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¿Quieres comprar una isla paradisíaca para ti solo?

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Gracias al poder pecuniario se pueden generar lugares aristocráticos como Ghost Island. Situada en el archipiélago de las Caimanes, esta isla secreta es el lugar donde muchos ricos y famosos se retiran para siempre del mundo oficial, simulando para ello su propia muerte. Ghost Island no figura en ningún mapa, sólo en la novela 14,99 euros, de Fréderic Beigbeder. Allí los días transcurren envueltos en una calma chicha perpetua, sin otra cosa que hacer que mirar el cielo y el mar. Beigbeder la define así:

En alguna parte de las aguas del Caribe, entre Cuba y Honduras, Dios espolvoreó las islas Caimanes. Se llega aquí en avioneta. La pista del aeropuerto de Little Cayman cruza su única carretera. El pueblo tiene 110 habitantes, sin contar a las iguanas. En Grand Cayman se cuentan hasta 600 establecimientos financieros con cuentas numeradas. Las Caimanes son una colonia británica dotada de un gobierno independiente y de 35.000 empresas off-shore inscritas en su registro comercial. Para llegar a Ghost Island, hay que embarcar en un taxi-piragua secreto.

Pero éste es un lugar inventado. Su equivalente real posiblemente sea Dubai. O Las Vegas, que describe así Miguel Ibáñez en su ensayo pOp cOntrOl:

Pesadilla de neón en tanga de pedrería. Bar Girls. Las Vegas Total. Elvis Presley zombificado se come un sándwich de plátano frito de media tonelada. Putas de lujo y máquinas tragaperras. Perras de lujo y máquinas tragaputas. Fort Knox del hedonismo estricto. Reserva material de Occidente. El nova-más del exquisito mal gusto americano…

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Porque Ghost Island sólo existe en el territorio de la imaginación, como la isla telúrica de los Perdidos del vuelo 815 de Oceanic Airlines. Pero la realidad supera la imaginación. Los ricos y famosos llevan años adquiriendo sus propias islas, aunque no finjan su muerte para escapar de los paparazzis (incluso, como sucede en La isla de los famosos, se exponen al medio público, aunque también sea cierto que son famosos venidos a menos).

En diversos sectores de la Tierra se localizan islas pequeñas, diminutas, casi manchas en las que el común de los mortales no repara, que sin embargo son puestas a la venta por agencias inmobiliarias. Islas por precios módicos (si los comparamos con un inmueble en el centro de alguna capital) para aspirantes a robinsones.

Como una isla circular del golfo de Corinto, a medio camino entre la península del Peloponeso y la Grecia continental, repleta de pinos y olivos y con una mediterránea playa. Es la isla de Athanasios, en Grecia, y se vende a 1.200.000 euros.

Rodeado de bosques y volcanes cubiertos de nieve, otra isla próxima al lago Calafquen, Isla Paraíso, a unos 700 kilómetros de Santiago, Chile, se vende a 800.000 euros. Y en el precio incluyen una casa de dos plantas.

La paradisíaca Vatu Vara Island, en Fiji, es vecina de la isla de Mel Gibson, y también de la isla donde se rodó la película Náufrago, en la que Tom Hanks hablaba con una pelota y hacía el indio cuando lograba encender un fuego. Según la agencia marbellí que la incluye en su catálogo, Vatu Vara Island es la isla más cara del mundo.

El archipiélago de Rangitoto, a treinta minutos en helicóptero de Nelson y Wellington, en Nueva Zelanda, alberga a Puangiangi, una de las pocas islas de la zona que puede comprarse: 2.810.366 euros.

Si lo que os gustan son los ambientes carcelarios, nada como hacerse con la única isla de la Bahía de San Francisco que no pertenece al Gobierno, Red Rock Island, una roca a salto de piedra de la civilización que, además, es vecina de la famosa Alcatraz: 14.500.000 euros.

La Isla Porcada, en Panamá, se puede adquirir por 3.298.708 euros, y en el precio se incluyen más de 400 hectáreas de terreno, una granja, una casa residencial de dos plantas y tres construcciones para servicio, además de una valla electrificada alimentada por energía solar.

Los aficionados a James Bond deberán desembolsar 2.228.500 euros para entrar a vivir en Bird Island, en Trinidad y Tobago, porque el creador literario de 007, Ian Fleming, fue el anterior dueño de la isla y dice que escribió allí algunos de los volúmenes de la saga.

Y así podría seguir indefinidamente, enumerando islas como Laguna Azul u Ola Blanca, en Belice, White Island, en Granada o Cerralvo Island, en México, una isla descomunal de más de 142 kilómetros cuadrados.

En definitiva, microcosmos de alta alcurnia, trozos de tierra lejos de todo, desvinculados por completo de las sociedades, sin puentes, sin caminos, extramuros de la civilización, como si sus residentes vivieran en otros planetas, en otras galaxias muy, muy lejanas. Los paraísos arcádicos están a la venta. Y están llenas de ricos y famosos adictos al bronceado y a la silicona.

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