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geografia

¿Quieres comprar una isla paradisíaca para ti solo?

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isla_lost.jpgGracias al poder pecuniario se pueden generar lugares aristocráticos como Ghost Island. Situada en el archipiélago de las Caimanes, esta isla secreta es el lugar donde muchos ricos y famosos se retiran para siempre del mundo oficial, simulando para ello su propia muerte. Ghost Island no figura en ningún mapa, sólo en la novela 14,99 euros, de Fréderic Beigbeder. Allí los días transcurren envueltos en una calma chicha perpetua, sin otra cosa que hacer que mirar el cielo y el mar. Beigbeder la define así:

En alguna parte de las aguas del Caribe, entre Cuba y Honduras, Dios espolvoreó las islas Caimanes. Se llega aquí en avioneta. La pista del aeropuerto de Little Cayman cruza su única carretera. El pueblo tiene 110 habitantes, sin contar a las iguanas. En Grand Cayman se cuentan hasta 600 establecimientos financieros con cuentas numeradas. Las Caimanes son una colonia británica dotada de un gobierno independiente y de 35.000 empresas off-shore inscritas en su registro comercial. Para llegar a Ghost Island, hay que embarcar en un taxi-piragua secreto.

Pero éste es un lugar inventado. Su equivalente real posiblemente sea Dubai. O Las Vegas, que describe así Miguel Ibáñez en su ensayo pOp cOntrOl:

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Vértices geodésicos: punteando todo el mundo con placas de metal (y V)

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A partir de enero de 2002 cada vez resulta más fácil saber la localización exacta de cualquier vértice geodésico de España. Desde la página en Internet del Instituto Geográfico Nacional. Al principio, las búsquedas se circunscribían a simples recopilaciones de datos con información de vértices geodésicos de Tercer Orden, con un servidor de mapas que ofrecía cartografía del entorno de cada vértice. En abril de 2003, no obstante, ya se había incorporado la red REGENTE y una base de datos con toponimia, de manera que es posible efectuar búsquedas por lugares, creando listados de vértices que se hallan a una distancia aproximada inferior a 20 kilómetros del lugar indicado.

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Vértices geodésicos: punteando todo el mundo con placas de metal (IV)

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Las principales aplicaciones de esta nueva red de alta precisión, además de su uso para la calibración de mapas digitalizados desde el aire (orto fotos), serán las de prestar soporte de coordenadas y altura al cada vez mayor número de usuarios de las técnicas de mediciones por sistemas GPS, que no sólo son los que se ponen en los coches, sino los que se emplean en la navegación aérea, en las obras civiles, en la geodinámica, en la topografía, en la hidrografía o en las operaciones militares.

Recordemos que el sistema GPS (Global Position System) es una red de 24 satélites distribuidos en 6 órbitas con 4 satélites por cada una, que constituyen la constelación artificial NAVSTAR del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Están situados a 20.200 kilómetros de altura y dan una vuelta completa a la Tierra cada 11 horas y 56 minutos. Como si fueras faros espaciales.

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Vértices geodésicos: punteando todo el mundo con placas de metal (III)

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Cuando uno está caminando por cualquier lugar por el que hace tiempo que no pasaba, puede que se encuentre con que su restaurante favorito ya ha cerrado sus puertas, o que aquella cascada cristalina donde se bañaba de pequeño ya se ha secado, o incluso que la cumbre que le gusta escalar se ha llenado de basura de otros alpinistas desconsiderados, perdiendo así todo su valor ecológico. Hasta puede que una calle cambie de nombre y que luego nos perdamos en aquel pueblo por el que hace años nos sabíamos orientar con los ojos cerrados. Pero si algo es perdurable en cualquier geografía es un vértice geodésico. Los vértices geodésicos son señales inequívocas, inexpugnables, inamovibles. Como las huellas dactilares del mundo.

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Vértices geodésicos: punteando todo el mundo con placas de metal (II)

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Dibujar mapas es difícil, como dijimos en la anterior entrega de esta serie de artículos. Como consecuencia de todo ello, los terrenos empezaron a ser punteados exhaustivamente por los vértices geodésicos, que no dejan de ser una serie de señales informativas, por lo general representadas por un cilindro de 120 centímetros de altura y 30 de diámetro que, montado sobre un pedestal de hormigón en forma de dado de 1 metro y pintado de color blanco, indica la altura exacta de ese punto con respecto al nivel del mar.

Entre sí, las señales también forman una red de triángulos cuyas coordenadas están recogidas al punto por los centros de cartografía mundial. Sobre este cilindro también se puede situar un teodolito o instrumental topográfico para hacer toda clase de mediciones del terreno. Por ejemplo, un topógrafo puede situar las coordenadas del proyecto de construcción de una futura carretera instalando sobre el vértice geodésico un GPS. No se trata de un GPS navegador del coche, sino de uno que pueden costar hasta 6.000 euros.

El GPS, entonces, calcula las correcciones que se obtienen de restar las coordenadas que ofrece el GPS con las del vértice, enviándolas a otro GPS móvil que está ofreciendo coordenadas de otros puntos. Es un poco ininteligible, por eso es trabajo de topógrafos. La cuestión es que, de no existir los vértices geodésicos, la cartografía tal y como la conocemos hoy en día tampoco existiría.

Al igual que sucedía con las atalayas de Las dos torres, desde cada vértice geodésico se divisa, al menos, otro vértice geodésico vecino, con lo cual uno puede ir saltando de vértice en vértice y tiro porque me toca, como una oca adicta al jet lag.

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Vértices geodésicos: punteando todo el mundo con placas de metal (I)

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¿Os acordáis de aquella escena de las atalayas en Las dos torres, el segundo volumen de El señor de los anillos, de Tolkien? Para quienes no hayan leído la novela, quizá les sirva la adaptación cinematográfica que realizó Peter Jackson. En la escena, se debe enviar un mensaje a gran distancia, una llamada de alerta. Como en la Tierra Media no existen los teléfonos móviles, el sistema empleado consistía en una serie de atalayas instaladas en las cumbres de varias montañas y altiplanos en las que podía prenderse un puñado de ramas secas para formar una hoguera.

La hoguera sería lo suficientemente poderosa como para ser vista por la siguiente atalaya, situada a varios kilómetros de la primera, para así también encender su fuego, que sería la señal para que la siguiente atalaya también lo hiciera, y así sucesivamente. De esta forma, la señal viajarían cientos de kilómetros es pocos minutos. No es tan rápido y eficaz como un móvil, sobre todo porque no permite una conversación bilateral, pero sin duda era un ardid ingenioso para contactar con interlocutores situados a distancias inabarcables por el método tradicional y pedestre consistente en un grito cuya onomatopeya podría ser: “¡¡¡Eh!!!“.

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Viaje al agujero más profundo del mundo

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Un agujero verdaderamente profundo debe ser artificial. El agujero más profundo que se haya perforado nunca tiene 13 kilómetros y está en Rusia, en la Península de Kola. Es un hoyo excavado en 1962 como proyecto científico, cuyo objetivo era el de alcanzar una capa muy profunda de la Tierra. Una excavación que reveló no pocos hechos insólitos, como que el agua, a esta profundidad, permanece en estado líquido, o que la temperatura se incrementa con la profundidad en una proporción mayor de lo que se creía.

Si uno lo piensa con detenimiento, 13 kilómetros de profundidad es una distancia descomunal. Pero aún faltaría mucho para llegar al centro de la Tierra, que se encuentra a 3.000 kilómetros de profundidad. Si nos lanzáramos por un agujero vertical en caída libre, imaginad lo que tardaríamos en llegar al centro. La caída libre más larga de un ser humano, por ejemplo, la protagonizó un piloto estadounidense, Joseph Kittinger, desde una altura de 31 kilómetros, que había alcanzado previamente con un globo aerostático. El salto fue bautizado como Excelsior III y en él, Kittinger se precipitó durante 4 minutos y 26 segundos a una velocidad máxima de 988,3 kilómetros por hora. No abrió el paracaídas hasta llegar a los 5.500 metros de altitud.

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La cultura del honor: lo que pasa cuando te llaman gilipollas

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Una de las escenas más recordadas de la película Regreso al futuro (Back to the Future) es la protagonizada por el protagonista, Marty McFly, cuando le llaman gallina. McFly, co-co-co, ¿acaso eres un gallina? Y entonces, McFly se enojaba y decide demostrar que no lo es, incluso afrontando riesgos ciertamente elevados.

¿Por qué no toleramos que la gente crea que somos cobardes? ¿De dónde surge la cultura del honor?

A principios de la década de 1990, dos psicólogos de la Universidad de Michigan, Dov Cohen y Richard Nisbett, decidieron llevar a cabo un experimento sobre la cultura del honor. Para ello, nada mejor que reunir a un grupo de jóvenes e… insultarlos. El insulto que consideraron más eficaz para sus fines fue nada menos que “gilipollas”.

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Mar de Aral, crónica de una muerte anunciada

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Mar de Aral en 2008

Los negacionistas del cambio climático y otras catástrofes provocadas por la irresponsabilidad humana suelen decir, entre otros argumentos, que la actividad del hombre es insignificante como para provocar catástrofes a escala mundial. Hoy presentamos una prueba de lo contrario: la desecación del Mar de Aral (entre Kazajstán y Uzbekistán) por la irresponsabilidad humana.

La línea amarilla de la foto representa aproximadamente la línea de costa del Aral en los años 1970. La foto es de agosto de 2008 y fue tomada por un satélite de la NASA: sólo las áreas oscuras contienen agua en la actualidad. Una cantidad ridícula respecto a hace tan solo tres décadas, cuando el Aral era el cuarto mar interior más grande sobre la faz de la Tierra (tan grande como la República de Irlanda, con unos 70.000 km2).

Hoy en día, el agua cubre sólo un 10% de la superficie original, y el Mar de Aral ya se considera un cadáver geográfico. Kazajstán inició hace cuatro años un programa de recuperación de la parte norte (el “Pequeño Aral”, en la parte superior de la imagen) mediante la construcción de una presa. No es ni sombra de lo que fue el Aral, pero al menos se ha conseguido subir el nivel de las aguas y comienza a resurgir tímidamente la pesca. A costa, claro, de condenar el resto del antiguo mar.

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¿Por qué en la ciudad hace más calor que en el campo?

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Isla de Calor Urbana

En los meses veraniegos, muchos buscamos un escape al campo o a los pueblos para huir del calor asfixiante. Las grandes aglomeraciones urbanas siempre tienen una temperatura superior a su entorno, y esto se hace especialmente evidente durante la noche, cuando las temperaturas refrescan bastante menos en la ciudad que en el campo.

Pero, ¿por qué? En realidad hay un cúmulo de factores que provocan esta anomalía, pero lo cierto es que sucede en todas las grandes ciudades, independientemente de su localización en el globo. Es lo que se llama isla de calor urbana. De noche, puede suponer una diferencia de hasta 3 ºC entre la ciudad y su entorno.

Un primer factor a considerar es el material del que están hechas las ciudades. Las urbes modernas son básicamente grandes concentraciones de cemento y asfalto. Ambos materiales son capaces de absorber y retener muchísimo calor. Por este motivo, las ciudades se calientan más que su entorno durante el día. Durante la noche, el hormigón y el asfalto recalentados actúan como radiadores, desprendiendo el calor acumulado.

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