El 8 de julio de 1811, unos agricultores de la localidad de Berlanga de Roa, en Burgos escuchaorn un rudio similar a un cañonazo. El ruido se confundió entre la barahunda reinante, y es que nuestro país se encontraba invadido por los ejércitos de Napoléon Bonaparte. Sin embargo, no era un cañonazo, sino un meteorito. El fragmento sorprendió incluso a las tropas francesas que se encontraban en el lugar, obligándolas a cambiar su marcha.
El Meteorito de Berlanguillas, que así fue bautizado, fue arrebatado a los labriegos que lo encontraron por José Bonaparte, el hermano de Napoleón, que, al percatarse del incidente, envió a sus hombres a recoger aquel pedazo de cuerpo celeste (en realidad una piedra de color grisaceo), almacenándose en el Museo de Historia Natural de París, donde se conserva actualmente el mayor pedazo del resto. Y otro trozo fue donado al observatorio del vaticano, que lo sigue teniendo en su colección.

Vamos a quitarnos el sombrero de mago con bola de cristal y, en vez de lanzar agoreros e insustanciales anuncios sobre el fin del mundo, afrontemos con datos científicos de qué formas puede acabarse realmente el planeta en el que vivimos, sobre qué fecha se calcula que pase (tranquilos, son fechas remotas, y en cien años, todos calvos):
El museo de Historia Natural de Londres, Inglaterra, compró un meteorito extremadamente raro que se cree puede ayudar a desvelar algunos de los misterios de la formación del sistema solar. Hasta el momento los científicos tenían un acceso muy limitado a la roca, pero ahora el museo permitirá que se realicen mayor cantidad de estudios. La compra fue realizada en NuevaYork , a un coleccionista privado y se estima que el meteorito de 4,5 mil millones de años puede valer hasta U$500 mil (unos 320 mil euros.)

El fenómeno de Las Perseidas es la lluvia de estrellas más popular del año, pero no la única, ni siquiera la más espectacular. Como muestra, el 1 de septiembre, los astrónomos volverán a levantar la mirada hacia el cielo para observar otros meteoritos.