Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
No parezco yo precisamente el típico que se siente a gusto en mitad de un crisol de culturas, el que disfruta sobremanera en los baños de masas, el que se abre sin remilgos ante cualquier fulano con un chirlo en la cara, el Corán entre las manos o una costumbre ancestral, antediluviana y carpetovetónica. Y, además, solo me acerco a la gran ciudad de vez en cuando, en plan Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí.
Con todo, a pesar de mi ostracismo autoimpuesto, me sulibeya asimilar neuronas de cerebros geniales o extraños. Ojalá fuera tan fácil como en La mujer explosiva, que para proporcionar mayores conocimientos a una computadora, los protagonistas se limitan a escanear una fotografía de Albert Einstein, y la computadora informa con tono de impresora matricial: “escaneando el cerebro”. Esa tecnología surrealista la suplo leyendo libros, surfeando por Internet o yendo a la ciudad a charlar con gente de verdad (Paco Martínez Soria coming to town).
Es decir, que mi tesis es que las ideas no se producen exactamente en nuestros cráneos individuales, sino en diversos hábitats que apoyan o fomentan las grandes ideas, sobre todo si estamos conectados con otras mentes.
Leer más