En un rancho del estado de Oregón, en Estados Unidos, un tal Bhagwan Shree Rajneesh, maestro espiritual hindú, fundó una comuna en la se vivía con arreglo a sus propias leyes. Bhagwan Shree Rajnees (que más tarde se haría llamar Osho, para facilitar las cosas) era una suerte de gurú que en la década de 1980 alcanzó bastante popularidad en Estados Unidos, incluso entre las clases más pudientes.
Tanto es así que acumuló una pequeña fortuna que le permitió dar rienda suelta a sus disparates. Sus enseñanzas promulgaran la pobreza material como forma de elevación espiritual, pero él se hacía fotografiar con toda clase de riquezas y conducía coches Rolls Royce (llegó a tener 94 y tenía planeado llegar a los 365, uno para cada día del año). Según él, esta ostentación no era para beneficio propio sino para lanzar provocaciones al materialismo de la sociedad americana. Algo así como organizar un genocidio para reivindicar que se suprima la pena de muerte.
Lo sorprendente es que sus seguidores se lo creían. Como también se tragaban todas sus extravagantes enseñanzas sobre el sexo abierto y sin complejos, que convirtieron la comuna en una especie de Sodoma y Gomorra a ojos de las localidades vecinas, que cada vez se mostraban más recelosas de la secta.
Lo que había comenzado siendo una humilde comuna de agricultura orgánica, pues, pasó a convertirse en algo mucho más serio. En tres años de existencia, la comuna ya era de pleno derecho una ciudad, aunque inicialmente el terreno era calificado de rural. Y es que esta pseudociudad tenía 7.000 habitantes, disponía de su propia policía (la Fuerza de Paz de Rajneeshpuram) y cuerpo de bomberos, restaurantes, centros comerciales, transporte público, depuradora de agua, embalse y hasta su propio aeropuerto, que contaba con una pista de aterrizaje de un kilómetro.

Con muchas ganas de echarle el guante al último libro del psicólogo cognitivo Steven Pinker, “The Better Angels of Our Nature: The Decline of Violence in History and its Causes” (Los ángeles nobles de nuestra naturaleza: El declive de la violencia en la historia y sus causas), un tomo voluminoso donde argumenta y aporta datos sobre una idea que ya ha reflejado en varios de sus libros y conferencias (que la humanidad es cada vez menos violenta, sobre todo en el entorno urbano), me he topado esta mañana con una noticia que contradice la tesis de Pinker: se ha percibido un incremento sustancial de violencia en el mundo, pero de la vinculada a la religión.
Thomas Jefferson (1743 — 1826) fue el tercer presidente de los Estados Unidos de América, ocupando el cargo entre 1801 y 1809.
La idea de que la gente religiosa es especialmente altruista y da a quien lo necesita está tan enquistada en nuestra cultura que nadie la cuestiona. Sin embargo, hay una serie de investigaciones que ponen en duda si ese altruismo es tan generalizado como parece.
John Allen Paulos es mi divulgador de matemáticas favorito. A lo largo de los años, me ha enseñado a usar las matemáticas en la vida cotidiana: leer las noticias y averiguar cuáles son falsas o están amplificadas, calcular riesgos, poner las cosas en perspectiva, entender que el anumerismo es un problema galopante, etc. Y además es divertido, el tipo es divertido.
A pesar de la idea oscura y tenebrosa que todos tenemos de la Edad Media, con su Inquisición o la Peste, lo cierto es que en esta época también hubo vislumbres de genio y ciencia. Por ejemplo, se inventó el botón, las gafas o los espejos. Y alrededor del año 1000, incluso nació el que sería tal vez el primer científico europeo.
Un de los libros más célebres que retrata cómo el humor es el gran enemigo del dogma (el dogma es una estructura que no puede evolucionar ni cambiar por definición, así que en el fondo es extremadamente débil a las críticas o los ridículos) es El nombre de la rosa, de Umberto Eco.
He de admitir que la obra que nos ocupa, La diversidad de la ciencia: una visión personal de la búsqueda de Dios, no es lo mejor de Carl Sagan. Y es que estamos ante una obra póstuma, publicada en conmemoración del décimo aniversario de la muerte de Sagan. La esposa de Sagan, Ann Druyan, ha recopilado una serie de conferencias emitidas por el astrónomo en 1985, las prestigiosas Conferencias Gifford, que se celebran en Escocia anualmente desde el siglo
¿Si no existiera la religión habría que inventarla? ¿Seremos mejores si nos prometen algo a cambio? ¿Las personas creyentes son más buenas que las no creyentes? ¿Alguien que va a misa y se azota la espalda en semana santa es mejor persona el resto del año? Como dicen desde algunas tribunas, ¿estamos perdiendo los valores o… simplemente están sustituyéndose por otros?
Bajo el subtítulo “De la ingenuidad al fraude científico” se presenta Voodoo Science, que aquí se ha traducido como Ciencia o vudú; una traducción poco afortunada, pues este entretenido ensayo no trata de la dicotomía entre la ciencia y el vudú sino del análisis de un tipo de ciencia, la vudú, que usando maneras científicas trata de vender postulados no demostrados o fraudes como ciencia oficial.