Hay lugares donde lo mejor no son los árboles sino lo que existe encima de ellos, lejos de nuestra vista a ras de suelo. En el Valle de los Gigantes, en Australia, a sólo 10 minutos de Nornalup, existe una atracción turística llamada Tree Top Walk, una serie de pasarelas metálicas o pasos elevados que cruza entre eucaliptos gigantes, tingles, que sólo se encuentran en esta región.
La forma de visitar a estos eucaliptos, sin pisar jamás el suelo, tiene una razón de supervivencia: el constante pisoteo de los visitantes impediría la correcta descomposición de la materia orgánica del suelo, de la que los eucaliptos obtienen los pocos nutrientes que encuentran en su base.

Como ya os había referido en dos artículos diferentes, Australia es una gran desconocida donde aún se pueden encontrar cosas extrañas:
Australia, aunque os resulte imposible de creer, es un país apenas explorado.
En Australia existe un pueblecito llamado Coober Pedy, a 850 kilómetros al norte de Adelaida o a 690 kilómetros al sur de Alice Springs, que a simple vista parece un asentamiento minero como otro cualquiera. Mucho polvo rojizo, mucho calor, la nada más absoluta hasta donde alcanza la vista. El único árbol, de hecho, fue soldado a partir de chatarra de hierro. Quizá llame la atención el campo de golf sin césped, pura tierra seca, que sólo se usa por la noche a fin de evitar las tórridas temperaturas y que se juega con pelotas incandescentes para poder localizarlas en la oscuridad. Todo un espectáculo. Pero lo cierto es que lo más interesante del pueblo no está en su superficie sino bajo la tierra. 

Queensland, Australia, es un buen lugar para vivir. Sol, playas, surf… sin embargo, Queensland también acoge otra cosa en sus aguas. Quizá la criatura más mortífera que podamos imaginar: en las playas del trópico hay más cosas que pueden matarte que en toda Australia.
A los amantes de los animales, a veces, se les va un poco la pinza. Y no me refiero a lo de sentar en la mesa al perro para que coma con la familia, sino a cosas mucho peores.