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¿Por qué hacemos lo que hacemos? (III)

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4. ADOLESCENCIA.

Todos hablamos de la edad del pavo, de lo insoportables e inestables que pueden llegar a ser los adolescentes, pero ¿cuánto hay de cierto en ello?

Al parecer, mucho. A partir de los 12 años, el ser humano empieza a transformarse a gran velocidad. El cuerpo se deforma, se estira, salen pelos en axilas y genitales, cambian las voces, llega la regla, el semen… una montaña rusa biológica similar a la de un gusano que se metamorfosea en mariposa.

Ninguna otra especie animal tiene adolescentes. Además, los adolescentes son relativamente recientes entre los seres humanos. A partir del estudio de huesos y dentadura de los homínidos fosilizados, se ha datado el surgimiento de esta etapa entre 800.000 y 300.000 años, momento en el que se produjo la última gran expansión del cerebro para adquirir el volumen actual.

Y es que la adolescencia tiene una función prioritaria en el cerebro, como explica Sarah Blakemore, del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Londres. La neurobiología demuestra que se produce una reorganización completa del cerebro en los adolescentes, junto con una vasta poda neuronal. No cambia de tamaño, sino que reestructura sus funciones para que podamos usarlo en nuestra edad adulta para muchas más cosas.

5. VELLO PÚBICO.

Nunca olvidaré el pudor que sentí cuando me creció mi primer pelo en las partes pudendas. ¿Por qué me debía convertir en hombre lobo empezando precisamente por esa zona? (Sin duda estaba muy influenciado por Teen Wolf). Pero lo cierto es que el vello púbico es extraño: el pelo del resto del cuerpo se ha ido perdiendo (salvo en algunos casos que dan miedo). Así pues, ¿por qué el vello de los genitales y las axilas se empecina en seguir creciendo? ¿Qué ventaja evolutiva presentan?

En los genitales se concentran las glandulas sudoríparas apócrinas, encargadas de propagar moléculas olorosas volátiles; y las ecrinas, que sirven para refrigerar la zona. Así pues, la función del vello púbico sería la de retener los efluvios corporales que señalan la madurez sexual.

Otra hipótesis indica que este vello apareció hace 3,3 millones de años para proteger los genitales durante las relaciones sexuales, reducir el peligro de rozaduras cuando andamos y ayudar a mantener nuestra partes pudendas a una temperatura y humedad agradables.

Vía | Cristina Sáez

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