El psiquiatra Carl Jung habló sobre la vida a partir de los 60: "El hombre que envejece debería saber que su vida no asciende ni se ensancha"

  • El suizo dividía la existencia en dos mitades y situaba en la segunda la tarea de restringir y mirar hacia dentro

  • La psicología del envejecimiento ha vuelto a medir esa misma idea en décadas recientes, con matices

El psiquiatra Carl Jung habló sobre la vida a partir de los 60: "El hombre que envejece debería saber que su vida no asciende ni se ensancha"
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Redacción Xataka Ciencia

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A los 60, la vida deja de ensancharse. Es la tesis de Carl Jung, psiquiatra suizo fundador de la psicología analítica, al reflexionar sobre las etapas de la vida: "El hombre que envejece debería saber que su vida no asciende ni se ensancha, sino que hay un proceso interno e implacable que fuerza a restringirla". La frase no es un lamento. Jung la convirtió en el arranque de una teoría sobre la madurez que la psicología del envejecimiento ha vuelto a medir, casi un siglo después, con matices.

Las dos mitades de la vida. Jung (1875-1961) dividía la existencia en dos mitades. La primera, hasta los 40 años aproximadamente (50 en la vida actual), es de expansión: encontrar un lugar en el mundo, construir relaciones, desarrollar una profesión, independizarse y forjarse una identidad que nos permita formar parte de la sociedad. La atención mira hacia fuera, y esa orientación, en su lectura, no tiene nada de malo: es una etapa necesaria.

La segunda mitad cambia las reglas. "La tarde de la vida debe tener también un significado propio y no puede ser un simple y triste apéndice de la mañana de la vida", escribió. La tarde, en su lectura, es donde empieza de verdad la vida. Las normas que servían al amanecer no sirven para el ocaso, y ahí comienza, según el psiquiatra, el verdadero problema.

El descenso del sol. La imagen que elige Jung es la del recorrido del sol. Durante la mañana asciende por el cielo y extiende sus rayos sobre un espacio cada vez mayor. Tras el mediodía comienza su descenso, y sus rayos se recogen para iluminarse a sí mismo. Esa es, en su metáfora, la segunda etapa: dejar de ser madres, padres, parejas, profesionales, amigos o hijos para ser, sencillamente, uno mismo. Una etapa en la que ya no se vive para los demás.

El cambio no llega por calendario. Llega cuando se entiende que el tiempo se acaba, que algunos caminos se han cerrado y que el abanico de posibilidades ya no parece infinito. Hemos elegido una profesión, unas relaciones, una manera de vivir entre todas las que eran posibles. La restricción, aclara Jung, es parte de una comprensión más amplia: seleccionar lo que importa, no encerrarse ni renunciar a los planes.

La brújula de las preguntas. Para elegir bien lo que se queda, hace falta conocerse. La gran tarea de esta etapa, escribe Jung, es dirigir hacia dentro una mirada que durante años estuvo orientada al exterior. Solo así se distinguen los deseos propios de las expectativas ajenas. La restricción se traduce en un filtro de cuatro preguntas.

Si pudiera elegir de nuevo, ¿seguiría eligiendo esto? ¿Esto es realmente importante para mí, o lo sostengo porque creo que otros lo esperan? Si mi tiempo se acabara, ¿seguiría haciendo esto? ¿Qué personas hacen que mi vida tenga más significado? La última pregunta admite despedidas: las personas que acompañan en la primera etapa no son siempre las de la segunda. 

Lo que midió la psicología. La intuición de Jung no se quedó en el diván. Laura Carstensen, psicóloga de la Universidad de Stanford, formuló en los años noventa la teoría de la selectividad socioemocional: cuando el horizonte temporal se percibe limitado, las personas priorizan metas ligadas al significado y la satisfacción emocional frente a las que buscan información o expansión. El cambio lo dispara la percepción del tiempo que queda, no la edad cronológica. Cuando el futuro se ve largo y abierto, manda la exploración; cuando se acorta, manda el significado. La teoría describe un cambio de objetivos, no un declive.

Su laboratorio documenta que las personas mayores reducen sus redes sociales, sí, pero de forma selectiva, y que disfrutan de una experiencia emocional más estable y positiva que los jóvenes. Un metaanálisis publicado en 2014 sobre cien estudios confirmó lo que el grupo llamó "efecto de positividad": los mayores atienden y recuerdan mejor la información positiva que la negativa. Vista desde aquí, la restricción funciona como una selección dirigida al bienestar, y sus efectos se han replicado en laboratorios distintos al de Stanford. El método es otro: muestras amplias y experimentos controlados, no introspección clínica.

Lo que no prueba. Que la evidencia apunte en la misma dirección no convierte a Jung en ciencia. La psicología analítica es un marco clínico y filosófico, no una teoría sometida a replicación; conceptos como la individuación, ese proceso vitalicio de diferenciación de la persona a partir de lo consciente y lo inconsciente, no se dejan medir como el efecto de positividad. La teoría de los arquetipos y el inconsciente colectivo, tampoco. Jung escribía desde el consultorio y la reflexión; Carstensen, desde el laboratorio.

La coincidencia con Carstensen es parcial: ella describe un mecanismo motivacional ligado al tiempo percibido, no un destino interior. Y la restricción, en la práctica, depende de las condiciones. No es lo mismo llegar a los 60 con salud, ingresos y vínculos que sin ellos, y la serenidad que Jung asociaba a la madurez no se entrega por calendario. La psicología del envejecimiento documenta el patrón promedio; las trayectorias individuales, con la misma edad, pueden ser opuestas. La soledad, la enfermedad o la precariedad pueden trastocar el efecto de positividad.

La "restricción" de la que hablaba Jung era una selección. La psicología del envejecimiento, casi un siglo después, ha medido algo parecido: cuando el tiempo se percibe limitado, se elige de otra manera. Lo que la evidencia no garantiza es que esa selección produzca, por sí sola, la serenidad que el psiquiatra suizo prometía a quien aprendiera a mirar hacia dentro. Depende de lo que cada uno tiene al llegar, y de lo que el entorno permite elegir.

Foto | Generada con Google Gemini

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