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psicología

¿Por qué tanta gente cree en el horóscopo? (I)

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Teniendo en cuenta que la premisa en la que se basa en el horóscopo, además de insustancial, no tiene ningún apoyo científico, que, puestos a buscar objetos cósmicos cuya fuerza de gravitación influya en nosotros, la comadrona que nos ayudó a nacer ejerció una influencia gravitatoria superior a la de cualquier otro planeta, ¿por qué tanta gente sigue creyendo en los horóscopos?

Por ejemplo, la fuerza gravitatoria del médico es 400000 veces mayor que la de la Luna. Incluso las fuerzas de marea a las que siempre aluden son también despreciables. La fuerza de marea ejercida por la madre es 12 millones de veces mayor que la ejercida por la Luna. Esta es la única fuerza que la ciencia ha constatado, si la astrología maneja otra distinta a la gravitatoria, nadie ha conseguido detectarla todavía.

Pero aún: ¿por qué sigue apareciendo en la prensa seria? secciones de astrología aparecen en más de 1200 periódicos en los Estados Unidos; pero menos de 10 diarios tienen secciones de astronomía.

La respuesta rápida es que nuestro cerebro tiende a ver demasiadas cosas en las vagas generalizaciones. De modo que si en una descripción sobre nosotros mismos existen generalizaciones, tendemos a creer que nos describen a nosotros… y todo se refuerza si esa vaga descripción incluye unos cuantos rasgos positivos.

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La felicidad es elástica

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De la misma manera que una persona perpetuamente infeliz no es biológicamente factible, tampoco lo es una persona perpetuamente feliz (no buscaría maneras de mejorar su existencia y, por tanto, de progresar en un mundo cambiante y amenazador). Así pues, la búsqueda de la felicidad se asemeja un poco a la zanahoria que cuelga siempre a unos centímetros del belfo del asno.

La felicidad duradera es una quimera.

Muchos estudios, además, sugieren que nacemos con algo así como una cuota de felicidad determinada por el ADN. Podemos sufrir subidones de felicidad (encontrar pareja, ganar la lotería, etc.) o bajones de felicidad (quedarse sin trabajo, etc.), pero no tardaremos en regresar al nivel de felicidad después de este tipo de acontecimientos.

Así que nada proporciona La Felicidad. Ni siquiera los tan cacareados como el dinero, el amor o la salud.

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Qué decir si te pillan en clase mascando chicle

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En la mayoría de colegios e institutos se prohíbe mascar chicle en horas de clase. Pues aquí tenéis un par de argumentos que un día esgrimí para que me permitieran hacerlo.

Reconozco que me gusta discutir, llevar la contraria por deporte y defender causas perdidas. Ya me viene de pequeño. Cuando iba al colegio, recuerdo que el profesorado consideraba un crimen execrable el mascar chicle. Yo un día llegué al colegio mascando chicle, y continué mascándolo como una vaca mastica su bolo alimenticio durante la clase de matemáticas, hasta que el profesor me llamó duramente la atención.

Yo le expresé mi negativa a escupir el chicle. Obviamente, en pocos segundos ya estaba sentado en el despacho del director. Mi defensa fue la siguiente:

Se equivocan ustedes. El chicle que mastico es un chicle patentado por la compañía estadounidense Wringley, y no se adhiere a las alfombras, las maderas, los tejidos o el pelo. Está elaborado con una mezcla (edulcorada y con sabores diferentes) de silicona y acetato polivinílico que se reblandece con la saliva pero se endurece a temperatura ambiente.

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¿Por qué hacemos lo que hacemos? (III)

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4. ADOLESCENCIA.

Todos hablamos de la edad del pavo, de lo insoportables e inestables que pueden llegar a ser los adolescentes, pero ¿cuánto hay de cierto en ello?

Al parecer, mucho. A partir de los 12 años, el ser humano empieza a transformarse a gran velocidad. El cuerpo se deforma, se estira, salen pelos en axilas y genitales, cambian las voces, llega la regla, el semen… una montaña rusa biológica similar a la de un gusano que se metamorfosea en mariposa.

Ninguna otra especie animal tiene adolescentes. Además, los adolescentes son relativamente recientes entre los seres humanos. A partir del estudio de huesos y dentadura de los homínidos fosilizados, se ha datado el surgimiento de esta etapa entre 800.000 y 300.000 años, momento en el que se produjo la última gran expansión del cerebro para adquirir el volumen actual.

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¿Por qué hacemos lo que hacemos? (II)

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2. BESAR.

Una hipótesis es que el beso es una reminiscencia de la infancia, dado que nuestra primera experiencia de seguridad, placer y amor procede de la boca cuando nos amamantan. Incluso nuestros ancestros solían alimentar a su prole pasándole la comida masticada de boca a boca, como hacen los chimpancés.

Otra explicación tendría que ver con el sexo. Los primeros homínidos se sentían atraídos por las frutas rojas maduras y esa atracción se trasladó a la sexualidad. De ahí que el sexo y los labios sean más colorados. O que tenga tanto éxito el pintalabios rojo pasión. Besar unos labios, pues, sería como morder una fresa.

Lo que es innegable es que los labios son una de las zonas más erógenas de nuestro cuerpo. Un beso apasionado puede resultar tan intenso que reduce el estrés y desata la oxitocina, el neurotransmisor de la socialización y el amor. Y como dice Cristina Sáez:

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A menudo vivimos en modo zombi

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Aprovechando esta oleada de furor zombi que nos rodea, tanto en el cine como en la literatura, vale la pena recordar que los zombis no son muertos vivientes que nos persiguen día y noche para comerse nuestro cerebro.

Los zombis somos todos nosotros. La mayor parte del tiempo.

Aunque creamos que nuestra vida se basa en una serie de decisiones personales reflexionadas y ponderadas, esto no es cierto. Nuestro cerebro acostumbra a ir un poco a su aire, también a la hora de sacar conclusiones rápidas, en lo que se ha venido a llamar inconsciente adaptativo.

El inconsciente adaptativo es algo así como una parte del cerebro que procesa rápidamente y con discreción una gran cantidad de datos que son necesarios para nosotros. Por ejemplo, se pone en marcha cuando debemos apartarnos de la calle cuando se nos viene hacia nosotros un coche.

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Somos como somos dependiendo de donde estamos (I)

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Existe un mito muy arraigado en el acervo popular: que somos así o asá y eso nos define, que somos buenos o malos, que somos amables o ariscos, que somos altruistas o egoístas. O eres una cosa o eres la otra. Y, además, lo eres para casi siempre.

Diversos experimentos psicológicos empiezan a demostrar que esto no es así. Que los múltiples rasgos de nuestra personalidad se manifiestan de manera caprichosa y hasta contradictoria. Y que generalmente lo que más influye en estos cambios repentinos en nosotros mismos no es otra cosa que nuestro entorno.

Hasta el punto de que alguien puede ser una cosa o justo lo contrario de un día para el otro.

Parece que esta afirmación vaya en contra de nuestras intuiciones más profundas. Y también frases como: “Juan es muy amable y honrado conmigo, pero es muy retorcido con sus compañeros de trabajo”. Porque, al pensar en una personalidad, tendemos a imaginarla en términos absolutos. Pero la conducta humana funciona de otra forma muy distinta a cómo la intuimos.

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10 experimentos de psicología que vale la pena conocer (2/2)

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6) Manipulación de la memoria. No estoy hablando de la empresa que en la película Desafío Total se encargaba de instilarte los recuerdos de unas estupendas vacaciones en la memoria. La cosa es más sutil, pero igualmente manipuladora e impostada.

El experimento se realizó en 1974. 45 personas vieron una película acerca de un accidente de tránsito. A 9 de esas personas se les preguntó luego que estimaran a qué velocidad iban los vehículos cuando chocaron. Al resto de los grupos de 9 personas se les fue efectuando la misma pregunta pero con una pequeña diferencia: se sustituía la palabra “chocaron” por palabras como “colisión”, “impacto”, “encontronazo” y “golpe”.

Para los que respondieron a la palabra choque, iban 30km más rápido que aquellos a los que se le dijo la palabra encontronazo. Y semanas más tarde, cuando se les preguntó acerca de un vidrio roto en el accidente a los que había sido interrogados con las palabras más “fuertes”, recordaron perfectamente ese vidrio roto a pesar de que en el accidente no hubo tal vidrio roto.

Imaginad las implicaciones de este experimento. ¿Memoria histórica? ¿Los casos de supuestas violaciones infantiles que son los propios psicólogos, sin advertirlo, los que hacen creer como ciertos a sus pacientes?

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La música: una droga tonificadora y legal (y II)

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Pero vamos con ejemplos más contemporáneos. Queen y su We are the champions produce un exceso de euforia. El epítome de las canciones que producen empatía y socialización es Like a virgin de Madonna. La percusión y el tempo de Sympathy for the devil, de los Rolling Stones, invita a mantener la coordinación, a solidificar el empeño y la seguridad en uno mismo e, incluso, a fomentar las habilidades resolutivas.

No hay palabra que pueda potenciar la siniestralidad del motivo a dos notas de la banda sonora de Tiburón, la épica de violines de la obertura de Also sprach Zarathustra (la de 2001 Una odisea en el espacio), el misterio que suscita un conjunto de cuerda o el júbilo que transmite un scherzo.

Todas estas relaciones entre música y cerebro pueden parecer demasiado locales, demasiado occidentales. Y en parte lo son. Pero existen influencias más universales cuyo alcance no conoce fronteras culturales.

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La música: una droga tonificadora y legal (I)

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Cada vez tenemos más pruebas de que la música tiene tanta influencia en nuestro cerebro y nuestras emociones como una droga ilegal. Y, sin embargo, la música es legal.

Bien, no toda la música era legal hasta hace bien poco. Y aún quedan mentes prehistóricas como las que dirigen las entidades de gestión de derechos de autor que todavía se empeñan en convertir el intercambio de archivos musicales en una actividad ilegal (aunque la ley explicite que el intercambio de archivos protegidos por derechos de autor es completamente legal siempre que no haya ánimo de lucro).

Esperemos que, por desesperación, dichas entidades no consigan convertir la música en una droga prohibida que sólo ellos podrán administrar (como lo hacen con los análogos químicos las empresas farmacéuticas mientras se penaliza el consumo de sustancias que puedan hacer la competencia).

Pero dejémonos de ironías y vayamos al meollo de la cuestión. ¿Por qué la música puede compararse a una droga? ¿Hasta dónde puede influir en nuestro pensamiento y en nuestras emociones?

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