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No te obligues a creer en Dios o el sinsentido de Pascal

No te obligues a creer en Dios o el sinsentido de Pascal
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Una de las historias de ficción más vibrantes que he leído acerca de la fe que muchos profesan a deidades de las que emanan códigos de conducta y castigos o premios en forma de infierno o cielo es un cuento corto de Ted Chiang, incluido en su antología La historia de tu vida, cuyo título es El infierno es la ausencia de dios (Premio Hugo a la mejor novela corta, Premio Locus y Premio Nebula a la mejor novela corta).

En el cuento, Chiang parte de la premisa de que la mitología judeocristiana es real, que los ángeles existen de verdad, y el puñado de contradicciones diarias que eso generaría. De momento, no conozco ninguna noticia de que tal cuento vaya a adaptarse a la gran o pequeña pantalla, pero no me extrañaría que algún día lo hiciera: primero porque es una obra magistral, segundo porque otros de los cuentos de la antología será adaptado al cine por Denis Villeneuve (conocido por Prisoners).

Todo esto viene a cuento porque, si bien soy consciente de que la mente humana es capaz de autoengañarse con una facilidad pasmosa, aún me cuesta entender a la gente que cree que existe un Creador que monitoriza todas nuestras actividades diarias (desde limpiarnos el culo hasta confesar un secreto a un amigo) a fin de dictaminar si merecemos la condena eterna (lo de limpiarse el culo no es baladí: algunos intérpretes bíblicos sostienen que la penetración anal es pecado, de modo que al limpiarnos debemos evitar la tentación, y eso debe ser escudriñado por el Creador de muy cerca).

Pero aún hay otra cosa que me parece más difícil de entender: los que sostienen que, bien, quizá el Creador no existe, pero no está de más comportarse bien (como si existiera) a fin de que (de existir) accedamos al Cielo y no al Infierno.

Blaise Pascal 13

Por indecorosa que pueda resultar esta treta, ya fue formulada en el siglo XVII por el matemático y filósofo Blaise Pascal: “Sopesemos la ganancia y la pérdida al apostar por la existencia de Dios. Si ganas, lo ganas todo; si pierdes, no pierdes nada. Así pues, apuesta sin vacilar por su existencia”.

Soy un defensor del pragmatismo, pero la apuesta de Pascal es tan superficial que no concibo que fuera capaz de formularla: ¿acaso Dios no se dará cuenta de que estás creyendo en él por interés o pragmatismo?

Por si esto fuera poco, la apuesta no tiene en cuenta el hecho de que nos estemos equivocando de fe y de código moral asociado: hay muchas religiones en el mundo y casi todas castigan a los infieles, ¿cómo saber a cuál rendir culto?

Ted Chiang, en un simple cuento, profundiza mucho más en las implicaciones de creer en un Dios que la apuesta de Pascal. Con todo, todavía existen muchas personas que repiten como loros que lo dijo Pascal. No advierten las contradicciones internas, ni siquiera la superficialidad de la idea. Chiang, en un simple cuento, deja a Pascal como un simple generador de aforismos para compartir por Facebook.

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