Jeff Bezos iba a destinar 25 millones de dólares a conservar el Pacífico Sur. Ya sabemos cuáles son sus próximos objetivos

  • La iniciativa forma parte de un compromiso de diez mil millones de dólares anunciado en 2020 para combatir los efectos del calentamiento global.

  • El proyecto respaldará el desarrollo de reservas biológicas bajo el nuevo Tratado de Alta Mar de la ONU y limitará las actividades de extracción.

Jeff Bezos iba a destinar 25 millones de dólares a conservar el Pacífico Sur. Ya sabemos cuáles son sus próximos objetivos
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Redacción Xataka Ciencia

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El fondo medioambiental impulsado por Jeff Bezos, el Bezos Earth Fund, ha destinado más de 25 millones de dólares a la conservación de los ecosistemas marinos del Pacífico Sur. Un desembolso que pretende sostener la biodiversidad en naciones insulares que se enfrentan a una vulnerabilidad extrema ante la presión climática, manteniendo un compromiso de diez mil millones de dólares establecido en 2020 para revertir el deterioro ambiental. 

A cuatro años de la fecha límite fijada para 2030, la organización cuenta aún con unos 7.600 millones de dólares pendientes de asignación. La vicepresidenta de la entidad, Lauren Sánchez, coordina y supervisa estas nuevas aportaciones, que intervendrán de manera directa en aguas de las Islas Cook, Kiribati, Papúa Nueva Guinea, Tonga y Vanuatu.

La red de espacios protegidos diseña un modelo de exclusión por niveles de impacto. En las zonas de restricción estricta, las normativas locales prohíben por completo formas de extracción a gran escala, desde la pesca industrial hasta la incipiente minería submarina. El proyecto incide de manera particular en enclaves de alto valor ecológico como Pukapuka, un aislado atolón de coral situado en el grupo norte del archipiélago de las Islas Cook, cuya estructura calcárea requiere condiciones químicas muy específicas para sobrevivir.

Como precedente operativo de este modelo, el fondo ya respaldó hace unos años extensas redes de reservas naturales en la Polinesia Francesa —con una extensión consolidada que supera los 1,6 millones de kilómetros cuadrados de santuario marino— y en el estado insular de Niue, que en la actualidad ha logrado resguardar el 40% de la totalidad de sus aguas nacionales.

Una cuestión legal, además de económica

La inyección de capital anunciada sobrepasa, sin embargo, los límites convencionales de las aguas territoriales. Una fracción significativa de esta financiación dotará de recursos a organizaciones especializadas en conservación, como Rare, para diseñar las primeras propuestas de salvaguarda amparadas por el Tratado de Alta Mar de la ONU, un marco internacional histórico aprobado para proteger la biodiversidad más allá de las jurisdicciones nacionales. Este acuerdo proporciona, por primera vez en el derecho marítimo, una base jurídica firme para establecer fronteras de protección en aguas abiertas.

Para que las restricciones funcionen sobre el mapa, el tratado introduce nuevas herramientas de gestión territorial que exigen evaluar y catalogar los recursos genéticos de las especies marinas pelágicas. De este modo, los Estados firmantes aceptan limitar de forma colectiva su libertad de tránsito y explotación en corredores oceánicos globales. Este es un mecanismo institucional indispensable si se pretende elevar la protección oceánica global al 30% antes del año 2030.

Administrar semejante escala de capital requiere medir la viabilidad a largo plazo de cada arrecife. Tras un periodo de contracción operativa que redujo el desembolso general a 183 millones de dólares durante el año 2025, el Bezos Earth Fund ha reactivado su ritmo de inversión, superando los 400 millones asignados tan solo en la primera mitad de 2026. La directora científica de la organización, Kelly Levin, advierte que resulta imprescindible completar un riguroso estudio ecológico previo del entorno antes de dirigir el presupuesto; medir la exposición a corrientes cálidas y comprender la acidificación marcan los verdaderos plazos de la ejecución financiera.

Ese ritmo variable de adjudicación subraya la profunda dificultad de operar en estructuras de conservación a escala planetaria. En una entrevista concedida a la cadena de televisión CNN en 2022, Bezos comparó abiertamente la extrema complejidad logística de este mecenazgo medioambiental con el propio desarrollo inicial de su gran actividad empresarial en el ámbito tecnológico: "La parte difícil es averiguar cómo hacerlo de forma apalancada. No es fácil. Construir Amazon no fue fácil. Hizo falta mucho trabajo duro, un montón de compañeros de equipo muy inteligentes y trabajadores, y estoy descubriendo que la caridad, la filantropía, es muy similar".

El reto científico que afronta ahora la fundación consiste en transformar ese formidable músculo financiero en una protección ambiental verdaderamente eficaz y duradera. Comprender cómo responden los atolones del Pacífico al aumento sostenido de la temperatura marina resulta clave a la hora de determinar qué cuencas oceánicas mantendrán ecosistemas viables a finales de esta misma década. De ese análisis técnico previo dependerá, en última instancia, el destino final de los más de siete mil millones de dólares que restan por desplegar.

Foto | Richard Wilson (vía Pexels)

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