
Como os prometí, en esta entrega vamos a hablar sobre cómo se produce la separación de cargas en una nube de tormenta. En realidad, este es un proceso que no se comprende del todo bien, lo que voy a explicar aquí es la hipótesis probablemente más aceptada por la comunidad científica. Pero no me peguéis si algún día se descubre que esta teoría era incorrecta (o si alguien lo ha descubierto ya, y yo no me he enterado).
En el interior de la tormenta se producen fuertes corrientes ascendentes, que arrastran las pequeñas gotas de agua que forman la propia nube. Al subir, estas gotitas se enfrían muy rápidamente, hasta varias decenas de grados bajo cero.
Todos pensaríamos que a tan bajas temperaturas el agua se congelaría de forma instantánea. Pero no tiene porqué ser así. El cambio de fase se desencadena sí se produce una perturbación. Esto ha pasado en algunos sótanos inundados bajo cero, lo que llamamos agua sobre-enfriada: al intentar entrar una persona, el agua se congela rápidamente al rededor de sus pies, atrapándolo.
En el caso de las gotas sobre-enfriadas en el interior de la nube de tormenta, esta perturbación se puede producir por la presencia de una partícula de polvo llamada núcleo de condensación (en cuyo caso, la gota se convertirá en un copo de nieve, o de granizo), o bien por la colisión de la gota con un cristal de hielo previamente formado.



El LIDAR (Light Detection and Ranging) es un sistema activo, montado normalmente sobre aviones o helicópteros, basado en un sensor que lleva a cabo la emisión de un pulso láser y la medida del tiempo que tarda dicho pulso en llegar a la superficie y volver al punto de emisión. Estos pulsos van desde la luz ultravioleta a la infrarroja, variando su longitud de onda entre 500 y 1500 nanómetros .
Según informa el Centro de Ambiente Espacial de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el comienzo del Ciclo 24 de tormentas solares, que dura unos once años, se producirá un año antes de lo previsto. 