros, en lo que se conoce con el pomposo nombre de ecosistemas microbianos litoautótrofos subterráneos. Así que, a pesar de que Thomas Gold, de la Universidad de Cornell, ha calculado que todas las bacterias del interior del mundo se colocaran en la superficie se cubriría el planeta hasta una altura de 15 metros, apenas sabemos con certeza lo que hay allí abajo.


Un agujero verdaderamente profundo debe ser artificial. El agujero más profundo que se haya perforado nunca tiene 13 kilómetros y está en Rusia, en la Península de Kola. Es un hoyo excavado en 1962 como proyecto científico, cuyo objetivo era el de alcanzar una capa muy profunda de la Tierra. Una excavación que reveló no pocos hechos insólitos, como que el agua, a esta profundidad, permanece en estado líquido, o que la temperatura se incrementa con la profundidad en una proporción mayor de lo que se creía.
Astrónomos de la Universidad de Minnesota han anunciado el hallazgo de un enorme agujero en el Universo, en una región en la constelación de Eridanus, al suroeste de Orion, a 1.000 millones de años luz de la Tierra.