Hace un tiempo os explicaba algunas intimidades de los astronautas, por ejemplo, cómo practicaban sexo (o cómo era su kamasutra espacial), Por qué los astronautas pierden a veces sus uñas o de dónde sale el oxígeno que respiran los astronautas en las estaciones espaciales.
Incluso os desvelé cuán difícil es silbar en el interior de un traje espacial. Sí, por muy contentos que estéis, por muy laboriosa que sea vuestra tarea durante una EVA (Extra-Vehicular Activity), lo tenéis difícil si queréis llamar a Pepito Grillo. Silbar es muy difícil debido a la baja presión interna del traje. Con todo, esta dificultad se encuentra sobre todo en los trajes diseñados por los estadounidenses: en los trajes de cosmonauta ruso se puede silbar sin demasiado esfuerzo. Eso es debido a las distintas presiones operativas de los trajes: 30 kPa para los EMU de la NASA y 40 kPa para los Orlán rusos.
Hoy, sin embargo, toca hablar de música. Concretamente de la música que escuchan los astronautas. Para ello, nada como sumergirse en la tracklist que ha dado a conocer la Agencia Espacial Europea (ESA): todos los temas musicales que han acompañado a los astronautas desde que comenzaron los vuelos espaciales tripulados. Aunque el vals del Danubio Azul de Johann Strauss recuerda la clásica escena en la película 2001: Odisea del espacio, la primera canción que se escuchó fue una melodía hawaiana a bordo de la nave Gemini 7, en diciembre de 1965.

Darse un garbeo por el espacio exterior debe de ser una de las experiencias más vertiginosas de la humanidad. Algo así como bucear por una sima abisal mezclado con subirse a la enorme montaña rusa que hay en Six Flags, al sur de Nueva York. No es que permanecer en el espacio sea tan agresivo como sentir la fuerza G en una montaña rusa, pero lo es en el sentido metafórico, la fuerza G en tu alma y… bueno, yo me entiendo.
Salir al espacio exterior entraña sus riesgos, y también tiene aparejados una serie de efectos secundarios que todos conocemos bastante bien: pérdida de masa muscular, etc. Sin embargo, hay un efecto secundario muy poco divulgado: la pérdida de las uñas.
La vida de los astronautas en una estación espacial como la Estación Espacial Internacional (
Imaginad la hipotética situación: estáis surcando el espacio exterior a bordo de nueva nave y, de repente, la puerta presurizada se avería y queda abierta. O imaginad que estáis flotando en órbita a la Tierra con vuestro traje espacial y se os olvida ajustaros la escafandra.