Una sesión de respiración excesiva reduce en un 45 % el flujo sanguíneo hacia el cerebro humano, alterando la comunicación entre las redes neuronales en personas expertas en estado físico y mental óptimo. Eso no explica toda la historia, según demostraron las imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) de treinta practicantes expertos durante el ejercicio, ya que quienes afirmaban haber experimentado los efectos más intensos habían registrado, de media, los mayores cambios en la red por defecto del cerebro, asociada a la conciencia de uno mismo.
Los participantes describieron sentimientos de "conexión existencial" o de estar "impulsándose hacia las profundidades de la mente humana", "sin los efectos visuales tan intensos" de una dosis completa de LSD o psilocibina.
Christian Schmitz, del Centro de Investigación de Salud Mental de Mannheim, y su colega Hana Adolphi fueron los responsables del trabajo, presentado en forma de póster en el congreso del European College de Neuropsiquiatría Farmacológica, celebrado en Múnich del 10 al 13 de octubre de 2026, tal y como se cita en una nota de prensa de la ECNP en Eurekalert. Las mediciones de flujo sanguíneo a través de la materia gris total del cerebro descendieron, de media, de 16,24 a 9,81 mililitros por cada 100 gramos de tejido por minuto, lo que supone una caída del 45,5 %, complementadas por mediciones de conectividad funcional para ver si la práctica alteraba la forma en que se comunicaban las redes.
"Muchas personas que practican técnicas de control de la respiración intensas informan de cambios profundos en su relación consigo mismas y con el mundo, y los mecanismos fisiológicos que subyacen a estas experiencias no se comprenden bien", señaló Schmitz; añadió que "nuestros resultados indican que estas experiencias están relacionadas con cambios en el flujo sanguíneo cerebral —y, por primera vez, en la estructura de las redes neuronales— mucho más allá de lo que explicaría el flujo hemodinámico alterado".
La red por defecto, que incorpora varias regiones cerebrales, está activa cuando el cerebro no está concentrado en un objeto del mundo exterior, sino que reflexiona sobre sí mismo, incluyendo la conciencia de uno mismo. Los psicodélicos como el LSD y la psilocibina interfieren en su actividad, y su posible valor terapéutico en la depresión resistente y las adicciones ha impulsado la investigación sobre estas moléculas, especialmente en 2024: "La psilocibina provoca un cambio profundo y generalizado, aunque no permanente, en la actividad funcional del cerebro… que interactúa con la llamada 'red por defecto', implicada en la autoconciencia", según un extracto de Xataka.
La disminución del flujo sanguíneo provocada por las técnicas de respiración hiperventilatoria no es ninguna novedad, explica la misma revisión, ya que hace que los pulmones y el corazón expulsen más dióxido de carbono del que los riñones pueden eliminar, alterando la cantidad de oxígeno en sangre y reduciendo el volumen de flujo sanguíneo que llega al cerebro. Hiperventilar antes de sostener la respiración es una forma de lograrlo también, pero puede provocar desmayos, según una revisión sobre la hiperventilación en pacientes neurológicos.
Dos investigadores externos comentaron el estudio en un artículo en la misma revista: Guy Fincham, de la Brighton and Sussex Medical School, y autor de una revisión sobre la hiperventilación intensa, observa que "el valor de este estudio reside en el hecho de que comienza a esclarecer los efectos de la respiración por hiperventilación en el cerebro sano mediante datos fMRI, y sugiere que algunas de estas técnicas provocan efectos de estado alterado de conciencia similares a los inducidos por los psicodélicos"; lamenta que "la falta de un grupo de control de personas no entrenadas… aunque los resultados sean prometedores, se necesitan más estudios, incluido un ensayo controlado aleatorio con participantes sin experiencia previa, para demostrar la eficacia terapéutica de estas técnicas".
David Nutt, del Imperial College de Londres, es un experto internacional en psicodélicos, y describe el trabajo como un "puente no farmacológico" hacia esta investigación. Lo cual, tal y como señala Adolphi, constituye una observación pertinente, ya que el valor terapéutico del breathwork aún no se ha demostrado, y el uso de psicodélicos legales como el LSD o la psilocibina sigue estando prohibido en la mayoría de los países, a pesar de la creciente comprensión de sus aplicaciones médicas.
Foto | Generada con Google Gemini
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