Si viajais muy al norte, cuando apenas faltan mil kilómetros para llegar al Polo Norte, os encontraréis con Svalbard, un lugar tan aislado que parece de otro mundo. Pero allí vive gente. Y también hay otra cosa. La ya llamada Bóveda del fin del mundo.
Un silo que se construyó a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca en la isla de Spitsbergen, cerca de Longyearbyen, a 1.000 kilómetros de Noruega y a otros 1.000 del Polo Norte. Las obras se iniciaron en marzo de 2007 y el silo se inauguró oficialmente el 26 de febrero de 2008.
La Bóveda Global de Semillas sería al mundo de la agricultura lo que el arca de Noé fue al mundo de los animales, pues se ha constituido como el almacén de semillas más grande del mundo, diseñado para proteger la biodiversidad de las especies de cultivos que nos sirven como alimento. Al menos así es como lo ha denominado el ministro de agricultura de Noruega, Terje Riis-Johansen: “un arca de Noé en Svalbard”.

Hay una inclinación natural a rechazar los transgénicos. Los transgénicos son el mal, suenan a mutantes, a malformaciones inenarrables, a enfermedad. Muchos de los que hogaño se oponen a los transgénicos, pues, no se diferencian demasiado de los que antaño se oponían a la electricidad, las locomotoras de vapor o los hornos microondas: todo avance técnico es tomado, al principio, como una amenaza, nunca como una ventaja: hasta hace poco, los enemigos de Internet eran tan ubicuos y feroces como los luditas que destrozaban telares mecánicos.
Cuestan un riñón a pesar de dispensarse en pequeñas dosis. Se venden en las secciones más rutilantes de las áreas comerciales. Los sirven dependientas que parecen azafatas. Llevan nombres rimbombantes, generalmente en otro idioma. No, no son los perfumes, son las cremas contra el envejecimiento. Al menos los perfumes nos hacen oler bien, pero ¿las cremas contra el envejecimiento sirven para algo más?
Las huellas digitales se producen cuando nuestra piel se está formando en el vientre de nuestra madre. Entonces es cuando está siendo continuamente sometida las presiones intrauterinas, al líquido amniótico, a los movimientos y la posición del feto en el útero, a la nutrición, la presión sanguínea, etc. Como si la piel fuera cemento fresco que se moldea según las influencias externas que reciba.
Las ejecuciones artísticas más sublimes suelen realizarse con el piloto automático puesto, en modo zombi, sin darle demasiado al coco, dejándose llevar por el instinto y la trepidación. De igual manera, si uno le da demasiado al coco sobre el arte, sobre lo que es más o menos bello, mejor o peor, exacto o inexacto, entonces todo puede perder su sentido. Hasta el punto de que acabemos prefiriendo una foto de unos graciosos gatitos a un cuadro de Van Gogh (como os demostraré más adelante en un curioso experimento).

Henrietta Lacks fue una afroamericana de familia humilde, analfabeta y descendiente de esclavos. Cuando murió de cáncer de cuello de útero el 4 de octubre de 1951, fue enterrada en una tumba sin lápida cuyo emplazamiento exacto ni siquiera conocemos, en Lackstown, Virginia. Sin embargo, tras su muerte, Henrietta ha salvado muchas vidas y ha generado millones de dólares de beneficios, a pesar de que ella fue pobre.