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Mucha gente cree que la ciencia es sólo una actividad. Mirar por el telescopio o el microscopio, elaborar hipótesis, hacer estudios y, en general, vestir con bata blanca, los pelos disparados hacia todas direcciones y rozando al límite el síndrome de Asperger.
Pero la ciencia es algo más. También es una forma de pensar, de enfocar un problema. La ciencia es un sistema para superar las trampas de la lógica y los errores naturales de nuestro cerebro a la hora de interpretar la realidad. La ciencia es, sobre todo, una especie de juez implacable, un chequeo perpetuo para que nunca idea demasiado subjetiva o contaminada de dogmatismo permanezca anclada en un juicio intelectual. La ciencia es, por tanto, una herramienta extramental, la herramienta más objetiva concebida por el ser humano a fin de conocer cómo funciona la realidad.
Leer un libro como éste, del físico Alan Sokal, te permite entender qué eso es la ciencia, sobre todo lo demás. Y también te permite descubrir que muchas otras disciplinas no científicas (sobre todo del mundo de las humanidades más pedante y pomposo) intenta apropiarse de la objetividad científica con los fuegos de artificio más inanes: su terminología. Por eso este libro se titula Imposturas intelectuales.
No en vano, Imposturas intelectuales nos inspiró para artículos como: ¿Sigue teniendo la filosofía algún sentido en la era de la ciencia?
El origen de este libro es una broma. Debido a que cada vez más sectores pertenecientes al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado la filosofía posmodernista de rechazar más o menos explícitamente la tradición racionalista de la Ilustración, arguyendo que la ciencia no es más que una “narración”, un “mito” o una construcción social, los autores quisieron comprobar hasta donde podían llegar si ellos también adoptaban esta postura.
Por ello, Alan Sokal, presentó una parodia de trabajo que ha venido proliferando en los últimos años a una revista cultural norteamericana de moda, Social Text. El título de este artículo fue “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”. Un título que incluso era sencillo en comparación con el cuerpo del artículo, que no era más que una sucesión de absurdos, faltas de lógica y mucha palabrería científica tan del gusto de los que no tienen mucha idea de ciencia. (Al final del libro, por cierto, se transcribe el artículo completo y se analizan las trampas punto por punto).
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