
La relatividad de Galileo estuvo vigente durante un par de centurias. Pero a principios del siglo XX nos dimos cuenta que no casaba bien con algunas cosas. En particular, con el electromagnetismo.
Por aquel entonces el electromagnetismo era una teoría joven, pero arrancaba con fuerza cosechando éxitos impresionantes. Pero no se llevaba bien con las transformaciones de Galileo. En resumidas cuentas, simplificando mucho, sí un observador inercial realiza una observación sobre un fenómeno electromagnético e intenta usar las transformaciones para.averiguar el resultado obtenido por otro observador inercial diferente, resulta que fracasa estrepitosamente.
Dicho de otra forma, las ecuaciones del electromagnetismo son diferentes en cada sistema de referencia, lo cual es inaceptable para el principio de referencia. Además, nos crea el problema de tener que elegir qué sistema de referencia escoger. Durante algunos años se creyó que era debido a que había algún motivo por el que, en electromagnetismo, hay un sistema de referencia intrínsecamente mejor que los demás, rompiendo de raíz con el principio de relatividad. De esta forma, volvía el concepto de sistema de referencia.absoluto, pero esta vez sin estrellas lejanas.


Por primera vez, y después de cincuenta años desde que se planteó el proyecto, un experimento de la 
Estamos acostumbrados a las reliquias de índole religiosa (que si una astilla de la cruz de Jesucristo, que si un santo prepucio, etc.), pero no tanto a las reliquias científicas. Pero también las hay, y pueden llegar a ser tan esperpénticas como las religiosas.
Hasta ahora se creía que sólo los átomos podían hacerlo. Pero un grupo de físicos cuánticos ha logrado crear el primer condensado Bose-Einstein usando fotones.
Tengo un amigo que nunca terminó sus estudios (de hecho le cuesta leer con fluidez) y que cuando habla es algo dislálico, adoleciendo de un vocabulario irregular, donde se mezclan términos pedantes con vulgarismos. Pero lo peor viene cuando escribe. En ocasiones, la gente necesita una piedra Rosseta para descifrar sus jeroglíficos. Por ello, siempre me creí especial cuando estaba con él: yo era capaz de ver un sustrato interesante en aquel guirigay, decodificaba cierta clase de poesía en su jerigonza altisonante.
Viajar es como el elixir de la eterna juventud. El tiempo subjetivo parece pasar más lento y las experiencias que acumulamos equivalen a varias vidas de sendentarismo y monotonía.