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Nunca te fíes de una mujer que conduce una furgoneta

Nunca te fíes de una mujer que conduce una furgoneta
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Hace algo más de un mes os hablaba de las estrambóticas investigaciones que llevaba a cabo John Trinkaus, de la Universidad de Nueva York: podéis revisar algunas de ellas en Las extrañas investigaciones de Trinkaus: ¿por qué perdemos siempre los guantes?

A lo largo de sus investigaciones, Trinkaus también descubrió una constante: que las mujeres que conducían furgonetas no eran de fiar, en el sentido de que esas mujeres son particularmente propensas a caer en actitudes antisociales.

Por ejemplo, en 1999, Trinkaus contó y clasificó el número de conductores que pasaban a alta velocidad frente a una escuela, y advirtió que el 96 % de las mujeres al volante de furgonetas excedían la velocidad permitida.

Entre los conductores que no se detenían completamente en las intersecciones en T de carreteras con señales de stop, el 94 % no acataron la señal, contra el 99 % de mujeres al volante de furgonetas.

En 2002 contó la cantidad de veces que, en un centro comercial, alguien aparcaba su coche en una zona de bomberos prohibida: el 35 % de las veces eran furgonetas conducidas por mujeres.

¿Sabéis esas cajas de los supermercados en las que sólo se pueden pasar un máximo de 10 artículos. Algunas personas aprovechan esas cajas rápidas para pasar, por ejemplo, 29 artículos, diciéndole a la cajera que pagarán sus compras en grupos de 10 productos, en lotes separados. Esta conducta engañosa también fue estudiada por Trinkaus, y descubrió que el 80 % de las personas que usaban este engaño eran mujeres que conducían furgonetas.

Trinkaus presentó dos explicaciones posibles para este aspecto de sus datos. Primero, que “las mujeres que conducen furgonetas arrastran consigo inadvertidamente desde sus lugares de trabajo el concepto actualmente en boga de empoderamiento”. Según este enfoque, hace relativamente poco tiempo que las mujeres se están acostumbrando a su nueva posición de poder en la sociedad y pueden haber desarrollado una necesidad inconsciente de demostrar conductas previamente adjudicadas a los hombres, tales como exceder la velocidad permitida, aparcar en sitios restringidos e ignorar las señales de tráfico.

Tal vez Trinkaus ha generalizado demasiado, pero, por si caso, si estáis haciendo autoestop y os recoge una mujer en furgoneta, no subáis. A no ser que queráis pasar un día un poco locuelo.

En cualquier caso, ¿conducen mejor hombres o mujeres? Vale la pena recuperar el artículo donde tratamos ese tema hace apenas unos meses: ¿Conducen mejor los hombres o las mujeres? (I) y (y II).

Vía | Rarología de Richard Wiseman

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