Nueva Zelanda rescata al insecto más pesado del mundo: 15 años de trabajo para que el wētāpunga siga rivalizando con los ratones en una báscula

El estudio, publicado en el New Zealand Journal of Zoology, documenta el programa de cría en cautividad

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Redacción Xataka Ciencia

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El wētāpunga, un grillo gigante endémico de Nueva Zelanda que puede pesar tanto como un ratón, ha pasado de estar al borde de la extinción a figurar oficialmente como especie "nacionalmente en aumento". El programa que lo ha rescatado, desarrollado durante 15 años por el centro de fauna Butterfly Creek y el zoológico de Auckland, ha liberado más de 11.000 ejemplares en islas libres de depredadores y en algunas reservas en tierra firme.

Un gigante en apuros. El wētāpunga (Deinacrida heteracantha) es el mayor de los 70 tipos de wētā presentes en el archipiélago y está considerado el insecto adulto más pesado del mundo. Una hembra adulta puede alcanzar los 10 centímetros de largo y, con las patas extendidas, abarcar hasta 20 centímetros. El peso máximo confirmado para la especie es de 71 gramos, aunque la mayoría de los ejemplares se mueve entre los 9 y los 35 gramos, más que un gorrión común, un dato que documenta Predator Free New Zealand. Las larvas del escarabajo Goliat pueden superar los 100 gramos, pero entre insectos adultos el wētāpunga conserva por ahora el título.

Su nombre en maorí significa "dios de las cosas feas", y el linaje de los wētā lleva unos 190 millones de años sobre la Tierra, tanto como el del tuátara, otro fósil viviente neozelandés. El declive fue más reciente: depredadores introducidos, en especial ratas, y destrucción del bosque nativo redujeron sus poblaciones en la Isla Norte hasta que, en la década de 1990, se consideró extinto en estado silvestre en tierra firme.

La cría, a escala industrial. El plan de recuperación se articuló entre Butterfly Creek, que estableció las primeras técnicas de cría, y el zoológico de Auckland, que las refinó e "industrializó", en palabras del Departamento de Conservación. Las crías, denominadas ninfas, reciben una dieta de tres componentes: follaje fresco, hojarasca y proteína de copos de pescado. El investigador Chris Green, autor principal del estudio y asociado honorario de investigación del propio departamento, señaló a The Guardian que esa proteína es "crítica" para la supervivencia de las ninfas más jóvenes.

Una vez que los ejemplares crecen lo suficiente para protegerse de las amenazas del entorno, se trasladan a sus nuevos hábitats. Los destinos suman diez emplazamientos silvestres: islas libres de depredadores del Golfo de Hauraki y de la Bahía de las Islas y, más recientemente, reservas en tierra firme al norte de Auckland. El programa acumuló 45 traslados en 15 años, una cifra que Green calificó de "muy alta para cualquier proceso de recuperación de una especie".

Entre 2012 y 2026, el zoológico de Auckland crió y liberó por sí solo más de 8.000 wētāpunga, un balance que figura en su ficha de especie, y el total combinado con Butterfly Creek superó los 11.000 ejemplares, un volumen que Green describió como "extraordinario y sobresaliente".

El sistema de islas. La estrategia de usar islas como refugios no es casualidad. Nueva Zelanda lleva siete décadas erradicando depredadores de sus territorios insulares: logró la primera erradicación del mundo en 1960 y ya ha eliminado depredadores de dos tercios de sus islas costeras, según el propio Departamento de Conservación. Ese trabajo forma parte de Predator Free 2050, el plan nacional para eliminar a los tres depredadores mamíferos más dañinos antes de 2050. El wētāpunga sobrevivió en una única isla: Te Hauturu-o-Toi, también conocida como Little Barrier, la primera reserva natural del país desde 1895.

De ella salieron los ejemplares fundadores del programa de cría. Para Ngāti Manuhiri, el pueblo maorí guardián de la isla y de la especie, el wētāpunga es un taonga, un tesoro. El seguimiento en dos islas donde fueron liberados confirmó poblaciones autosuficientes, con cuatro y cinco generaciones nacidas en libertad, el indicador que determinó la mejora oficial del estado de conservación: de "nacionalmente en peligro" a "nacionalmente en aumento", la categoría asignada en 2022. "Es muy emocionante, porque no podemos decir eso de tantas otras de nuestras especies amenazadas", afirmó Green.

Un manual replicable. El estudio, publicado en el New Zealand Journal of Zoology, no se queda en el caso: documenta las técnicas de cría y los métodos de suelta, además de la persistencia de las poblaciones, para que otras instituciones puedan replicarlas. Green lo describió como "uno de los estudios de caso más completos de cría de conservación, traslado y recuperación de especies de invertebrados jamás emprendidos en Aotearoa Nueva Zelanda, quizás del mundo".

Fuera del archipiélago, el panorama es otro: una cuarta parte de los insectos del planeta se ha perdido en tres décadas, según un metaanálisis publicado en Science que Xataka recogió en 2020. Nueva Zelanda, con sus altas tasas de endemismo y su vulnerabilidad a los depredadores introducidos, ha convertido la recuperación de invertebrados en una especialidad. Green dijo no conocer otros programas de cría que operen a esta escala con resultados equivalentes, y su apuesta es explícita: "Si otras instituciones pueden llegar a esa posición, el beneficio para las especies amenazadas de Nueva Zelanda puede ser enorme".

Foto | Dinobass, CC BY-SA 4.0

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