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Un grupo de investigadores italianos y estadounidenses del Instituto Italiano de Tecnología de Génova en colaboración con la Universidad de California en Irvine ha descubierto por qué las comidas grasas producen tanta satisfacción y por qué es muy difícil dejar de comerlas, como si fueran una droga, según el estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
La prueba del siete la podéis llevar a cabo ahora mismo (no vale haber desayunado ya copiosamente). Cogéis una bolsa de patatas, la abrís e intentáis comer solamente una de ellas. ¿Duro verdad? Algo os impulsaré a comer otra, y otra, y otra más. Incluso es posible que os ventiléis la bolsa entera. El estoicismo y la fuerza de voluntad se debería medir por esta clase de parámetros.
No en vano, cuando una sustancia grasa es ingerida, genera una señal que viaja primero al cerebro y sucesivamente atraviesa el nervio vago, llega al intestino y estimula la producción de endocannabinoides en el intestino, llamadas así porque tienen efectos similares a los cannabinoides que presenta la marihuana.
Daniele Piomelli, director del Departamento de Drug Discovery del ITT:
En términos evolutivos, el hombre comía grasas para sobrevivir, ya que son una gran fuente de energía, pero en la actualidad no es necesaria la ingesta abundante de estas para vivir.
Esto también ocurre con otros alimentos ricos en grasas, sobre todo con la llamada “comida basura”, lo cual nos permite entender un poco mejor el problema epidemiológico de obesidad que viven países como Estados Unidos (ya me imaginaba yo que Ronald Mcdonald, con esa pinta, sólo podía ser un yonqui).
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