Cuando viajamos a otro continente en avión y sufrimos jet lag, estamos en una situación delicada frente a las enfermedades (sobre todo gripes, resfriados y otras infecciones). Nada tiene que ver el avión ni el nuevo continente, sino el cambio horario, el haber dormido mal o a deshoras, que debilita nuestro sistema inmune.
Es lo que sugiere un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale y publicado en la revista Inmunity. De él se desprende que la eficacia del sistema inmune de nuestro organismo depende de su ciclo circadiano de 24 horas, es decir, del reloj biológico. Es decir, que a ciertas horas del día somos más vulnerables al ataque de los virus y las bacterias.
Se sabe, por ejemplo, que entre las 02:00 y las 06:00 de la madrugada las infecciones son más graves y el riesgo de mortalidad resulta mayor, sobre todo en unidades de cuidados intensivos (UCis) de los hospitales. Evitando la luz artificial para respetar el sueño de los enfermos en estas unidades, así como eliminando el ruido a ciertas horas, podrían evitarse muchas complicaciones, tal y como ha señalado el autor del estudio, el epidemiólogo Erol Fikring:


Buceando por Internet me he topado con este estudio llevado a cabo hace unos meses. Es un estudio con hamsters, y los seres humanos no somos hamsters. Pero los hamsters son mamíferos y nosotros también, y los estudios con ellos son un buen comienzo para apuntar pistas sobre cómo funcionamos nosotros. O un mal comienzo, a tenor de los resultados.
La mayoría de nosotros corre por el mundo con déficit de sueño. Dormir poco tiene consecuencias negativas para la salud y para nuestro rendimiento en el trabajo. Ahora un estudio sugiere que, además, nos hace feos.
El sueño es un proceso tan importante en el ser humano como la vigilia. Tanto es así que uno de los métodos más efectivos de tortura consiste en la privación del sueño. Andrew Hogg, de la Medical Foundation for the Care of Victims of Torture del Reino Unido, afirma que “es una forma tan estandarizada de tortura que prácticamente todo el mundo la ha utilizado en un momento u otro”.
Cada vez más, los estudios relativos al sueño confirman que dormir es mucho más importante para lo que se pensaba. Y no sólo para consolidar la memoria, o para ir descansado por la vida, o para evitar riesgos laborales.