La policaprolactona (PCL) es un poliéster alifático biodegradable con un bajo punto de fusión de alrededor de 60°C y una temperatura de transición vítrea de alrededor de -60°C. Frecuentemente es usado como aditivo para otros polímeros. Al tener un bajo punto de fusión, es utilizado como un plástico capaz de ser moldeado a mano, útil para la fabricación de prototipos, reparación de piezas plásticas y confección de artesanías. En este último ámbito es donde resulta más divertido.

Por ello, algunos nombres de marca comerciales usados ​​que usan este material son Hand Moldable Plastic, Mold-Your-Own Grips, Simple-Plastic, InstaMorph, Shapelock, Missing Link y Friendly Plastic en los Estados Unidos, Polymorph en el Reino Unido, Plastimake en Australia, Protoplast en los Países Bajos, Plastiform en Francia y Plastypoly en España. En el vídeo que podéis ver a continuación observaréis hasta qué punto se puede llegar con pequeños modelados, fabricación de piezas, reparación de objetos de plástico... como si fuera un material de ciencia ficción.

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Cada vez hay más investigadores que sugieren que la inteligencia desempeña un importante papel en las estrategias del engaño, incluso en otras especies no humanas.

Por ejemplo, entre los monos hay una correlación entre el tamaño del necórtex y el uso del engaño táctico en la naturaleza, categoría que comprende cualquier clase de engaño que pueda ofrecer alguna ventaja evolutiva.

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El 1 de agosto de 1966, un hombre llamado Charles Whitman subió en ascensor hasta la planta superior de la Universidad de Texas, en Austin, desenfundó un rifle y empezó a matar gente sin ton ni son. Incluso mató a una mujer embarazada, y luego a las personas que intentaron asistirla. Antes de que lo abatieran, Whitman también mato a los conductores de ambulancias.

Pero la historia, después de investigarse, acabó siendo más macabra: aquella mañana, Whitman había matado antes a su madre y a su mujer. En una nota de suicidio escrita horas antes por Whitman se leía que, aún considerándose un hombre inteligente, había alguna razón que no sabía definir que le impulsaba a matar a toda la gente que estaba a punto de matar.

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La primera vez que comí sushi no vomité a pesar de que pensar en el sushi me producía arcadas. La razón no fue otra que mi ignorancia: ignoraba totalmente que en la ensalada que estaba comiendo había fragmentos de sushi, así que aquella ensalada me pareció correcta. Sin embargo, la segunda vez que comí esa ensalada, ya sabedor de que había sushi, sufrí arcadas. (Ahora adoro el sushi, no sufráis).

Esta pequeña anécdota ejemplifica hasta qué punto lo que pensamos influye en el sabor de las cosas. Las expectativas previas influyen poderosamente en la visión de los acontecimientos posteriores, incluidos los que competen a nuestras papilas gustativas. Este efecto también se produce en el consumo de cerveza.

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La edición de 2015 del proyecto U-Ranking, desarrollado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), señala que la universidad pública destaca en producción investigadora mientras que la privada lo hace en producción docente.

U-Ranking estudia 59 universidades españolas (que representan al 95% del alumnado español) en tres rankings que miden la productividad docente, la investigadora y la de transferencia tecnológica. Por primera vez, la iniciativa incluye a 11 universidades privadas.

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Post Modern Skateboard pretende ser un monopatín revolucionario (y un medio de transporte revolucionario) en el sentido de que ni siquiera tiene tabla. Es decir, que no parece un monopatín. El usuario debe introducir sus pies en sendas ruedas y ejecutar movimientos sinuosos que recuerdan al de una serpiente.

El diámetro de las ruedas es de diez pulgadas, y el peso máximo soportado por la Post Modern Skateboard es de 90 kg. El sitio oficial señala que su precio asciende a 99.95 dólares, y con garantía de por vida. En el siguiente vídeo podéis verlo en acción:

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Distinguir el placebo es algo que escapa a la comprensión humana individual. Por eso se llevan a cabo complejos ensayos aleatorios (personas de distinta condición) y de doble ciego (ni el paciente ni el médico saben si están prescribiendo un placebo o una medicina real). Por eso el “pues a mí me funciona” es una frase casi medieval que no aporta ningún conocimiento fiable sobre la eficacia de una terapia.

Y también, por eso, incluso personas aparentemente sabias (pero que ignoran el funcionamiento del placebo, los ensayos de doble ciego o el simple método científicos) creen en terapias que nunca han superado al placebo. Dostoievsky, por ejemplo, dijo “las medicinas alternativas y naturales son las más potentes”. Y Gandhi: “La homeopatía permite curar a más personas que cualquier terapia”.

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Anouk Wipprecht es una diseñadora holandesa que ha concebido este aparatoso traje que recuerda a una araña gigante ligeramente electromecánica, como esos exoesqueletos de pesadilla que diseñaba H. R. Giger (el creador de los híbridos de carne y metal que eran los Aliens).

Este traje tiene incorporado un exoesqueleto confeccionado con piezas impresas en 3D: un total de 2.500 piezas. También dispone de sensores que monitorizan el estado de ánimo de su portador. Así, si la persona se pone tensa, las patas del traje se ponen erectas.

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El eclipse solar de ayer fue todo un acontecimiento, particularmente seguido desde Svalbard y las islas Feroe, donde el sol quedó completamente oculto. Satélites como Proba-2 de la ESA han tenido el mejor de los escenarios para captar este espectáculo astronómico. Arriba tenéis una imagen de cómo se veía desde Europa, y más abajo un vídeo de cómo se veía desde el espacio.

En el vídeo podemos observar cómo el minisatélite Proba-2 ha usado su generador de imágenes SWAP para grabar a la Luna pasando por delante del Sol. El instrumento SWAP observa el disco solar en longitudes de onda del ultravioleta extremo, detectando la turbulenta superficie del Sol y su corona.

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El otro día fui a un buffet libre que era el Año Cero de la evolución de la gastronomía. Todo está lleno de bandejas de menjunjes irreconocibles o mezclas casi cristalizadas (por el tiempo que llevaban hechas). Todo tenía aspecto de haber sido regurgitado hace una semana por una criatura infernal.

Sin embargo, había gente que llegaba, llenaba su plato con todo lo que podía y se obligaba a comer como si aquello fuera un restaurante con un puñado de estrellas Michelín. Estoy convencido de que aquella comida no sabía bien para nadie, pero no importaba: se la zampaban como si no hubiese mañana. ¿Qué extraño embrujo obraba para que los comensales estuvieran dispuestos a comer algo que haría vomitar a una cabra?

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