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Lo que pasa cuando le ponemos pegatinas a nuestro coche

Lo que pasa cuando le ponemos pegatinas a nuestro coche
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La gente suele tener una confusión muy común: mezcla lo que son con lo que transmiten que son a los demás. Es decir: creen que con su modo de vestir, por ejemplo, están transmitiendo lo que son en realidad. Pero lo que en verdad hacen es provocar en los demás una interpretación de lo que son.

En otras palabras: si vistes sobrio porque te crees serio, quizá el otro interpreta (según su idiosincrasia) que tú eres aburrido. O que no vas a la moda. O que era un freak.

Esta distinción sutil es importante, porque invalida, por ejemplo, la renuencia de algunas personas a adecuar su look a una entrevista de trabajo (yo soy como soy, es insultante que deba vestirme con corbata para parecer más serio… cuando en realidad lo que importa es lo que piense el otro de ti, y el cerebro no puede evitar usar estereotipos para atajar la complejidad del mundo: corbata (probablemente serio y aplicado) / cresta de color naranja en la cabeza rasurada (probablemente me dará problemas).

Luego cada uno puede dedicar un tiempo a conocer al otro y quizá descubra que el trajeado con corbata es un tipo execrable (muchos políticos, impolutamente ataviados, lo son). Pero no siempre tenemos ese tiempo. Y cuando vamos en coche, ni siquiera tenemos la oportunidad de ver cómo es el conductor de otro coche: sólo percibimos su carrocería.

Es decir: nos basamos en el modelo de coche para catalogar al conductor; y también a todos los rasgos externos distintivos. Por ejemplo, si el coche está lleno de abolladuras probablemente el conductor es muy malo al volante o muy impulsivo, o quizá no tiene suficiente dinero para arreglarlos.

Los rasgos más distintivos de las carrocerías de los coches tienen que ver con las pegatinas que ponemos en ellos. Por ejemplo, donde yo vivo, en Cataluña, se puso muy de moda incluir la palabra CAT en las matrículas de los coches, para distinguirlos de la letra E que nos define como pertenecientes a España (porque muchos catalanes consideran que no forman parte de España).

También se puso muy de moda entre los catalanes poner una pegatina de un burro, el burro catalán: tranquilo, pacífico. En contraposición, el resto de la nación española empezó a ponerse pegatinas de un toro bravo: fuerte, agresivo.

En EEUU la cosa es todavía más exagerada. Allí existen los bumper stickers, donde los conductores pueden poner frases que los definan de algún modo.

Conozco a muchos catalanes que se quejan de que, al estacionar sus coches (con el CAT o el burro catalán) en cualquier lugar de España que no sea Cataluña, acostumbran luego a encontrarse el coche con algún desperfecto: roturas de lunas, sustracción del retrovisor, etc.

Se quejan porque confunden lo que son con lo que transmiten o perciben los otros. Muchos españoles odian a los catalanes, y más odiarán a quien haga pública su catalanidad mediante una pegatina en el coche. Así que la toman con el coche del catalán orgulloso de serlo.

En ausencia de cualquier rasgo humano visible, sacamos mucha información de las pegatinas de parachoques. Esto lo demostró un experimento realizado en 1969 en el California State Collage, un lugar marcado por los violentos encontronazos entre los Panteras Negras y la policía. En el juicio, quince individuos de distinta apariencia y tipo de coche pegaron un brillante adhesivo de los PANTERAS NEGRAS en el parachoques de atrás de su coche. Nadie del grupo había recibido multas de tráfico en el año anterior. Tras dos semanas con la pegatina, el grupo había recibido treinta y tres citaciones.

Ante esta tendencia inevitable de catalogar a la gente por sus rasgos distintivos o estereotipos, las personas continuamos defendiendo lo que somos mediante dichos rasgos distintivos: y cuanto más llamativos sean, cuanto más comuniquen al mundo lo que somos, mejor. Pero como el propio Tom Vanderbilt objeta a una mujer que se queja de que la hayan catalogado sin conocerla por una pegatina que lleva en su coche:

El primer asunto que llama la atención es la lucha por la identidad; a la narradora la subleva que otra persona haya definido su identidad; sin embargo, es posible que la narradora proteste demasiado: ¿cómo íbamos a saber lo que defiendes o crees que no tuvieras una pegatina en el parachoques de tu todoterreno? Y si te molesta que encasillen tu identidad, ¿por qué pegas un adhesivo encasillador en tu coche, para empezar?

La razón de que la gente exhiba señas de identidad que pueden comprometer su seguridad (algo que es de todo punto justo e legal, por supuesto) es que, por un lado, siente que no puede ser lo que es si no puede enseñarlo a los demás; y por otro lado, aunque sea a nivel inconsciente, está pidiendo guerra. Su pegatina es una provocación para otros, y el conductor es consciente de ello. El provocado no tiene derecho a entrar en la provocación, pero resulta inevitable que ocurra en algunos casos.

En el tráfico, así como en muchos contextos de la vida, las primeras impresiones suelen ser las únicas impresiones. Y tal vez ello debería hacernos cuestionar más profundamente si ser algo implica necesariamente decir que lo somos en la primera impresión.

¿Qué opináis vosotros?

Vía | Tráfico de Tom Vanderbil

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