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Dice Edward O. Wilson que las humanidades importan más que la ciencia

Dice Edward O. Wilson que las humanidades importan más que la ciencia
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Uno de los mejores libros que he leído nunca es Consilience: la unidad del conocimiento, del biólogo Edward O. Wilson. La tesis central del libro es que ciencias y humanidades deben unirse para ser más eficientes, y que ello implica, también, que las humanidades se "vuelvan más científicas".

Por ello, siempre intento leer todo lo cae en mis manos de Wilson. Sin embargo, ayer leí una reseña de su nuevo libro, The Meaning of Human Existence. Todavía no he leído el libro, pero si la reseña es acertada, entonces empiezo a preocuparme. Porque Wilson no solo parece haber desviado su tesis, sino que lo ha hecho hacia derroteros incomprensibles para mí: ahora señala que son las humanidades, y no las ciencias, lo que distingue al ser humano.

Por primera vez en la historia de la Universidad de Harvard, ahora hay más estudiantes de ciencias que de humanidades. Pero Wilson intenta imaginar qué pensaría un extraterrestre que nos visitara frente a nuestros avances científicos. Probablemente le parecerían anticuados u obsoletos, así que sentiría mucha más atracción por nuestro arte, la lenguas, las costumbres, prácticas económicas y sociales, es decir, el campo que estudia las humanidades.

La ciencia y la tecnología serán las mismas en todas partes, para cada cultura civilizada, subcultura y persona. Lo que seguirá desarrollándose y diversificándose hasta el infinito son las humanidades.

Insisto que no he leído el libro de Wilson, ni tampoco sus argumentaciones finas a este respecto. Pero, tal y como lo expone, me tengo que llevar las manos a la cabeza.

Anoche vi miles de millones de canales de TV

En una de mis series favoritas en la actualidad, Rick y Morty, concretamente en el 1x06 (Rixty Minutes), Rick modifica el aparato de televisión de casa para que no solo capte los canales de cable de la Tierra, sino los canales de todo el universo, y también de todas las dimensiones paralelas posibles. De repente, frente a ellos, a golpe de mando a distancia, se despliega un número infinito de canales de televisión en los que se muestran toda clase de cosas, desde interesantes hasta absurdas.

En algunas dimensiones, por ejemplo, los actores son mazorcas de maíz. En otras, los anuncios de televisión son absurdos o se venden cosas sin sentido, como una crema que no se sabe muy bien si sirve para limpiar o para ponerse cachas o para qué. En definitiva, tienen acceso a toda, absolutamente toda, la diversidad sociocultural posible en el universo y en todos los universos paralelos existentes.

Ello resulta entretenido, divertido, curioso, como ver un documental sobre alguna tribu perdida en el Amazonas. Anda, mira cómo lo hacen ellos. Anda mira, son tan ignorantes que han decidido hacerlo así. Anda, mira, pues a ellos les funciona: quizá es que su genoma es distinto producto de miles de años de proceso evolutivo, o quizá la presión social ha hecho mella en los instintos. Y así con todo. Lo irónico de todo ello es que todos los ejemplos de canales que aparecen en Rick y Morty han sido ideados por un puñado de guionistas humanos. No es un dato baladí: las culturas, las organizaciones, las creencias, los sistemas económicos, todo, está también diseñado por un puñado de personas.

Realidades simuladas

La única diferencia entre los canales multidimensionales de Rick y Morty y los documentales del Amazonas es que los segundos son reales, se están en funcionamiento, así que podemos ver realmente sus consecuencias, sin necesidad de imaginarlas. Pero... ¿no podríamos simularlas? Es decir, si unos extraterrestres llegan a nuestro planeta con un nivel de desarrollo tecnológico tal que todo lo que nosotros sepamos de ciencia les provocará bostezos, ¿acaso no tienen simuladores para probar toda clase de sistemas culturales? ¿Acaso no dominan la realidad virutal? ¿La inteligencia artificial? ¿Los videojuegos?

En definitiva, ¿qué interés tiene visitar a un panda de subdesarrollados para comprender cómo se las arreglan precariamente para sobrevivir entre mitos, ideas mal entendidas o parciales acerca de la realidad, y demás lagunas de ignorancia? Yo le veo un gran interés: el arqueológico, el histórico. Incluso el museístico. El comprobar descubrir de dónde venimos o cómo lo hicieron los que nos precedieron. Descubrir cuán equivocados pueden estar, por ejemplo, los cultos Cargo para no repetir sus falacias o su modo de pensar en nuestras vidas.

Con esto quiero decir que los supuestos extraterrestres se sentirán tan atraídos por nuestra ciencia como por el resto de nuestros rasgos culturales. Porque la ciencia también es cultura. Porque el progreso, de cualquier tipo, se funda en la prueba y el error y en una forma de pensar disciplinada, ordenada y sujeta a falsación, y eso no es algo exclusivo de la ciencia, sino de cualquier tipo de manifestación cultural. Por ejemplo, cuando vamos a comprar un coche usado estamos empleando, con nuestras preguntas y análisis, una suerte de método científico, de escrutinio racional y metódico. Cuantos más datos científicos dispongamos en nuestro acervo, más fácilmente llegaremos a razonamientos humanísticos que nos resulten útiles. A diferencia de los cultos Cargo, las tribus de las islas del Pacífico Sur que crearon mitos y religiones después de tener contacto con soldados estadounidenses que volaban en aviones. En vez de ponerse a investigar por qué volaban los aviones, respondieron a sus dudas con el dios de los agujeros.

Si nos fijamos exclusivamente en manifestaciones humanísticas en los que el razonamiento no tenga cabida, como determinadas expresiones artísticas, entonces de nuevo estamos regresando al capítulo de Rick y Morty: será interesante tener un museo con millones de variaciones de las obras de Pollock. Pero solo son manchas. Algo fácilmente reproducible en un algoritmo que genere todas las obras de arte posibles. No creo, sinceramente, que los extraterrestres estén interesados en eso (si es que operan a través de los mismos mecanismos psicológicos que nosotros, en caso contrario... a saber qué les interesa).

Si, por el contrario, el contacto extraterrestre se produce con una civilización no tan avanzada, entonces quizá sí que podríamos aliarnos técnica y científicamente para progresar juntos. En otras palabras: no es lo mismo que consigamos llegar a Júpiter y descubramos que está lleno de ciudades gestionadas por seres inteligentes que contemplar cómo viven los elefantes africanos. Con los primeros podemos interaccionar porque la ciencia es un lenguaje universal. Con los segundos, no, y nos parecerá interesante para rodar un documental para televisión.

La ciencia y la tecnología serán las mismas en todas partes, para cada cultura civilizada, subcultura y persona. Lo que seguirá desarrollándose y diversificándose hasta el infinito son las humanidades. (...) Promocionemos las humanidades, que son lo que nos hacen humanos, y no usemos la ciencia para hacer el tonto con esa fuente inagotable, el absoluto e inigualable potencial del futuro humano.

Es lo que dice finalmente Wilson. Es decir, que tengamos más canales de televisión para que los extraterrestres los miren con curiosidad. Y cuantos más tengamos, mejor. O dicho de otro modo: parece que si algo puede diversificarse y desarrollarse hasta el infinito es bueno, cuando puede ser un síntoma de justo lo contrario: de dar siempre vueltas frente a conceptos mal aprehendidos. Justo como les ocurre a los cultos Cargo. Y que usemos las humanidades porque nos hacen humanos (como si eso fuera bueno o deseable). Afortundamente, el colegio invisible ya se dio cuenta hace siglos de que todo el mundo es tonto, y necesita de la asistencia ciencia para mejorar su forma de entender el mundo y a él mismo: sólo así podrán construir edificios humanísticos sólidos.

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