El otro día os hablaba de diversos lugares del mundo que han sido colonizados por marcas comerciales como Mattel, Pepsi o Disney. Otros lugares aspiran a estar tan colonizados por las marcas comerciales como los anteriormente mencionados, pero las gentes que los habitan no disponen de los medios económicos suficientes para adquirir masivamente tales marcas. Así pues, estos lugares adoptan otras marcas diferentes, cualitativamente inferiores, mucho más baratas, fraudulentas en la mayoría de los casos, que sin embargo tienen una sonoridad casi idéntica a las originales.
Esta clase de lugares con marcas falsas (aunque marcas, al fin y al cabo) proliferan en África. La mayoría de los países de África no disponen de asociaciones de consumidores, y muchas poblaciones alejadas de las capitales, en las que existen escasos controles de calidad, los comerciantes se rigen por la filosofía de “hecha la ley, hecha la trampa”.
Un ejemplo es Lira, en Uganda, que posee un mercado importante, en constante crecimiento. Un mercado que no se circunscribe a las frutas, verduras u otros productos agrícolas, sino ofrece toda clase de productos, incluidos los electrónicos. Por ello no es extraño que en el mercado de Lira podamos encontrar calculadoras Casho u otros aparatos de la marca Panasoanic, Torshiba y demás variantes fonéticas que tratan de imitar a las marcas más importantes del mercado.
La mayoría de estos productos fraudulentos proceden de China, con lo cual muchos de los libros de instrucciones que acompañan a los aparatos electrónicos están escritos exclusivamente en mandarín. Un libro de instrucciones ininteligible al que sin duda acudiremos en cuando encendamos el aparato en cuestión: lo más probable es que no funcione o le falte un fusible.

Tenía un profesor que solía repetirnos que Coca Cola nos pudría los dientes, Disney nos pudría el cerebro y McDonald´s nos pudría el estómago. Quizá llevara algo de razón. Pero se estaba olvidando de muchas otras marcas colonizadoras, tanto de nuestros deseos como de las geografías que nos rodean.
Gracias al poder pecuniario se pueden generar lugares aristocráticos como Ghost Island. Situada en el archipiélago de las Caimanes, esta isla secreta es el lugar donde muchos ricos y famosos se retiran para siempre del mundo oficial, simulando para ello su propia muerte. Ghost Island no figura en ningún mapa, sólo en la novela 14,99 euros, de Fréderic Beigbeder. Allí los días transcurren envueltos en una calma chicha perpetua, sin otra cosa que hacer que mirar el cielo y el mar. Beigbeder la define así:
Tres economías dirigen el mundo. Son las ¥€$, las siglas del yen, el euro y el dólar. El dinero, además, es capaz de crear mundos fantásticos, sobre todo si abunda, como es el caso de la pequeña ciudad estadounidense de Tightwad (Tacaño), donde irónicamente nadie (según el censo de 2006) vive por debajo del umbral de la pobreza. La mayoría de sus habitantes, por supuesto, guardan sus fortunas en el Banco Tacaño (Tightwad Bank).
El consumo desaforado es capaz de concebir nuevos mundos regidos por reglas que, desde la comodidad de nuestro sofá, parecen haber sido inventadas por un escritor de novelas distópicas muy imaginativo, pero que existen gracias a nosotros, gracias a nuestra falta de imaginación a la hora de comprar las mismas cosas en los mismos sitios.
Superfreakonomics es la segunda parte de Freakonomics, que
Hacer negocios con alguien, sobre todo si ese alguien es un desconocido, siempre tiene sus riesgos. Debemos depositar la confianza en alguien que, en el fondo, sólo persigue el máximo beneficio individual. Y la cuestión es que nosotros también buscamos lo mismo.
Desde Xataka Ciencia siempre hemos sido muy críticos con el hábito de fumar, sobre todo con las informaciones que durante décadas le restaban importancia a la relación entre tabaco y salud
Los mundos virtuales son excelentes escenarios para hacer experimentos. Gracias a
Acostumbramos a poner el capitalismo bajo sospecha. El brillo fenicio del vil metal nos parece execrable. La gente con mucha pasta nos produce arcadas. Los mercados nos recuerdan a tiburones disputándose la pitanza pública. Identificamos a