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Genoma, sobre todo, está orientado a lectores profanos, y serán estos los que más tendrán que recalibrar sus creencias respecto a muchas cuestiones que creían intocables. Por ejemplo, aceptando que la influencia paterna en nuestra educación es prácticamente nula (salvo la instilada mediante la herencia genética). Que el lenguaje está prefigurado en nuestra mente incluso antes de nacer. Que nuestra salud y nuestro corazón está a merced de nuestra posición en el mundo laboral: cuanto más escalemos en la pirámide jerárquica, mejor salud coronaria tendremos.
O que las moscas de la fruta pueden decirnos mucho acerca de lo que es la inteligencia.
Así que ya os podéis imaginar que este libro nos ha inspirado para artículos muy interesantes sobre genética, como ¿Eres met-mets, val-vals o met-vals? o Breves apuntes sobre la inteligencia humana (y las trompas de elefante).
Matt Ridley, el autor, es periodista especializado en ciencia y ha colaborado en publicaciones como The Economist o el Daily Telegraph, y actualmente preside el Internacional Centre for Life, dedicado a la difusión de la ciencia. Y eso se nota.
No sólo porque Ridley es capaz de explicar lo difícil de una forma inteligible y divertida, incluso con medidos chascarrillos (como el de su biografía, donde dice que ha combinado con ingenio sus cromosomas con la neurocientífica Anya Hurlbert para producir dos seres completamente humanos), sino, sobre todo, porque también es capaz de explicar lo que muchos lectores habituales de divulgación científica ya han leído muchas veces de una manera tan brillante y llamativa que todo parece recién desprecintado.
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