
Ha transcurrido mucho tiempo desde que Galileo observó por primera vez nuestro satélite a través de un telescopio. Sondas no tripuladas han circunvalado su órbita y se han posado en su superficie. Doce astronautas estadounidenses han caminado sobre ella. E incluso se han recogido diferentes muestras de rocas lunares. Y sin embargo, el vecino más cercano de la Tierra sigue siendo un enigma.
Durante el próximo fin de semana, un par de naves denominadas como GRAIL, establecerán órbita con nuestro satélite en la última misión lunar. Su trabajo consiste en medir el campo gravitatorio uniforme y determinar lo que hay debajo de él.



