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epistemología

No entiendo nada de lo que dices o las conclusiones del Círculo de Viena

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En las universidades se estudian a filósofos que escriben de una manera tan complicada que no se entiende nada. ¿No me creéis? Como muestra, un botón:

El sonido es el cambio en la condición específica de la segregación entre las partes materiales y la negación de esta condición; meramente una abstracción o una idealidad ideal, como si dijéramos, de dicha especificación. Pero este cambio, por tanto, es en sí la negación inmediata de la subsistencia específica; que es, por tanto, idealidad real de gravedad y cohesión específicas, es decir, calor. El calentamiento de cuerpos sonoros, al igual que el de los golpeados o frotados, es la aparición de calor, originado conceptualmente junto al sonido.

Este fragmento corresponde a Hegel.

Hegel escribe una jerga que no tiene sentido fuera de un café parisino muy chic, o del departamento de humanidades de una universidad particularmente aislada del mundo real (el fragmento, por cierto, ya fue en su día denunciado por oscuro por parte del filósofo de la ciencia Karl Popper, que sí escribe clarito aunque ofrezca pensamientos más complejos que Hegel)

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[Libros que nos inspiran] 'Imposturas intelectuales', de Alan Sokal y Jean Bricmont

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Mucha gente cree que la ciencia es sólo una actividad. Mirar por el telescopio o el microscopio, elaborar hipótesis, hacer estudios y, en general, vestir con bata blanca, los pelos disparados hacia todas direcciones y rozando al límite el síndrome de Asperger.

Pero la ciencia es algo más. También es una forma de pensar, de enfocar un problema. La ciencia es un sistema para superar las trampas de la lógica y los errores naturales de nuestro cerebro a la hora de interpretar la realidad. La ciencia es, sobre todo, una especie de juez implacable, un chequeo perpetuo para que nunca idea demasiado subjetiva o contaminada de dogmatismo permanezca anclada en un juicio intelectual. La ciencia es, por tanto, una herramienta extramental, la herramienta más objetiva concebida por el ser humano a fin de conocer cómo funciona la realidad.

Leer un libro como éste, del físico Alan Sokal, te permite entender qué eso es la ciencia, sobre todo lo demás. Y también te permite descubrir que muchas otras disciplinas no científicas (sobre todo del mundo de las humanidades más pedante y pomposo) intenta apropiarse de la objetividad científica con los fuegos de artificio más inanes: su terminología. Por eso este libro se titula Imposturas intelectuales.

No en vano, Imposturas intelectuales nos inspiró para artículos como: ¿Sigue teniendo la filosofía algún sentido en la era de la ciencia?

El origen de este libro es una broma. Debido a que cada vez más sectores pertenecientes al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado la filosofía posmodernista de rechazar más o menos explícitamente la tradición racionalista de la Ilustración, arguyendo que la ciencia no es más que una “narración”, un “mito” o una construcción social, los autores quisieron comprobar hasta donde podían llegar si ellos también adoptaban esta postura.

Por ello, Alan Sokal, presentó una parodia de trabajo que ha venido proliferando en los últimos años a una revista cultural norteamericana de moda, Social Text. El título de este artículo fue “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”. Un título que incluso era sencillo en comparación con el cuerpo del artículo, que no era más que una sucesión de absurdos, faltas de lógica y mucha palabrería científica tan del gusto de los que no tienen mucha idea de ciencia. (Al final del libro, por cierto, se transcribe el artículo completo y se analizan las trampas punto por punto).

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[Libros que nos inspiran] 'Dios no es bueno' de Christopher Hitchens

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Como os explicaba en ¿Los científicos creen generalmente en Dios?, los científicos, a medida que incrementan sus conocimientos y su excelencia, se apartan de las sendas más trilladas de la fe o directamente se adscriben al ateísmo (o a un deísmo inocuo o a un panespiritualismo incompatible con las religiones tradicionales, como señala el físico Alan Sokal).

Y, además, según Christopher Hitchens, las creencias irracionales tampoco son positivas.

Según Christopher Hitchens, la religión, cualquiera, no sólo es amoral, sino positivamente inmoral. Y esto no debe buscarse sólo en el comportamiento de sus fieles sino también en los preceptos que podemos leer en sus manuales de comportamiento. Sus delitos son, fundamentalmente: presentar una imagen falsa del mundo para los ingenuos y los crédulos, la doctrina del sacrificio de sangre, la doctrina de la expiación, la doctrina de la recompensa y/o el castigo eternos y la imposición de tareas y normas imposibles.

Pese a la apariencia beligerante, el autor jamás abandona el rigor. Sí que carga las tintas contra la fe, la doctrina, el sistema clerical y demás, se nota cierto enojo en sus palabras (cosa evidente si uno ha presenciado cosas como las que el autor ha visto en calidad de periodista por medio mundo), pero ello no empaña un discurso lleno de fundamento.

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Sin religión también somos buenas personas

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¿Si no existiera la religión habría que inventarla? ¿Seremos mejores si nos prometen algo a cambio? ¿Las personas creyentes son más buenas que las no creyentes? ¿Alguien que va a misa y se azota la espalda en semana santa es mejor persona el resto del año? Como dicen desde algunas tribunas, ¿estamos perdiendo los valores o… simplemente están sustituyéndose por otros?

El Premio Nobel de Física Steven Weinberg expresa de esta forma su parecer sobre los códigos morales que inculca la religión: “Con o sin religión, la gente buena hará el bien y la gente mala hará el mal, pero para que la gente buena haga el mal hace falta la religión”.

Como os señalaba en el artículo Basar la moral en la religión: un mal negocio, si en verdad la religión aportara códigos morales superiores a los innatos o a los que nacen de la civilización, entonces la población carcelaria, porcentualmente, no estaría compuesta por creyentes más que por ateos o agnósticos.

Cada vez poseemos más pruebas de que existen algo así como valores morales universales, independientemente de la religión hegemónica de la sociedad que escojamos estudiar. Por ejemplo, es famoso el estudio realizado por tres psicólogos de la Universidad de California, en Riverside, en el que cogieron a más de 400 estudiantes de los cursos iniciales de psicología y medicina de la misma universidad.

Sometieron a los estudiantes a diversos dilemas morales, tras haber respondido de forma anónima a un test sobre sus ideas acerca de temas polémicos como el aborto, la contracepción, la pena capital, la eutanasia o el uso de animales en la investigación médica, además de su filiación religiosa y sus datos sociodemográficos, incluyendo la raza a la que pertenecían.

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[Libros que nos inspiran] ‘Ciencia o vudú’, de Robert L. Park

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imageresbig.jpgBajo el subtítulo “De la ingenuidad al fraude científico” se presenta Voodoo Science, que aquí se ha traducido como Ciencia o vudú; una traducción poco afortunada, pues este entretenido ensayo no trata de la dicotomía entre la ciencia y el vudú sino del análisis de un tipo de ciencia, la vudú, que usando maneras científicas trata de vender postulados no demostrados o fraudes como ciencia oficial.

Así pues, Ciencia o Vudú es más que un libro de divulgación científica. Es una luz que despojará de sombras muchas ideas erróneas que, por casualidad, presión social, publicidad u otros agentes caóticos, han acabado cristalizando como verdaderas en la opinión pública. Y lo hace de una forma entretenida sin sacrificar el rigor.

El caso que más me ha impresionado por sus implicaciones ha sido el de la homeopatía. En pocas páginas, usando los conocimientos que hoy en día atesoramos, el autor logra demostrar que no hay ni una mínima prueba verificable de que la homeopatía surta efecto. Es más: los principios en los que se basa son imposibles, y si éstos acabaran siendo ciertos entonces deberíamos modificar una gran parte de la física y la química contemporanea para conseguir que encajaran de alguna manera.

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[Libros que nos inspiran] 'Romper el hechizo' de Daniel C. Dennett

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img.jpeg¿Qué decir de este libro? ¿Qué decir del autor, un afable filósofo con pinta de Papá Noel? Un filósofo, eso sí, con sólidos conocimientos en neurociencias. Como debe ser. Lo que puedo decir es que, además de haber sido la base para escribir muchos de nuestros artículos de pseudociencias y religión, Romper el hechizo de Daniel C. Dennett, es uno de los mejores libros que he leído para comprender por qué somos esencialmente crédulos y por qué es bueno dejar de serlo.

Algunos artículos inspirados por el libro: La inmoralidad de profesar una fe (I) o Algunos pensamientos de científicos escépticos (IV)

En una época en la que el laicismo intenta desplazar a la religión del ámbito público (reconocimiento del matrimonio homosexual, investigación biomédica, Educación para la Ciudadanía) y en la que numerosos libros sobre el ateísmo pueblan las listas de las novedades literarias, la lectura de Romper el hechizo es interesante en sí misma, se mantenga una posición creyente, agnóstica o atea. Porque el libro vindica el ateísmo, sí, pero el apabullante despliegue de teorías presentado por Daniel C. Dennett es capaz de enriquecer a toda clase de lector.

Daniel C. Dennett (Boston, 1942) es un filósofo de Harvard que se explica con claridad y cercanía, y además se ha preocupado de estudiar a fondo múltiples materias científicas para dar cuerpo a sus tesis, como las ciencias cognitivas, la inteligencia artificial o la memética, incluso ofreciendo a la comunidad científica significativos aportes en cuanto a la significación actual del darwinismo. En definitiva, la filosofía que practica Dennett es una filosofía ligada a la investigación empírica, la que en el próximo siglo revolucionará el conocimiento incluso en ámbitos que hace poco parecían exclusivos de las disciplinas humanistas.

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (y VII)

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Diversos estudios demuestran que los científicos, a medida que incrementan sus conocimientos y su excelencia, se apartan de las sendas más trilladas de la fe o directamente se adscriben al ateísmo (o a un deísmo inocuo o a un panespiritualismo incompatible con las religiones tradicionales, como señala el físico Alan Sokal).

Entre los miembros de la Academia Nacional de Ciencias, la creencia en Dios se desploma a un 7 %. Un 72 % no cree en Dios. Y un 21 % es agnóstico.

Lo que sucede es que públicamente resulta controvertido declararse como ateo (en EEUU, sería impensable, por ejemplo, ateísmo y presidencia de la nación). De manera que los científicos que se ganan la vida con su imagen pública no suelen ser demasiado taxativos en sus opiniones. Pero en encuestas privadas, los datos apuntan algo muy distinto.

Decía Thomas Szasz, profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en Nueva York, que “Si le hablas a Dios estás rezando; si te responde tienes esquizofrenia“.

Lo cual me lleva, para concluir esta serie de artículos, a uno de mis fragmentos favoritos corresponde a Richard Dawkins, biólogo evolutivo educado en la Universidad de Oxford, que emplea la siguiente analogía con una droga inventada llamada geriniol:

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (VI)

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El siempre taxativo Steven Weinberg, premio Nobel de Física, sostiene: “La religión es un insulto para la dignidad humana. Con o sin ella, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión.”

James Randi, (que cree que El Mago de Oz “es más creíble y más divertido” que la Biblia) creó en 1996 la Fundación Educativa James Randi (JREF). Esta organización intenta examinar las afirmaciones paranormales en condiciones controladas de experimentación.

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (V)

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La visión mayoritaria dentro de la escuela atea es que la existencia de dios no se puede demostrar ni refutar, y que por consiguiente la postura teísta cae por su propio peso, puesto que sus defensores deben afirmar que saben más de lo que puede saber nadie (no solo sobre la existencia de un creador, sino sobre lo que piensa del sexo, la alimentación, la guerra y otros temas).

Quizás en un exceso de atrevimiento, Victor Stenger plantea el argumento de que ahora ya sabemos lo suficiente para desechar por completo la hipótesis de dios:

Sin embargo, la ciencia sabe mucho más de lo que cree la mayoría de la gente. Por mucho que se hable de “revoluciones científicas” y “cambios de paradigma”, las leyes básicas de la física siguen siendo esencialmente las mismas que en la época de Newton. Se han ampliado y revisado, por supuesto, sobre todo con las aportaciones del siglo XX sobre la relatividad y la mecánica cuántica, pero cualquier conocedor de la física moderna deberá reconocer que algunas bases, especialmente los grandes principios de conservación de la energía y el momento, no han cambiado en cuatrocientos años. Los principios de conservación y las leyes del movimiento de Newton siguen presentes en la relatividad y la mecánica cuántica. La ley de la gravedad de Newton todavía se usa para calcular las órbitas de las naves espaciales.

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (IV)

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Para quienes todavía dudan de cuán diametralmente opuestas son superstición y ciencia, vale la pena leer la siguiente reflexión del profesor de filosofía y director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, Daniel C. Dennett, autor de libros tan iluminadores como Romper el hechizo:

¿Venero yo la medicina moderna? ¿La ciencia es mi religión? No en lo absoluto; no hay ningún aspecto de la medicina moderna o de la ciencia que estuviera dispuesto a eximir del más riguroso escrutinio, y puedo identificar fácilmente una gran cantidad de problemas serios que todavía necesitan ser resueltos. Eso es fácil de hacer, por supuesto, pues los mundos de la medicina y la ciencia están ya de lleno involucrados en las más obsesivas, intensivas y humildes autoevaluaciones hasta ahora conocidas para las instituciones humanas, y regularmente hacen públicas el resultado de estos autoexamenes. Mas aun, esta incondicional crítica racional, imperfecta como es, es el secreto del sorprendente éxito de estas empresas humanas. Hay mejoras medibles cada día.

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